Fue un instante, pero sus consecuencias duraron para siempre. Un día como hoy, 30 de abril, pero del año 1993, Monica Seles disputaba su encuentro de cuartos de final en el Abierto de Hamburgo. La vida era simple, entrenar y luchar por ganar finales de Grand Slam. Pero una persona que ella ni conocía tenía otros planes.
Fue tal la irrupción de Seles en el circuito femenino que ya se hablaba de una potencial mejor tenista de la historia. A sus 16 años ganó Roland Garros, convirtiéndose en la jugadora más joven en ganar un torneo de Grand Slam. Y al momento del trágico episodio, Seles había sido campeona en siete de los últimos ocho torneos grandes. Estaba arrasando. Y por otro lado, destronando de la cima del tenis mundial a la alemana Steffi Graf. De hecho, le había arrebatado el Nº1 del ranking en marzo de 1991, luego de coronarse en el Abierto de Australia. Eso molestó a Gunter Parche, alemán de 39 años y el otro protagonista de esta triste historia.
Una obsesión de este hombre con Graf y por detener a quien le disputaba el trono a su tenista favorita hicieron un desastre. Parche asistió al partido de Seles contra Magdalena Maleeva y se acercó a ella por detrás cuando la jugadora estaba en el descanso. Allí sacó un cuchillo y la apuñaló. A partir de allí, el grito de la joven de 19 años alertó a todo el público presente y el hombre fue detenido. El daño, de todos modos, ya estaba hecho.
Seles tuvo suerte, según el parte médico de la época que declaró: "Ni el pulmón ni su omóplato fueron afectados. Mónica todavía sufre del shock y pasará la noche en observación". Pero le llevó meses recuperarse físicamente y moverse como antes, según sus propias palabras. Aunque más allá del aspecto físico, nunca más fue la misma.
Además de lo trágico de una carrera tan incipiente pero exitosa interrumpida así, se sumó otra cuestión. En su momento, se sometió a votación por parte de las otras tenistas (las mejores 25) qué sucedía con el ranking de Seles durante su parate. Y en una falta total de compañerismo, las jugadoras votaron en contra de ella, salvo una. Esa única que la apoyó en ese difícil contexto fue nada más ni nada menos que Gabriela Sabatini. A partir de ese gesto, la argentina construyó una gran amistad con ella.
Pasaron dos años hasta que volvió a competir, y es destacable que se quedó con el Australian Open de 1996. Pero la tenista que todos conocían ya no estaba presente. Compitió por última vez en un torneo oficial en el año 2003 y, tras algunas exhibiciones, decidió retirarse en el año 2008.
