CIUDAD DE MÉXICO -- Suele decirse que tener ilusiones es un principio de supervivencia, y México las tiene. A menos en el futbol.
El escritor mexicano Juan Villoro es un poco más crudo pero real en una de sus sentencias: “Las ilusiones duran hasta que se topan con la realidad… Y en el futbol la realidad se llama Alemania”.
México jugará su primer partido de Rusia 2018 ante la Campeona del Mundo y máxima favorita para refrendar el título. Sin embargo, Juan Carlos Osorio, técnico del representativo nacional, consideró que se le puede “competir”.
La realidad indica todo lo contrario y no hace falta ir tan lejos ni revisar minuciosamente los antecedentes. 4-1 a favor de una juvenil Alemania en la reciente Copa Confederaciones. Por cierto, en un partido en el que el Tri estuvo lejos de ‘competir’.
Sin embargo, ni un sorteo bravo ni mucho menos tener enfrente a la ya mencionada Alemania, Suecia y Corea del Sur, mermará la esperanza del aficionado azteca, mismo que encabeza la lista de mayor demanda de boletos para asistir a Rusia 2018.
El llamado Tricolor acumula más de 30 años sin avanzar al famoso quinto partido en un Mundial, pero la lectura suele ser la misma: ‘nos hemos quedado a un pasito de lograrlo’…
Si no fuera por ese penal mal marcado, ese golazo de Maxi que no volverá a meter en su vida, la falla del ‘Matador’ ante Alemania o los ‘malditos’ penales, la historia sería diferente. Pretextos, ciertamente.
El ‘autoengaño’ es parte de las ilusiones, evadir la realidad y aguardar por lo inesperado motiva a creer en situaciones como las que ocupan las principales charlas de café desde que se conocieron los rivales de México en el Mundial: “perdemos o empatamos con Alemania y le ganamos a Suecia y Corea”…
A final de cuentas se trata solo de futbol y el mexicano posee la fantástica dualidad de conservar ese pesimismo arraigado cuando juega su Selección, al tiempo que la ilusión y creer que la historia puede dar un giro lo motiva a dejar todo de lado durante 90 minutos.
Es México, el país que ‘sobrevive’ de ilusiones hasta que éstas terminan en una cruda realidad.
