Los Angeles Dodgers y el final de su dinastía

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¿Es un fracaso lo sucedido con Dodgers? (4:55)

El conjunto californiano fue barrido en la Serie de Campeonato por Milwaukee y ahora está obligado a realizar una profunda revisión de su modelo.

Hace unos días escuchaba a un periodista deportivo estadounidense hacer una comparación que me pareció curiosa. Según planteaba, el intento de Los Angeles Dodgers de conquistar su tercera Serie Mundial consecutiva se parecía mucho a The Godfather III (“El Padrino 3”), la película de 1990 en la que reconocíamos muchos nombres, pero cuya fórmula ya no tenía la misma fuerza que hizo tan populares a las dos entregas anteriores.

Lo que los Dodgers han hecho durante los últimos 10 años en MLB es único y probablemente difícil de describir. Han dominado en prácticamente todos los aspectos del juego y, en el proceso, se han convertido en el nuevo “Imperio del Mal”; un equipo al que todos quieren vencer y que los fanáticos aman u odian, sin términos medios. Sin embargo, en medio de tanta grandeza, muchos pasaron por alto las grietas que comenzaban a aparecer.

2026 fue el año en que los Dodgers terminaron aplastados por el peso de su propio éxito. Por eso, para muchos de sus fanáticos y para quienes los señalaban como los grandes favoritos para conquistar un tercer título consecutivo, la barrida ante los Milwaukee Brewers todavía parece irreal.

Los Dodgers llegaban de una temporada en la que fueron el equipo de mayor edad promedio en MLB, con 30.9 años. Durante la Serie de Campeonato, apenas tuvieron a dos jugadores menores de 30 años, mientras que Milwaukee contó con un solo pelotero por encima de esa edad. La diferencia generacional no es un simple dato al margen, fue uno que hizo diferencia y se notó en el terreno.

Aunque los marcadores finales fueron relativamente cerrados, la serie nunca transmitió la sensación de que estuviéramos ante un enfrentamiento particularmente competitivo. Los Brewers parecían tener una respuesta para cada movimiento de los Dodgers, hasta el punto de que, por momentos, daba la impresión de que estaban jugando con los bicampeones.

La serie se sintió como una pelea entre un boxeador experimentado, que lo ha ganado todo y cuyo nombre impone respeto, y un púgil joven, lleno de energía, con hambre de demostrar que pertenece a la élite. Cuando ambos se encontraron frente a frente, el veterano se vio superado una y otra vez, hasta terminar tendido sobre la lona, mirando las luces del techo después de recibir el golpe de nocaut.

El dominio de Milwaukee fue tal que inevitablemente nos hizo recordar la caída de otras grandes dinastías deportivas, como la de los New England Patriots en la NFL y la de los Golden State Warriors en la NBA. En ambos casos, llegó un momento en que los equipos que habían marcado una época fueron desplazados por rivales con más hambre, energía y capacidad para tomar el control. La historia terminó alcanzando a quienes parecían destinados a prolongar su dominio.

A Los Ángeles les corresponde revisar su modelo de éxito

Esto no significa que los Dodgers hayan construido un modelo equivocado. Al contrario, es preferible que una organización se lo juegue todo y persiga la historia antes que conformarse con competir sin aspiraciones de grandeza. Pero también hay una realidad que no se puede ignorar: las dinastías terminan, y rara vez lo hacen sin que aparezcan señales de desgaste.

En el caso de los Dodgers, cuesta imaginar un desenlace más simbólico. Estamos ante un equipo veterano, castigado por las lesiones y que, en el momento decisivo, pareció quedarse sin combustible. El talento y la experiencia que durante años fueron sus grandes fortalezas ya no bastaron para compensar sus limitaciones.

Ahora llega el momento de revisar el camino recorrido. Los Dodgers son reconocidos por su capacidad para invertir en peloteros de primer nivel y, al mismo tiempo, desarrollar talento desde su sistema de ligas menores. Pocas organizaciones han logrado combinar ambas estrategias con tanto éxito. Precisamente por eso, la eliminación debe servir como un punto de inflexión: no para desechar todo lo construido, sino para identificar qué ha dejado de funcionar y qué cambios son necesarios para volver a competir por el dominio de MLB.

Mientras tanto, Milwaukee representa la otra cara de la moneda. Es un equipo joven, con hambre, talento en prácticamente todas sus áreas y más prospectos en camino a las Grandes Ligas. Los Brewers no solo fueron mejores durante esta serie; también dejaron la impresión de que todavía no hemos visto su mejor versión, pero sí una que es lo suficientemente fuerte como para derrotar al primer bicampeón en MLB en más de dos décadas.

Los Dodgers, por su parte, ya no pueden confiar únicamente en que el nombre, el dinero y la experiencia les permitirán seguir imponiéndose. La dinastía que construyeron les ha dado resultados extraordinarios, pero el pasado no garantiza el futuro. No se trata de abandonar un modelo que los llevó a la cima, sino de reconocer que hasta las fórmulas más exitosas pueden agotarse y necesitan evolucionar para mantenerse vigentes. La clave estará en identificar qué piezas deben cambiar y qué aspectos de su estructura todavía pueden sostener el próximo ciclo de éxito.

Si quieren volver a la cima, los Dodgers necesitan renovarse y después de lo ocurrido ante Milwaukee, esa renovación no se puede hacer esperar.