La garrapiñada de Bielsa, Canobbio cortando pasto y la catástrofo de Petrovic: las pintorescas anécdotas del Paladino

El domingo Progreso recibe a Nacional en un escenario plagado de historias y anécdotas. ESPN

Si lo cuentan en Europa no lo van a poder creer… La pintoresca cancha de Progreso reúne historias tan insólitas como particulares. El escenario, enclavado en La Teja, barrio que el periodista Enrique Yannuzzi inmortalizó como “de casitas federales”, es dueño de anécdotas memorables. Para la historia quedó la visita del Peñarol de Petrovic al que hicieron calentar al borde de la ruta, la imagen del Loco Bielsa comiendo garrapiñada, el presidente Fabián Canobbio cortando el pasto, y Baltasar, aquel personaje que en pleno invierno se tiraba de cabeza en el arroyo Pantanoso para ir a buscar la pelota. El domingo Nacional visita a Progreso en el Abraham Paladino, momento propicio para repasar desde ESPN algunas anécdotas del referido escenario.

“Catástrofo”

Una de las historias que quedó marcada a fuego en el Paladino ocurrió en la década del 90 cuando Peñarol era dirigido por el yugoslavo Ljubomir Petrovic que llegó al club en febrero de 1992. Ese mismo año, Progreso decidió llevar a su cancha a los aurinegros. Y allá fue Petrovic.

Momentos antes de salir a realizar la entrada en calor, el DT preguntó: “¿Dónde hacer calentamiento?”, y cuando le señalaron la calle que está pegada a la ruta, Petrovic se tomó la cabeza y dijo: “Esto es una catástrofo”. Su frase dio lugar a los títulos de los diarios.

Tabaré, el presidente

En el año 1989 el Campeonato Uruguayo se jugó a una sola rueda y Progreso se coronó campeón por primera vez en su historia. En ese entonces, el club era presidido por Tabaré Vázquez, el hombre que unos años después se convertiría en el Presidente de la República Oriental del Uruguay. Hace unos años el club sacó una partida de camisetas en homenaje a Tabaré, como lo conocían en Progreso, con la cara del expresidente en la casaca.

El Loco Bielsa

El entrenador de la Selección Uruguaya, Marcelo Bielsa, también forma parte del anecdotario del escenario de los Gauchos de la Teja, como se conoce popularmente al club. Es que, en un partido del Campeonato Uruguayo donde Progreso recibió a River Plate, el Loco llegó al Paladino y se sentó en la tribuna como uno más. En determinado momento compró un paquete de garrapiñada y pasó la tarde en La Teja.

Presidente cortando el pasto

Otro de los hechos curiosos que se dio en el Paladino fue la presencia del entonces presidente del club, Fabián Canobbio, cortando y juntando el pasto en la cancha. Canobbio, que jugó en la Selección, Peñarol y Valencia de España, lo tomó con total naturalidad. “Fabián es un emblema del club, el último ídolo. A pesar de los lugares donde jugó y estuvo, tiene una humildad tremenda. Acá es uno más. Fabián ha cortado y levantado el pasto de la cancha”, me dijo una vez el utilero del club Marcelo Acosta.

Baltasar, ¡qué personaje!

La cancha de Progreso tiene la particularidad de que es lindera con el arroyo Pantanoso, entonces es común que muchos balones vayan a parar al agua. Se podrán imaginar que con la refinería al lado, el estado del agua no es el más adecuado. Sin embargo, cada vez que la pelota caía al agua aparecía en escena un personaje llamado Baltasar, que en pleno invierno se sacaba la remera y se tiraba al arroyo a sacar los balones. “Acá tenemos el problema de la cantera que se te van las pelotas en el agua y no hay como agarrarlos porque tenés el barranco y es una locura tirarse. Antes estaba Baltasar que se tiraba. Me contaron historias que Baltasar se tiraba e iba a agarrar las pelotas nadando. Dicen que el hombre no tenía filtro, en invierno se sacaba la remera y se tiraba”, reveló el utilero Marcelo Acosta.

El nombre de la cancha

El escenario de La Teja debe su nombre a un viejo peluquero llamado Abraham Paladino que, junto a otros socios, consiguió en cesión los terrenos que están en Emilio Romero y Concordia, donde se encuentra el Parque Paladino. El primer nombre que llevó el Estadio fue Parque Progreso. En 1932, fue rebautizado bajo el nombre Parque Miguel Campomar, un empresario de la época que donó los tejidos perimetrales del estadio para que el club pudiera competir oficialmente. Hasta que en agosto de 1960 una asamblea de socios resolvió ponerle el nombre actual, según consta en un artículo del Municipio A que comprende al barrio de La Teja.