BUENOS AIRES -- Las Eliminatorias camino al Mundial de Corea y Japón 2002 son, sin duda, el peor proceso clasificatorio que ha enfrentado La Roja desde que se juega el formato de "todos contra todos" en esta parte del mundo.
Tras la vuelta a los mundiales en Francia 98, torneo en la que la selección chilena dejó una grata impresión de la mano de la dupla Za-Sa y bajo la dirección técnica de Nelson Acosta, las esperanzas de clasificar de manera consecutiva a la máxima cita del fútbol estaban crecidas, sobre todo por la madurez que podría mostrar el equipo.
La primera rueda de aquellas Eliminatorias estuvo plagada de altibajos, con resultados tan dispares como la caída como local ante Colombia, la derrota frente a Bolivia en La Paz (un territorio históricamente fértil en cuanto a resultados para La Roja), el empate en el Nacional ante Perú y la histórica goleada de 3-0 contra el Brasil de Ronaldo, Rivaldo y Roberto Carlos, también jugada en el recinto de Ñuñoa.
Sin embargo, fue precisamente aquella victoria ante la Verdeamarela la que dictó un quiebre en el equipo nacional, que entre la desorganización y las constantes lesiones sufridas por los máximos referentes --Salas, Zamorano y Pizarro, entre otros-- no volvió a saber de triunfos en dichas Clasificatorias.
Fue así como llegó el crucial duelo ante la embalada Argentina de Marcelo Bielsa, el 15 de noviembre del año 2000, partido en el que La Roja profundizaría su crisis luego de caer inapelablemente por 2-0 en el Estadio Nacional.
El primer tanto argentino llegó por medio de Ariel Ortega. El Burrito desparramó rivales, metió un caño y sacó un puntín inatajable para Nelson Tapia, con lo que puso el 1-0 a favor de los visitantes. Chile hizo poco y nada para igualarlo, pues mostró un juego cansino, disociado y desprolijo, sólo a la espera de que alguna individualidad cambiara su suerte. Para peor, ya cerca del final, específicamente al minuto 89, la defensa local protagonizó una comedia de equivocaciones, situación que nuevamente fue aprovechada por Ortega, quien le brindó una precisa habilitación a Claudio Husaín para que este último decretara con un remate cruzado el 2-0 definitivo para los trasandinos.
La derrota provocó la salida del Pelado Acosta, lo que clavó una nueva estaca en un equipo que ya se consideraba eliminado. Fue Pedro García el que llegó a ocupar la vacante de entrenador, con un futuro no muy alentador a cuestas. A pesar de que se pensaba que la situación no podía empeorar, las cosas no mejoraron y La Roja terminó por sepultar sus opciones matemáticas muchas fechas antes del final, con paupérrimas actuaciones y resultados históricos, como la caída ante Venezuela y el empate frente a Bolivia, ambos como local.
Sólo para la estadística quedó la salida de Pedro García, quien alcanzó a cumplir apenas cinco partidos a cargo. Asumió Jorge Garcés, pero igualmente Chile terminó último en aquella Eliminatoria, y tuvo que esperar largos años por un cambio rotundo que lo hiciera esperanzarse nuevamente con una clasificación mundialera.
