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River no encuentra el gol: siete partidos que encendieron las alarmas de Gallardo

River atraviesa el momento más preocupante del segundo ciclo de Marcelo Gallardo: una sequía goleadora que ya dejó de ser un dato aislado para transformarse en un síntoma profundo. El equipo suma 382 minutos sin convertir y acumula 620 minutos sin goles de delanteros, una marca que expone con crudeza la desconexión ofensiva que se instaló en Núñez.

El último grito de un atacante fue de Miguel Borja, en el 2-1 ante Rosario Central. Desde entonces, River ingresó en un túnel del que no logra salir. Pasó en blanco ante Sarmiento, cayó con Talleres y empató sin goles frente a Independiente Rivadavia y Vélez. En el medio, sumó derrotas traumáticas: perdió en casa contra Gimnasia y fue superado por Boca. Siete partidos que cuentan una historia: River juega, intenta, pero no lastima.

El problema no es solo numérico. La sequía revela un funcionamiento ofensivo que se vino abajo. El equipo muestra poca movilidad, escasa sorpresa y una alarmante falta de peso en los últimos metros. Los delanteros aparecen aislados, desconectados del mediocampo, y los mediocampistas dejaron de pisar el área con convicción. Borja, no vive su mejor momento como Millonario, Maxi Salas que era el goleador quedó atrapado en el desierto creativo.

A esto se suma un bajón físico evidente. River es un equipo previsible, que ya no rompe líneas ni ataca con la agresividad que lo caracterizaba. Las transiciones ofensivas se volvieron pesadas y el equipo juega demasiado lejos del arco rival, lo que facilita el trabajo de cualquier defensa ordenada. Incluso en los partidos donde controla el trámite, River se vuelve inocuo: domina el balón, pero no el peligro.

La comparación histórica tampoco ayuda. Esta racha se acerca a las peores del ciclo Gallardo y remite a momentos de quiebre donde River ya mostraba signos de desgaste. La diferencia es que aquel equipo encontraba soluciones; este, por ahora, no. La sequía no parece producto del azar, sino la consecuencia de un modelo de ataque que perdió vigor, variantes y contundencia.

Hoy River necesita un gol más que nunca. No solo para sumar puntos, sino para recuperar confianza, ritmo y sentido colectivo. Porque más allá de los sistemas tácticos, los picos de rendimiento o las estrategias rivales, hay algo evidente: sin gol, River dejó de ser River. Ante Racing en Avellaneda tiene una gran oportunidad de volver a ser lo que fue.