Boca recibirá a Argentinos Juniors el próximo domingo por los cuartos de final del Torneo Clausura 2025 y tendrá una nueva oportunidad para reafirmar su gran momento, que lo pone como el máximo aspirante al título.
Después del golpazo por la eliminación ante Alianza Lima en Libertadores, la caída en el primer Superclásico del año y un Apertura irregular, Miguel Ángel Russo y Claudio Ubeda consiguieron ir dándole orden y firmeza a un equipo golpeado, que ahora comenzó a brillar y parece tener el techo bastante lejos.
La llegada de Leandro Paredes fue un punto de inflexión en diferentes aspectos para Boca. En lo futbolístico, desde ya. El volante es sin dudas el eje de la creación, pero también es determinante en lo defensivo y en la pelota parada, además de elevar el nivel de quienes lo rodean.
El mediocampista campeón del mundo también reavivó las esperanzas de los hinchas, que estaban algo desanimados con las últimas actuaciones del plantel y se vieron representados por un hombre que alguna vez supo ser un chico surgido del club.
Otro aspecto que le da solidez a Boca y lo transforma en un candidato al campeonato es la buena comunión que parece haber entre los jugadores y el Cuerpo Técnico. El fallecimiento de Russo, más allá de la enorme tristeza que generó, también pudo haber traído algún tipo de incertidumbre o falta de liderazgo, pero lejos estuvo de suceder. Cada vez que tienen la chance, los referentes bancan a Ubeda.
La jerarquía también pesa a la hora de ubicar al Xeneize como favorito. El plantel está repleto de figuras y muchas de ellas están en levantada. Miguel Merentiel dejó atrás su sequía goleadora, Exequiel Zeballos volvió a ser uno de los jugadores más desequilibrantes del fútbol argentino, Ayrton Costa es para muchos el mejor central del torneo, Ander Herrera ingresa y da soluciones, Milton Delgado brilla después del Mundial Sub 20 y la lista es larga. Paredes es el mejor de Boca, pero Boca no depende solo de él.
Las dos últimas razones son emocionales. Por un lado, el mal momento de River. Como en todo Clásico, el presente del rival puede influir y se sabe que cuando uno está mal el otro puede jugar más relajado. Coincidencia o no, pero en Boca sucede. Por otro lado, en la Bombonera se siente, sin decirse, que se juega por Russo. Un título sería un mimo al corazón boquense, que está herido, pero ilusionado.
