Tim Lincecum tiene de hijos a los Padres de San Diego.
Por segunda ocasión en su carrera, Lincecum ha dejado sin hits ni carreras a los padres, convirtiéndose apenas en uno de dos únicos lanzadores capaces de tirar no hitters ante un mismo equipo.
El otro que lo hizo anteriormente fue Adddie Joss, de Cleveland, hace más de un siglo atrás, cuando retiró en fila a los 27 bateadores de los Chicago White Sox el 2 de octubre de 1908 en lo que fue el segundo juego perfecto en la historia de las Grandes Ligas.
En 1910 volvió a dejar sin hits ni carreras a los Medias Blancas, meses antes de caer gravemente enfermo y morir de tuberculosis el 14 de abril de 1911, dos días después de cumplir 31 años de edad.
En el caso de Lincecum, lo curioso es que consiguió su hazaña con menos de un año de diferencia, entre el partido que lanzó el 13 de julio del 2013 y este del 25 de junio del 2014.
Además, el diestro de los San Francisco Giants ha logrado sus dos juegos sin hits cuando su carrera va en picada y sólo eventualmente muestra destellos de la grandeza de antaño.
Ganador del premio Cy Young de la Liga Nacional en el 2008 y 2009, Lincecum se convirtió de repente y sin previo aviso en un pitcher bateado, cuya efectividad escaló de 2.74 en el 2011 a 5.18 en el 2012, año en que encabezó el viejo circuito en derrotas (15), wild pitches (17) y carreras limpias permitidas (107), además de aceptar 23 bambinazos.
El 2013 fue igualmente mediocre, con balance de 10-14 y efectividad de 4.37.
En sus primeras cinco campañas tuvo récord de 69-41 y efectividad de 2.98. En las dos siguientes temporadas sumó 20-29 y promedio de limpias de 4.76.
En lo que va del 2014 lleva 6-5 y 4.42 después de la hazaña de este miércoles.
Lo misterioso de Lincecum es que su drástico cambio de lanzador estelarísimo a pitcher mediocre parece responder a un proceso mental, pues no ha tenido lesiones y sigue promediando 33 aperturas por año.
¿Será esta actuación una chispa que lo impulse a relanzar su carrera?
¿Quién sabe? A juzgar por lo ocurrido el pasado año parece que no, pues en la apertura siguiente a aquel glorioso 13 de julio, fue castigado con nueve limpias y tres jonrones en 3.2 innings por los Rojos de Cincinnati.
O tal vez sí. Así son los misterios del béisbol y como mismo Lincecum se desinfló una vez, podría de repente tomar un segundo aire, algo que los Gigantes agradecerían sobremanera, principalmente por la implosión que ha venido sufriendo en los dos últimos años el otrora estelar derecho Matt Cain.
