Sammy Sosa: La cara dominicana en el deporte luego de la tragedia del 11 de septiembre

El dominicano protagonizó uno de los momentos deportivos más significativos durante los días posteriores a los ataques contra el World Trade Center y Washington.

Este artículo fue originalmente publicado el 11 de septiembre del 2021.

El 11 de septiembre de 2001 fue un día que cambió por completo el mundo en que vivimos. Los ataques terroristas contra el World Trade Center y Washington, D.C., transformaron la vida de Estados Unidos. El país quedó paralizado durante varios días y ninguna actividad que implicara grandes aglomeraciones de personas estaba permitida. Las historias de aquella tragedia, dos décadas y media después, todavía impactan.

Cuando se dice que “Nueva York es la capital del mundo”, se hace referencia, entre otras cosas, al gran encuentro de culturas que existe en la ciudad. Esto es especialmente cierto para la República Dominicana, que tiene en Nueva York una de sus mayores comunidades fuera del territorio nacional. Más de un millón de dominicanos viven en ese estado, por lo que el ataque contra el World Trade Center fue una tragedia que se sintió muy cerca de casa.

Entre las historias que surgieron durante los días posteriores a la catástrofe, cuando el pueblo estadounidense comenzó el proceso de intentar volver a la normalidad, el deporte desempeñó un papel esencial en la recuperación emocional del país. Una de las escenas más recordadas es el cuadrangular de Mike Piazza como miembro de los New York Mets el 21 de septiembre de 2001, pero hubo otro momento que tuvo un significado especial para otra parte del país.

El 27 de septiembre de 2001, durante el primer partido de los Chicago Cubs en Wrigley Field después de la tragedia, Sammy Sosa se encargó de representar los vínculos entre los dominicanos y Estados Unidos. El primer gran momento de Sosa en aquel encuentro contra los Houston Astros llegó antes incluso del primer lanzamiento. El dominicano salió corriendo del dugout de los Cubs hacia los jardines con una bandera estadounidense en las manos, provocando una enorme ovación entre los aficionados presentes en el estadio.

El segundo momento llegó cuando Sosa, uno de los jugadores más populares e importantes de MLB en aquel momento, conectó el primer jonrón de los Cubs desde la tragedia. La reacción del público fue nuevamente eufórica y alcanzó otro nivel cuando el dominicano tomó una bandera estadounidense y comenzó a recorrer las bases con ella en sus manos.

Sammy Sosa fue el rostro dominicano del deporte estadounidense en uno de los momentos en que el béisbol, más que un espectáculo, se convirtió en una herramienta para comenzar a sanar las heridas de una nación golpeada por la tragedia.

Hoy, a 25 años de aquella tragedia que marcó a Estados Unidos y al mundo, recordamos a las víctimas, a sus familiares y a los valientes hombres y mujeres que pusieron sus cuerpos e incluso sus propias vidas en riesgo para rescatar personas o simplemente ayudar a quienes lo necesitaban.

Tras aquel momento trágico, el deporte ayudó a comenzar a sanar las heridas y, un cuarto de siglo después, continúa uniendo no solo a personas, sino también a países que, a pesar de sus distintas idiosincrasias y culturas, encuentran en esos vínculos una razón para sentirse hermanos. Sosa, en aquel entonces, representó precisamente ese vínculo y dejó una muestra clara de que, en los peores momentos de la humanidad, los países hermanos no se quedan solos.