LONDRES -- "Es difícil de explicarlo... Sentía que los jugadores estaban en buen estado físico y en buenas condiciones para entrar en la cancha, pero no llegamos a los estándares requeridos para vencer al Liverpool... El trabajo siempre va a ser difícil. ¿Más difícil? Sí, diría que sí".
David Moyes lucha en busca de respuestas para esta familiar frase. Tan difícil es la situación del Manchester United que ha eclipsado lo que promete ser la más emocionante carrera por el título de la Premier League en años. Cuatro equipos tienen una oportunidad real, pero la ineptitud del United en la defensa de su trofeo continúa asombrando más que cualquier otra cosa. La vergüenza que el Liverpool les ocasionó con tanta facilidad [3-0 el domingo], jugando muy por debajo de su mejor nivel, tendrá otro momento decisivo el miércoles.
Si no pueden dar vuelta el déficit de dos goles concedidos al Olympiakos, el United se convertirá en el espectador de una escena en la que previamente había tenido mucho éxito. La temporada se acabará, no así los gritos de parte de un entrenador del Manchester United que rápidamente se está quedando sin aliados y excusas.
Claramente, los jugadores, los veteranos del United todos con gran éxito y trofeos en su haber -- dejando de lado a Adnan Januzaj y Marouane Fellaini -- han decepcionado con sus actuaciones. Un par de las mismas han dado lugar a campañas de murmullos contra el manager y sugiriendo que deberían estar avergonzados de que, sin Sir Alex Ferguson, que ya no compiten por los honores, y han sido incapaces de valerse por sí mismos sin el gran escocés. Sin embargo, el hecho es que el compatriota de Ferguson no ha logrado convertirlos en un equipo.
La humillación del domingo en manos del Liverpool fue una letanía de almas perdidas preparándose para la derrota, un grupo de jugadores aparentemente poco dispuestos -- y definitivamente incapaces -- a asumir la responsabilidad en el terreno de juego. Los jugadores tienen contratos que permiten una permanencia superior a la de los directores técnicos, por lo que sería mucho más fácil que se marche él. ¿Pero los dueños del club realmente confiarían en Moyes con 150 millones de libras para que termine con los ajustes este verano?
Robin van Persie, Wayne Rooney, Juan Mata y, en el futuro, Januzaj son jugadores de la clase para construir un equipo exitoso a su alrededor. Sin embargo, como unidad, el cuarteto son como satélites distantes el uno del otro. Cada uno de ellos anhela el centro del escenario, pero la presencia de los otros disminuye a los demás. Rooney y Van Persie son amables fuera de la cancha, pero incompatibles dentro de la misma. Mata, por su parte, se está acercando rápidamente hacia el estado de obsolescencia de Shinji Kagawa. Tal distinción del japonés creció a través de sus ausencias; Mata se ha hundido a través de una presencia que tiene al equipo de Moyes incluso más desequilibrado.
Moyes podría reconocer que los súper grupos casi siempre son inservibles, y nunca la suma de sus partes. El domingo, su estelar grupo de cuatro delanteros se movió a trompicones con un desinterés asilado, a lo Crosby, Stills, Nash & Young: los años Freebase. O peor aún, como un grupo que no se conocía de antes. Ha fallado singularmente a la hora de hacerlos trabajar en conjunto.
También existe la posibilidad de que pasen vergüenza nuevamente cuando el City llegue a Salford para el derbi de Manchester la próxima semana. La clasificación para la Europa League también podría convertirse rápidamente en un sueño imposible.
Aun teniendo en cuenta los factores en su contra -- un plantel incompleto y entrado en años; transferencia malas; la necesidad de reemplazar lo irreemplazable -- Moyes nunca se vio ni remotamente cómodo. Las sugerencias de que las cosas podrían empeorar antes de mejorar fueron recibidas con poco entusiasmo, ya que las posibilidades de un giro parecían muy lejanas.
"Los hinchas estuvieron increíbles con el respaldo que le dieron al equipo", dijo Moyes el domingo. "Los resultados siempre dictan eso, pero yo sólo puedo decirte lo que escuché. Están apoyando a su equipo en un momento difícil. Estuvieron fantásticos y brillantes. Gritaron mucho y no les dimos nada en el campo".
Estaba hablando para la tribuna, pero se puede notar que ésta ya no canta para él. Los últimos 20 minutos vieron al Stretford End unido en canción -- y siguieron cantando después del gol de Luis Suárez -- pero cantaron sobre "20 times" y Matt Busby, una celebración de glorias pasadas. El "Come on David Moyes" inspirado en Slade no salió al aire. Este equipo no jugó como "los muchachos de Fergie". El equipo de Ferguson una vez perdió 4-1 ante el Liverpool en marzo de 2009, pero luego revivió para ganar el título esa misma temporada; Moyes quedará aislado por no conseguir el mismo resultado. Individualmente, todos los fans del United deben tener dudas, y la temporada de su equipo no puede disipar las preguntas sobre la sabiduría de la sucesión de Moyes.
Que apenas 10 meses después de que Ferguson decidiera hacerse a un lado, los fans del United ya busquen consuelo en el pasado es una acusación profana al nuevo régimen. La tarea del miércoles ofrece recuerdos de 1984, cuando el Barcelona --con Diego Maradona-- revirtió una desventaja de dos goles en la Recopa de Europa. Cómo necesita el United de alguien como Bryan Robson, su inspiración de dos goles esa noche. Lo que más falta en el juego del United es liderazgo.
En Atenas, el United hizo que el conjunto común y corriente del Olympiakos parecieran dioses griegos; no hubo inspiración ni dirección, dos requisitos importantes para el puesto de Moyes. Sus discursos previos a los partidos carecen de fuego, y los fans del United no están acostumbrados a que su equipo no sea considerado el favorito, a menos que se trate de partidos contra los gigantes del continente. Tal vez peor sería que, si el United consigue un triunfo poco probable el miércoles, luego se convierta en el comodín del sorteo de cuartos. Ninguno de los superclubes temería enfrentarse al Manchester United de Moyes.
Incluso sobrevivir al Oympiakos podría condenarlo aún más. El tinte ya parece firme.
