Detrás de escena: Por qué los Tigers eligieron a los Dodgers como destino de Skubal

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¿Hay crisis en los Dodgers? (2:32)

El sábado por la tarde, Detroit solicitó las ofertas finales por el mejor lanzador de este deporte. Así es como un equipo se perfiló como el candidato ideal.


LAS LLAMADAS se realizaron el sábado 1 de agosto cpor la tarde, antes de lo previsto. Los Detroit Tigers estaban listos para traspasar al mejor lanzador del mundo y necesitaban recibir las ofertas definitivas de los equipos que aún participaban en la mayor puja del verano en el béisbol.

Detroit desconocía exactamente qué estaban dispuestos a ceder los equipos interesados a cambio de Tarik Skubal, el zurdo de 29 años ganador de premios Cy Young consecutivos en la Liga Americana. Sin embargo, tras sondear el mercado durante las 24 horas anteriores, los Tigers percibieron que varios equipos estaban dispuestos a cumplir con sus exigencias. En lugar de esperar hasta el lunes a las 6:00 p. m. (hora del este) -fecha límite para evaluar ofertas, enfrentar a los equipos entre sí y generar una guerra de pujas-, decidieron actuar de inmediato.

Horas antes, había trascendido en las oficinas de los clubes que los Seattle Mariners estaban abiertos a escuchar ofertas por el lanzador derecho George Kirby; su rendimiento palidecía en comparación con el de Skubal, pero Kirby no llegaría a la agencia libre hasta después de la temporada 2028. Skubal, en cambio, se convertiría en agente libre al finalizar la temporada actual. Los Tigers sabían que estaban en posición de obtener una gran cantidad de talento a cambio de lo que equivalía a diez aperturas de Skubal en temporada regular y -en el mejor de los casos- cinco más en la postemporada. Temían que, si esperaban demasiado, sus mejores opciones optaran por un lanzador como Kirby, quien ofrecía varios años de control contractual, lo que potencialmente habría hecho colapsar el mercado por Skubal.

Tales temores, según conversaciones con más de una docena de personas directamente involucradas en las negociaciones sobre Skubal, estaban bien fundados. Los equipos se mostraban reticentes a apostar todo el periodo de traspasos a la posibilidad de adquirir a Skubal, por miedo a quedarse con las manos vacías al llegar la hora límite de las 6:01 p. m.

Las negociaciones ya estaban generando incomodidad entre los equipos participantes. De todos los mercados del béisbol -agencia libre, traspasos fuera de temporada, draft, agencia libre internacional-, ninguno está tan inflado como el de la fecha límite de traspasos. Los equipos que buscan reforzarse lo hacen sabiendo que sus modelos analíticos los tildarán de insensatos por siquiera considerar acuerdos con un valor esperado tan negativo. La perspectiva de incorporar al as más destacado de este deporte calmó las inquietudes lo suficiente como para ir más allá de las limitaciones habituales, pero no tanto como para desestabilizar a los equipos disciplinados. Independientemente del impacto potencial de Skubal en la lucha por el título o en una posible carrera hacia la Serie Mundial, según fuentes consultadas, ningún equipo involucrado en las negociaciones estaba dispuesto a modificar significativamente la oferta presentada durante las etapas iniciales de las conversaciones.

Así que, cuando Scott Harris, presidente de operaciones de béisbol de los Tigers, hizo las llamadas el sábado por la tarde para informar a los interesados sobre los plazos de Detroit, estos entendieron lo que les esperaba. Básicamente, la adquisición de Skubal se decidiría mediante una puja a ciegas. Algunos equipos presentaron varias propuestas para no encasillarse, mientras que otros lanzaron sus mejores cartas y cruzaron los dedos.

Al final, que Los Angeles Dodgers resultaran ganadores no sorprendió a nadie. Es lo que hacen. Es su esencia. Y aunque, en teoría, los Dodgers rechacen la idea de realizar grandes traspasos en la fecha límite, se han convertido en los mayores expertos en esta práctica -desde Yu Darvish y Manny Machado hasta Max Scherzer y Trea Turner-, ya que sus abundantes recursos les permiten operar en un terreno de rentabilidad negativa sin sufrir consecuencias graves. A pesar del talento en ligas menores que poseen los Milwaukee Brewers y los Tampa Bay Rays, y del gran interés de los Atlanta Braves, los New York Yankees y los Chicago Cubs por pagar un sobreprecio por Skubal, ningún equipo igualó la combinación de talento atractivo para Detroit y la disposición a invertirlo que mostraron los Dodgers.

Y así fueron los Dodgers, una vez más, tal como ocurrió con Kyle Tucker, Roki Sasaki, Tanner Scott, Yoshinobu Yamamoto y Shohei Ohtani. Fueron los Dodgers, de nuevo, recordando a los otros 29 equipos que Los Ángeles no se quedará de brazos cruzados cuando esté disponible uno de los grandes talentos del deporte.

El rechazo hacia los Dodgers -por los salarios diferidos, el dinero protegido del reparto de ingresos gracias a un lucrativo contrato televisivo y el dominio absoluto que ejercen sobre el juego- parece haber alcanzado siempre su punto máximo. Sin embargo, cuando incorporan a otra estrella, las quejas resurgen, a pesar de que actúan siempre dentro de los parámetros del convenio colectivo.

Más allá del duro golpe que esto supone para quienes afirman que los Dodgers están arruinando el béisbol, y al margen de las teorías conspirativas que puedan surgir en torno al acuerdo, se trató, sencillamente, de un intercambio deportivo cuya gestación llevó meses.


DURANTE LOS últimos dos meses, los Tigers habían esperado evitar que llegara el sábado. No solo habían retenido a Skubal durante la temporada baja -cuando muchos pensaban que lo traspasarían porque el propietario Chris Ilitch no tenía ninguna intención de garantizarle los más de $400 millones que se espera que obtenga en la agencia libre-, sino que también incorporaron al agente libre Framber Valdez y ascendieron a su mejor prospecto, Kevin McGonigle, a la plantilla del Día Inaugural. Comenzaron la temporada como grandes favoritos en la mediocre División Central de la Liga Americana.

Luego, el 7 de mayo, Skubal se sometió a una cirugía para extraer fragmentos óseos de su codo, en medio de una racha de 6 victorias y 22 derrotas de los Tigers que supuso uno de los peores meses en la historia de la franquicia. Aquello generó un déficit del que el equipo nunca logró recuperarse por completo. No importó que, en los partidos disputados fuera del mes de mayo, los Tigers registraran el mejor récord de la Liga Americana y el mejor diferencial de carreras de todas las Grandes Ligas; mayo ocurrió y selló su destino.

Aun así, los Tigers no se decidieron a traspasar a Skubal hasta el 29 de julio, cinco días antes de la fecha límite, cuando desperdiciaron una ventaja de 7-0 en la última apertura del lanzador y perdieron en 12 entradas ante los Baltimore Orioles, dejando a Detroit con un balance de 51 victorias y 58 derrotas. En ese momento, la directiva evaluó la posibilidad no solo de retener a Skubal hasta el final de la temporada, sino de reforzar el equipo a su alrededor. La posición de los Tigers en la clasificación hizo que la respuesta fuera un "no" rotundo, especialmente cuando traspasar a Skubal y a otros jugadores reportaría al menos $100 millones en valor excedente y, probablemente, aún más.

Ya habían comenzado a prepararse semanas antes para ambos escenarios, discutiendo prioridades, posibles equipos interesados y estrategias. Cuando llegó el momento de negociar un acuerdo por Skubal, Harris sabía exactamente a quién quería y no tenía intención de hacer perder el tiempo a nadie si no se sentían cómodos con sus exigencias.

Para que los Rays entraran en la puja, necesitaban incluir a su mejor prospecto, el jardinero Theo Gillen, una auténtica ganga de primera ronda seleccionada en el puesto número 18 del draft de 2024, una edición que podría rivalizar con la de 2005 como la mejor del siglo. Tampa Bay, cuya filosofía operativa exige contar con talento formado en casa bajo contratos económicos, se negó a poner a Gillen a disposición del traspaso. Dado que sus prospectos número dos y tres (los receptores Caden Bodine y Nathan Flewelling) comparten posición con Dillon Dingler -de Detroit y considerado el mejor receptor del béisbol-, las posibilidades de los Rays de hacerse con Skubal se esfumaron antes siquiera de empezar.

Los Yankees participaron en las conversaciones, aunque su reticencia a desprenderse del campocorto George Lombard Jr. los puso en desventaja. Los Braves no contaban con un prospecto destacado de la talla de Gillen o Lombard, pero poseían suficientes lanzadores abridores jóvenes como para, al menos, lograr abrirse camino en la negociación. Los Cubs necesitaban desesperadamente lanzadores abridores, pero se dieron cuenta rápidamente de que carecían de lo que Detroit buscaba a cambio.

Y eso no implicaba necesariamente un lanzador abridor listo para las Grandes Ligas y un bateador a punto de dar el salto a la élite. Contrariamente a lo que se sugería, los Tigers no exigían piezas para posiciones específicas. Buscaban talento de cualquier tipo y variedad, lo que llevó a que dos equipos se desmarcaran del resto.

Para Milwaukee, la oportunidad de unir a Skubal con Jacob Misiorowski -el mejor lanzador de las ligas menores esta temporada- y plantear un verdadero desafío a los Dodgers dinamizó su actividad en la fecha límite de traspasos. La directiva había construido un equipo formidable -tres títulos de división consecutivos y siete clasificaciones a los playoffs en ocho años- pese a tener una de las nóminas más bajas del béisbol. Los Dodgers manejan una nómina salarial de $339 millones y afrontan una factura de casi $180 millones por el impuesto de lujo; en cambio, el equipo completo de los Brewers cobra $144 millones.

Los Brewers comunicaron de inmediato a Detroit que no incluirían al campocorto de 19 años Jesús Made -el prospecto número uno del béisbol-, pero su profundidad en las ligas menores iba mucho más allá. Antes de la fecha límite, la lista de los 100 mejores prospectos de Kiley McDaniel, analista de ESPN, incluía a siete jugadores de los Brewers; dos ejecutivos de la Liga Americana confirmaron que sus listas internas también contabilizaban siete. En consecuencia, la lista de jugadores intransferibles de Milwaukee iba más allá de Made. No estaban dispuestos a traspasar al campocorto Cooper Pratt ni al jardinero Luis Lara, ambos firmantes de contratos a largo plazo antes de debutar en las Grandes Ligas. El lanzador derecho Logan Henderson, bajo control del club por cinco años más, también estaba fuera de los planes de traspaso.

En la sala de operaciones de los Brewers convivían partidarios de ir a por todas, defensores de mantener el rumbo actual y posturas intermedias, repitiendo ad infinitum el mismo y angustioso monólogo interno: "Tenemos que intentarlo... pero ¿y si no funciona?". ¿Qué pasaría si, al igual que tras la muy publicitada adquisición del as zurdo CC Sabathia en 2008, todo termina igual: con un colapso en la primera ronda de los playoffs?

El otro equipo al acecho era, por supuesto, los Dodgers. A pesar de elegir en los últimos puestos de la primera ronda cada año, Los Ángeles ha logrado construir un sistema de ligas menores que rivaliza con los de Milwaukee y Tampa Bay como uno de los mejores del béisbol. Lo consiguieron mediante fichajes internacionales. (Los Ángeles dejó claro que no traspasaría a su prospecto número 1: Josue De Paula, un jardinero de 21 años nacido en Brooklyn y fichado a los 16 años en la República Dominicana). Lo lograron a través de intercambios. (El jardinero Mike Sirota llegó a la organización en una operación que involucró a Gavin Lux, jugador que los propios Dodgers habían seleccionado en el draft y desarrollado). Y lo hicieron mediante el draft. (Su primera elección del año pasado, el lanzador zurdo Zach Root, ya compite en el nivel Doble-A).

Aunque los Tigers no necesitaban necesariamente un paquete equilibrado, preferían uno. Y de todos los equipos, Los Ángeles era el que mejor podía satisfacer ese deseo. Los Dodgers contaban con nueve jardineros en ligas menores que habrían figurado entre los dos o tres mejores de su posición en cualquier otra organización. Tenían lanzadores listos para las Grandes Ligas (el derecho de 28 años River Ryan, de potente recta, y el derecho de 26 años Emmet Sheehan) y otro con potencial de as (Christian Zazueta, de 21 años, adquirido en un canje con los Yankees por Caleb Ferguson). Los Dodgers disponían de abundantes opciones para el cuadro interior: el campocorto Emil Morales, el jugador de cuadro medio Kellon Lindsey y el tercera base Chase Harlan.

Todas estas combinaciones y posibilidades generaron un consenso casi unánime entre las demás directivas de que los Dodgers acabarían haciéndose con Skubal. Y es que, más allá del talento, cualquier reticencia ante traspasos de valor negativo quedaba claramente eclipsada por su objetivo de convertirse en el primer equipo de la Liga Nacional en ganar tres Series Mundiales consecutivas.

Para los Tigers, nada de eso importaba. Ya era bastante difícil resignarse a traspasar a Skubal. Podía irse a Los Ángeles o a Milwaukee; por ellos, podía irse a ganar su anillo a Saturno. Simplemente querían rescatar algo positivo de su aciago 2026. Y cuando empezaron a llegar las ofertas al caer la tarde, supieron que encontrarían algún aspecto favorable.

La oferta de los Dodgers incluía a Ryan, al jardinero Zyhir Hope y al lanzador derecho de nivel High-A Brady Smith. La de Milwaukee, encabezada por el campocorto de 19 años Luis Peña -considerado en la mayoría de las listas públicas como uno de los 20 mejores prospectos del béisbol-, incluía también a otros dos jugadores. Al atardecer, Harris se reunió con Ilitch, el gerente general Jeff Greenberg y el resto del equipo directivo para analizar los méritos de cada oferta.

Los Tigers llegaron a un acuerdo unos 10 minutos antes del inicio del partido en el nivel Doble-A en Tulsa, donde estaba previsto que jugara Hope -quien, al igual que Ryan, era considerado por algunos como uno de los 50 mejores prospectos del béisbol y por otros como alguien más cercano a los últimos puestos de las listas de los 100 mejores-. Harris llamó a Andrew Friedman, el presidente de operaciones de béisbol de los Dodgers, y le comunicó que habían llegado a un acuerdo. Solo necesitaba una cosa: que Friedman llamara por teléfono y sacara a Hope de la alineación de Tulsa. Estaba a punto de convertirse en un Tiger.


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7:03
Los Angeles Dodgers: ¿Culpables o inocentes del posible cierre patronal del beisbol?

CUANDO TULSA anunció que Hope había sido retirado de la alineación, se encendieron las alarmas en el mundo del béisbol. Quizás había sufrido una molestia física. Tal vez se sentía indispuesto. Podía formar parte de un traspaso, pero ni siquiera eso garantizaba que fuera a cambio de Skubal. En realidad, todo eran meras especulaciones en torno a una verdad cada vez más evidente -que se confirmó cuando Tulsa no ofreció ninguna explicación sobre la ausencia de Hope-: los Dodgers, que ya contaban con una rotación repleta de talento, estaban a punto de hacerse con el primer ganador consecutivo del premio Cy Young en ser traspasado desde Roger Clemens en 1999.

Los Tigers y los Dodgers intercambiaron historiales médicos y pusieron a trabajar a sus respectivos equipos médicos. Durante casi tres horas, examinaron minuciosamente documentos e imágenes diagnósticas. El brazo de Skubal ya le resultaba familiar al médico de los Dodgers, Neal ElAttrache, quien en mayo había utilizado la nueva tecnología NanoScope para limpiar la articulación del codo del lanzador y reducir a la mitad el tiempo habitual de recuperación para volver al terreno de juego. Skubal abandonó el banquillo de los Tigers junto a sus compañeros en pleno partido en Sacramento. Ya en el vestuario, recibió la noticia de que había superado las pruebas médicas y que pasaría a formar parte de los Dodgers. Los otros jugadores implicados fueron informados casi al mismo tiempo y, a las 11:31 p. m. (hora del este), la noticia se hizo pública.

Fuera del área metropolitana de Los Ángeles, la reacción fue de total indignación. ¿Por qué los Dodgers? ¿Por qué siempre los Dodgers? ¿Y era realmente todo lo que tuvieron que ceder para conseguir al mejor lanzador del deporte? ¿Un "prospecto" de 28 años?

Ryan, un jugador de cuadro medio que hizo sus pinitos como lanzador en la universidad de UNC-Pembroke (División II), fue seleccionado en la undécima ronda del draft tras su último año universitario por los San Diego Padres; con ellos jugó una docena de partidos como campocorto en la Arizona Complex League. La primavera siguiente, antes de haber realizado un solo lanzamiento profesional, San Diego traspasó a Ryan a los Dodgers a cambio de Matt Beaty, quien bateó para .093 con los Padres antes de que estos prescindieran de él en septiembre.

Los Dodgers convirtieron a Ryan en lanzador a tiempo completo y, en su primera temporada, logró 70 ponches en 47⅔ entradas. Llegó a Triple-A en 2023 y luego tuvo una breve etapa de cuatro aperturas con el equipo de Grandes Ligas en 2024, registrando una efectividad de 1.33 en 20⅓ entradas antes de someterse a una cirugía Tommy John en agosto de 2024. Regresó este año y, aunque su efectividad en la Pacific Coast League -una liga favorable para los bateadores- es de 4.46, sus 43 ponches y ocho bases por bolas, con un solo jonrón permitido en 36⅓ entradas, sugieren que le esperan tiempos mejores.

Los lanzadores representan un grupo inherentemente arriesgado, y el historial de lesiones de Ryan -este año, problemas en los isquiotibiales lo han limitado- lo hizo aún más asequible. A pesar de esas preocupaciones y de haber lanzado solo 329⅔ entradas en la última década, los Tigers codiciaban a Ryan. Porque si hubiera estado sano de forma constante, su repertorio -una mezcla de cinco lanzamientos, con una recta que roza las 100 millas por hora, además de curva, cambio, slider y cutter- habría colocado a Ryan (quien guarda ciertas similitudes con un joven Jacob deGrom) en la misma lista de "ni siquiera pregunten" en la que figuraba De Paula. En cambio, él es la pieza clave de este acuerdo. Al igual que deGrom -un campocorto universitario que pasó a lanzar a tiempo completo tras ser seleccionado en una ronda tardía del draft-, Ryan recibe calificaciones excepcionales por su arsenal tanto de los scouts como de los modelos estadísticos. Solo la salud se interpone entre él y la excelencia.

Incorporarlo a una rotación que ya contaba con un par de abridores jóvenes y bajo control contractual, capaces de lanzar rectas de tres dígitos (Troy Melton y Jackson Jobe) -además de Valdez y el recuperado Reese Olson o Keider Montero-, resultaba sumamente atractivo para los Tigers. Lo mismo ocurría con la posibilidad de alinear eventualmente a Hope -un bloque de músculo de 5'10" (1.78 metros) y 104 kilogramos que la primavera pasada levantó 385 kilogramos en sentadilla- junto a Max Clark, la principal promesa para el jardín central, y Riley Greene, jardinero izquierdo y tres veces seleccionado al Juego de Estrellas.

Si se combinan esa rotación y esos jardines con un cuadro interior que incluye al campocorto novato y All-Star McGonigle, al receptor All-Star Dingler (en plena madurez deportiva) y a un grupo de jugadores casi listos para las Grandes Ligas (Josué Briceño en primera base, Bryce Rainer -exprimera selección del draft- en la zona central del cuadro y Max Anderson en segunda o tercera), resulta más fácil comprender el atractivo del paquete ofrecido por los Dodgers. Varios ejecutivos involucrados en las negociaciones reconocieron que, aunque consideraban superior su propia oferta, cualquier persona razonable podía entender por qué Detroit prefirió la de Los Ángeles. Los jugadores no solo son buenos; se ajustan a las necesidades de Detroit.

Tras ser rechazados, los Brewers optaron por el lanzador derecho Dustin May para cubrir el vacío en su rotación, adquiriéndolo -junto con el relevista zurdo JoJo Romero- de los St. Louis Cardinals a cambio de dos prospectos en pleno ascenso: los jardineros Alexander Frias y Josiah Ragsdale. Aunque Milwaukee barajó la idea de pagar un precio exorbitante por hacerse con el mejor cerrador del mundo, Mason Miller (de San Diego), el desenlace de la fecha límite de traspasos fue muy al estilo de los Brewers. Desde entonces, Milwaukee ha seguido ganando, superando a Los Ángeles en la lucha por el primer puesto de la Liga Nacional. Sin embargo, la prueba de fuego llegará en octubre, cuando los Brewers podrían tener la oportunidad de cobrarse la revancha tras la humillante barrida que sufrieron el año pasado ante los Dodgers en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional (SCLN); para lograrlo, tendrán que superar a Skubal.

Esto es, más que nada, una consecuencia de la brecha salarial en el béisbol: obliga a equipos que hacen casi todo bien, como los Brewers y los Rays, a pasarse la vida cuestionándose si realmente vale la pena esforzarse al máximo por ganar. La respuesta, casi siempre, es no. Y más allá de si eso es correcto o no, es la realidad con la que los Brewers llegarán a octubre, cuando presenten a Misiorowski, May y Kyle Harrison con la esperanza de que baste para derrocar a una potencia que, una vez más, dominó el mercado de traspasos.