Bukayo Saka sufrió muchísimo en el último tiempo. Niño maravilla, jugador estrella, un distinto que provocó suspiros en en las tribunas del Emirates Stadium. Sin embargo, las cosas no se daban. Era cuestión de perseverar, recibir la confianza necesaria del cuerpo técnico y finalmente romper la pared.
Saka rodó su propia película de felicidad este martes en UEFA Champions League, porque fue el autor del gol del triunfo de Arsenal contra Atlético Madrid, en un partido que se pudo ver por el Plan Premium de Disney+, y sirvió para que los Gunners se metan de lleno en la final por la conquista de la Orejona.
El delantero inglés apareció cerca del final del primer tiempo, cuando el encuentro estaba cerrado, y transformó una temporada difícil en una noche inolvidable.
Hay goles que valen mucho más que un resultado. No son solamente una pelota que entra. Son una respuesta. Una reparación. Una manera de cambiar el tono de una temporada entera. Bukayo Saka lo necesitaba. Arsenal también. Y el gol contra el Colchonero llegó justo en ese lugar donde las grandes historias suelen encontrar su sentido: cuando el partido pedía una figura y el año pedía una reivindicación.
Saka venía de una temporada incómoda. Digámoslo más claro: un año malo. No por falta de jerarquía, porque su lugar en el conjunto londinense está fuera de discusión, sino por la distancia entre lo que se espera de él y lo que había podido entregar durante buena parte del curso. En un Arsenal construido para competir por todo, el delantero inglés no aprovechaba sus chances Sus números eran correctos para muchos futbolistas, pero no para alguien como él.
Tarda en llegar, pero al final, hay recompensa.
El gol que cambió la semifinal
El partido contra Atlético Madrid estaba cerrado. Diego Simeone, ajedrecista elite, tenía el juego en el lugar que quería, hasta que lo disruptivo sucedió. El reloj se acercaba a los 45 minutos del primer tiempo y pasaba poco. Arsenal tenía la pelota, intentaba empujar, pero no encontraba el último pase.
Entonces surgió la jugada que rompió la monotonía. William Saliba vio el movimiento de Viktor Gyokeres y lanzó un pase profundo a espaldas de la defensa. El delantero de Arsenal picó al espacio, pero la salida larga de Jan Oblak lo obligó a abrirse. La jugada parecía perder peligro, aunque Gyokeres logró sacar el centro hacia el área.
Allí recibió Leandro Trossard. El belga controló, acomodó el cuerpo y probó con un remate potente. Oblak respondió abajo con una buena atajada, pero dejó un rebote corto. Y Saka, oportunista, apareció para empujar la pelota y marcar el 1-0.
Fue el gol que rompió la paridad en el partido. Y también en la serie. Fue el gol que empujó a Arsenal hacia la final de la Champions y también la conquista que cambió la lectura sobre la temporada de Saka.
Una temporada por debajo de su verdadero nivel
Los números de Bukayo Saka antes de esa noche explicaban parte del debate. El delantero había marcado 11 goles en 46 partidos entre todas las competencias: 7 en 29 encuentros de Premier League, 3 en 10 de Champions League, 1 en 5 de Copa de la Liga y ninguno en FA Cup.
Para cualquier jugador, esa producción podía sostenerse como aceptable. Para Saka, no alcanzaba. Porque el inglés ya no es una promesa, ni un extremo joven que vive del potencial. Con 24 años, es uno de los futbolistas más importantes de Arsenal, una de las caras del proyecto de Arteta y uno de los jugadores llamados a definir partidos grandes.
Arteta lo bancó cuando más lo necesitaba
Mikel Arteta nunca dudó públicamente de Saka. Incluso en medio de sus dificultades, el entrenador sostuvo la confianza en uno de sus futbolistas más importantes. En la previa de los cuartos de final de la FA Cup, al entrenador español le preguntaron por el nivel del extremo y por la posibilidad de que recuperara su mejor versión en el tramo decisivo de la temporada. No dudó a la hora de bancar a su jugador.
"Estoy seguro que lo hará", respondió el entrenador. Y luego explicó la idea que le había transmitido al propio Saka: "Al final, todos van a recordar lo que hagamos en la última parte de la temporada y en este empujón final de ocho semanas, lo que vamos a entregar individualmente. Ahí es donde ahora podemos impactar".
La frase terminó funcionando como una profecía. Una antesala de lo ocurrido este martes en el Emirates Stadium. Lo hecho en octubre o noviembre ya no importaba tanto. Lo que podía definir el año era el presente. El cierre. La capacidad de aparecer cuando el margen de error se achicaba y los partidos se volvían más grandes.
Saka apareció exactamente ahí.
El gol más importante de Saka en el año
El valor de un gol no siempre se mide por la dificultad técnica de la definición. Porque su gol no fue lindo, pero fue fundamental por el contexto. Por el rival. Por la instancia. Por lo que significa para el equipo y para él.
El fútbol es emocional y tiene idas y vueltas. De todo tipo. Saka pasó de villano a héroe. Podía haber quedado atado a la frustración de una temporada irregular. Podía haber sentido el peso de las críticas, de las comparaciones con su mejor versión, de la exigencia permanente que rodea a los futbolistas llamados a ser emblemas. Pero siguió buscando. Y en río revuelto... ganancia de pescador.
De la crítica a la reivindicación
Saka no borró todas sus dificultades con un solo gol, pero sí cambió el eje de la conversación. Después de una temporada irregular, apareció en una semifinal de Champions League para darle a Arsenal la chance de competir por el título.
Eso modifica el escenario. Saka, ahora, cambia su mentalidad. Arsenal vuelve a confiar en él. Con la final de la Champions a disputarse el 30 de mayo en el Puskas Arena de Hungría, su apellido vuelve a ser ilustre. Y con la Copa del Mundo 2026 a pocos metros de distancia, qué mejor momento para volver a creer. Como lo hizo Arteta con él.
Como lo hizo él, de nuevo, con el fútbol.
