No importa el resultado en el marcador, el estadio, el frío de la noche sanisidrense ni el cansancio acumulado tras una batalla física. Allí va Rosko Specman, la súper estrella sudafricana que ilumina a Cobras y le inyecta una dosis extra de jerarquía y mística internacional al torneo. Fotos por aquí, notas por allá, una predisposición inquebrantable y una sonrisa que parece no apagarse nunca. Fiel a su estilo, el propio wing se encarga de organizar a los fanáticos para que las capturas salgan perfectas con su típica e icónica pose. Mientras todos sus compañeros ya se resguardan en la calidez del vestuario luego de la derrota 59-0 ante Pampas, él sigue ahí, firme sobre el césped, entregado por completo al afecto de sus seguidores.
Camina, saluda y charla con todos. Se detiene a intercambiar risas con Agustín Fraga —rememorando viejas y electrizantes batallas de sus épocas doradas en el circuito mundial de Seven— o con cualquier persona que se le cruce en el camino. En medio de esa marea de afecto apareció Scrum para conocer de primera mano las sensaciones de esta figura de renombre que causó una verdadera revolución con su desembarco en el Súper Rugby Américas.
“En primer lugar —arranca a contar el experimentado back— debo decir que es un torneo muy bueno porque les da oportunidades a muchos chicos, especialmente a los cuatro equipos de Argentina. Significa que el rugby es muy fuerte en Argentina y eso es muy bueno de cara a un Mundial aquí. Especialmente para que los chicos se postulen, porque nunca se sabe cuándo uno de los grandes se lesionará y entonces tienen jugadores a los que pueden mirar y decir, 'esta es la próxima generación de la cual elegir'. Y también para Chile, Paraguay y Uruguay, realmente demuestra que los chicos tienen la oportunidad de jugar a nivel internacional contra jugadores internacionales”.
“Para los brasileños, solo queremos hacer crecer el deporte en Brasil porque, como saben, Brasil no es un país grande en términos de rugby. Ahí se juega más al fútbol. Pero nosotros queremos inspirar a la próxima generación para que vean algo más y simplemente lo disfruten”, reflexiona con la sabiduría de quien asume su rol no solo como jugador, sino como un embajador y un espejo donde mirarse.
Sin embargo, en el análisis de una mente tan competitiva y profesional, no todas son flores. El sudafricano no esquiva el bulto y plantea una mirada crítica sobre un aspecto puntual del juego que, según su óptica, merece una revisión: “se trata del TMO; a veces, durante los rucks o ante ciertas decisiones que toma el árbitro, este simplemente dicta su veredicto de inmediato. Si bien esto da tiempo para revisar la jugada —y en algunos casos permite determinar si un try fue o no—, hay ocasiones en las que el árbitro simplemente ve que hay alguien presente, escucha los gritos y concede el try sin más. Por eso, creo que ese es el único aspecto que falta por pulir”.
Con un recorrido ovalado imponente a sus 37 años, que en esta campaña ya le aportó al certamen americano la vigencia de 12 partidos disputados y 5 tries apoyados, Specman se saca el casete y se anima a vaticinar cómo imagina que será la recta final y la definición del campeonato: “Dogos están jugando realmente bien. Creo que los cuatro equipos argentinos jugarán en las semifinales. Así que eso significa que el trofeo se quedará en Argentina”.
Para el cierre, el carismático wing sudafricano deja de lado las cuestiones tácticas y se toma unos minutos para elogiar la calidez que recibe cada vez que le toca sellar el pasaporte en el país, mostrando su asombro por las costumbres locales: “Creo que lo mejor de viajar a Argentina es, precisamente, lo amigable que es su gente. Te ofrecen mate; a veces me invitan a salir, a comer medialunas y cosas por el estilo. Eso es algo realmente especial, porque cuando jugaba en el Super Rugby con los Bulls, otros equipos no solían tener esos gestos. Y sí, son tan amigables que te brindan la oportunidad de poder explorar su cultura”.
