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La fiesta de clausura

MÜNICH -- La ceremonia de clausura de la Copa del Mundo de 1974 fue una verdadera fiesta multicolor que dio lugar a todas las nacionalidades participantes del torneo y a la cultura alemana. De esta manera lo contó el diario español La Vanguardia:


Se ha jugado la final del 74 en el corazón de Baviera, en una tarde de espíritu germánico elevado a la máxima potencia con el espectáculo folklórico de música, trajes, danzas y canciones para un bello preludio que era, además, la ceremonia de clausura, aunque ésta no llegara hasta el momento de entregar la Copa del Mundo al capitán del equipo vencedor.

Una banda femenina de música, de más de cien muchachas vestidas de blanco, evolucionaron por el terreno de juego en formación de ballet, en perfecta instrucción, dirigidas por una profesora-directora desde un podio. Centenares de cantores bávaros, niños, hombres y mujeres entonaron el himno olímpico de los pasados Juegos de Münich y diversas canciones populares que el público cantó también, con la satisfacción para los españoles que estaban en el estadio de que entre ellas estaba el "Viva España" popularizado por Manolo Escobar.

El preludio ha sido de una grandiosidad y belleza propias del pueblo alemán, en una fecha que han conmemorado para su mejor historia nacional deportiva, fiesta que Alemania ha ofrecido como cierre de un gran campeonato mundial que ha entrado en el derecho de gentes, de sus gentes, y tambipen en el de los pueblos de los cinco continentes, divididos por la política de razas y la política de clases y partidos.

La Novena Sinfonía ha sido escrita por un alemán inmortal y sonó también en el colosal Estadio Olímpico. La vistosa ceremonia acabó con un desfile -un poco sorprendente- de los 16 autocares que han utilizado las 16 delegaciones de los países presentes en este Mundial. Nunca un autobús ha sido elevado a tamaña representatividad. A los autobuses subieron los centenares de cantores que habían formado el gigantesco festón que rodeaba el terreno de juego, y como última muestra de los países, quedaron las 16 bellas mujeres que con trajes típicos hicieron la presentación de cada equipo en el partido de apertura en Frankfurt.

Como nota sentimental de cierta tristeza, únicamente, la gigantesca figura y las palabras de Sir Stanley Rouss sobre el podio, las útimas que ha pronunciado como presidente de FIFA. Con ellas ha terminado un largo mandato. Desde ahora es presidente de honor y la próxima Copa del Mundo, la de Argentina, llevará el nombre de Copa Rouss, según propuesta del nuevo presidente, Joao Havelange.