Ángel Di María prometió volver y cumplió. El Fideo regresó a Rosario Central, el club que lo vio nacer futbolísticamente, para reencontrarse con su gente, con sus raíces y con una pasión intacta: jugar a la pelota. Con la gloria ya conquistada, ahora va por más títulos con el Canalla.
Angelito siempre supo que su historia con Rosario Central no estaba terminada. Desde el primer día que se fue, el regreso fue una certeza íntima, una promesa silenciosa que hoy es realidad. Años después de haber conquistado el mundo, el Fideo volvió al club donde dio sus primeros pasos y donde aprendió los valores que marcaron toda su carrera.
“Lo único que me hacía feliz era la pelota”, recordó en una entrevista a la cuenta oficial del club, al repasar su infancia, atravesada por el esfuerzo familiar y el sacrificio cotidiano. Central fue el escenario donde empezó a soñar en grande, donde los viajes, las concentraciones y el vestuario construyeron recuerdos imborrables. Pero también fue el club que, en un momento crítico, tuvo que venderlo para salir adelante. Portugal apareció en el horizonte y el desarraigo fue el primer gran desafío de su carrera.
Hoy, ya de regreso en Arroyito, Di María vive Central como siempre lo hizo: con sentimiento de hincha. Miró cada partido a la distancia, sufrió, celebró y soñó con volver a pisar el Gigante. Y cuando lo hizo, no fue para una despedida simbólica, sino para competir, ganar y seguir escribiendo historia.
“Siempre miré los partidos, siempre al pie del cañón, como cualquier hincha. Desde el primer día que me fui supe que iba a volver”. Y ese regreso tuvo una noche inolvidable ante Newells con un golazo de tiro libre: “Era imposible soñar un clásico tan perfecto. Quería sacarme la espina de ganarlo y, con el gol y nuestra gente, fue más que un sueño. Lo viví con mi familia, fue la sensación más linda”.
Di María decidió volver sin ceder a las tentaciones de mercados con mucho dinero sobre la mesa.
“La gloria no tiene precio y por eso volví”, aseguró. Lejos de conformarse con lo logrado, el Fideo quiere más. Quiere títulos, quiere seguir creciendo y quiere hacerlo en el lugar que siente como su casa. Con la camiseta azul y amarilla, Ángel Di María volvió a ser feliz. Y Central, también.
Por último, definió al hincha canalla con una sonrisa: “Está loco de verdad. Jugar acá es estar en el loquero más lindo del mundo. Cuando la gente ve el Gigante y lo que es, queda impactada”.
La Selección y una mochila pesada que fue liberada
“En los Juegos Olímpicos ya conocía a todos y eso hizo más fácil la adaptación. El orgullo más grande fue vestir esa camiseta”. Pero el camino no estuvo exento de frustraciones. “Había una sensación dura, porque jugadores como Mascherano o Gago no habían podido lograr lo que después conseguimos. Veníamos con esa mochila y cada derrota sumaba más peso”.
Uno de los momentos más complejos fue cuando dejó de ser convocado por Lionel Scaloni. “Cuando no me citaron, fue mi mujer la que me dijo: ‘si no salís a hablar, no te van a llamar’. Venía de un año espectacular en París y no estaba en la lista. Era muy duro, pero siempre intenté seguir, pelear y creer que a la vuelta de la esquina había revancha”.
El camino no fue sencillo. Europa exigió adaptación, paciencia y carácter. Y la Selección argentina, durante años, cargó con una mochila pesada de finales perdidas y frustraciones acumuladas. “Cada derrota sumaba peso”, admitió. Sin embargo, la perseverancia terminó rompiendo la pared: la Copa América, la Finalissima y el Mundial le dieron sentido a una trayectoria marcada por la resiliencia.
