Cuando los hinchas de Nacional tienen que asociar el nombre de San Pablo a su club, es inevitable que lo hagan a través de dos futbolistas que dejaron su huella en el club paulista como Alfonso Darío Pereyra y Diego Lugano.
El primero, un volante exquisito, se convirtió en ídolo de los paulistas entre las décadas de 1970 y 1980. Darío jugó once años en San Pablo, disputó más de 450 partidos y conquistó dos títulos del Brasileirao.
Luego de un gran pasaje por Nacional, San Pablo lo adquirió en 1977 y se fue recién en 1988. Llegó como volante pero tuvo un comienzo difícil, con muchas lesiones. Pero cuando lo ubicaron en la zaga, Pereyra comenzó a marcar su historia como ídolo tricolor.
Otro defensa que entró en el corazón de los paulistas es Diego Lugano. La Tota, como lo conocen en el ambiente, logró lo máximo a nivel de clubes con San Pablo al coronarse campeón de la Copa Libertadores y del Mundial de Clubes.
Jugó en el club entre 2003 y 2006 y finalmente regresó en 2016 para retirarse al año siguiente. Su legado e importancia fue tal que siguió trabajando en el club como director de relaciones institucionales.
Pocos recuerdan que, en 1990, Juan Ramón Carrasco tuvo un breve pasaje por San Pablo.
En 2014, Álvaro Palito Pereira jugó cedido a préstamo por el Inter de Milán. Y más acá en el tiempo lo hicieron Gonzalo Carneiro y Gabriel Neves.
