Luego de quedar eliminado del Mundial en Octavos de Final ante Bélgica, se analiza a detalle en qué falló y en qué acertó tanto el técnico Pochettino como el grupo en general.
Seguir la trayectoria de la selección masculina de Estados Unidos en esta Copa Mundial de la FIFA provoca un auténtico mareo. Todo comenzó de maravilla, con una contundente victoria por 4-1 sobre Paraguay. Los triunfos sólidos ante Australia —en la fase de grupos— y Bosnia-Herzegovina —en dieciseisavos de final— se produjeron a ambos lados de una derrota frente a Turquía; un partido que no afectó a la clasificación del grupo y que tampoco aportó mucha información, dada la gran cantidad de cambios que el técnico Mauricio Pochettino introdujo en su alineación titular.
Sin embargo, todo se vino abajo en los octavos de final con una derrota por 4-1 ante Bélgica, un resultado tan desmoralizante como rotunda había sido la victoria sobre Paraguay. Fue como si el equipo estadounidense hubiera hecho los deberes y aprobado los exámenes parciales con nota, para luego fracasar estrepitosamente en el examen final.
Así pues, a la hora de evaluar el rendimiento, todo depende del peso que se le otorgue a ese último partido. A continuación, presentamos el balance de la actuación de la selección estadounidense.
Condición física: B+
Bajo prácticamente cualquier criterio, la selección de EE. UU. (USMNT) figuró entre los equipos con mejor preparación física del Mundial hasta la ronda de octavos de final. Cabe señalar, no obstante, ciertos matices. Estados Unidos jugó en condiciones meteorológicas casi perfectas, disputando dos partidos en el área de Los Ángeles y otros dos en Seattle. La cubierta del SoFi Stadium evitó que el sol incidiera con la misma intensidad que en otras sedes del torneo.
Además de las temperaturas moderadas, el equipo estadounidense no tuvo que enfrentarse a condiciones climáticas adversas, como lluvias torrenciales, ni lidiar con los efectos de la altitud.
El estilo de juego también influyó en el volumen de carrera del equipo. El conjunto dirigido por Pochettino adoptó una estrategia de presión alta que exigía un gran despliegue físico; los datos facilitados por la FIFA confirman la intensidad del esfuerzo realizado. Estados Unidos ocupó el cuarto puesto entre 48 selecciones en cuanto a velocidad media, con 6,23 km/h. Asimismo, el equipo se situó octavo tanto en distancia media recorrida por partido (118.979 metros) como en número de *sprints* por encuentro (489,2).
Cabe destacar que Bélgica fue una de las selecciones que superó a Estados Unidos en todas estas categorías. Esto pone de manifiesto que, a pesar de la gran capacidad atlética del equipo estadounidense, este se encontraba en desventaja física frente a los "Diablos Rojos", especialmente en la zona central del campo al enfrentarse a jugadores como Dodi Lukébakio y —antes de lesionarse— Amadou Onana. Como señaló una fuente que prefirió mantener el anonimato para preservar sus relaciones profesionales: "Cuando equipos de mayor nivel igualan o superan tu ritmo de trabajo, estás perdido".
En líneas generales, Estados Unidos compitió a buen nivel en el apartado físico, incluso frente a rivales de gran fortaleza como Australia y Bosnia; sin embargo, el partido contra Bélgica demostró que todavía hay margen de mejora.
Enfoque táctico: B+
El estilo de presión alta de Pochettino ha sido durante mucho tiempo su sello distintivo, inspirado por la influencia de Marcelo Bielsa y Gerardo "Tata" Martino. Aunque los conceptos de Pochettino tardaron un tiempo en arraigar, los jugadores estadounidenses terminaron por asimilarlos.
Hay pocas quejas posibles sobre los jugadores que Pochettino eligió para implementar su esquema. Es cierto que hubo cierta preocupación cuando el técnico estadounidense anunció su convocatoria el 26 de mayo —temiendo que el equipo estuviera escaso de efectivos en el mediocampo—, pero a la hora de definir las alineaciones en esa zona, la USMNT no tuvo mayores problemas.
En ataque, además de la presión alta, se hizo hincapié en el juego por las bandas, una decisión lógica dado que aprovechaba las fortalezas del equipo. Christian Pulisic sigue siendo el jugador de ataque con más talento del conjunto, y la decisión de adelantar la posición de Sergiño Dest fue acertada, considerando sus limitaciones en tareas defensivas.
En defensa, Pochettino utilizó a Alex Freeman en un rol híbrido: actuaba como central cuando el equipo tenía la posesión y como lateral al defender en bloque bajo. Freeman aportó un extra de capacidad atlética a la línea defensiva (fue uno de los pocos jugadores que salió bien parado del partido contra Bélgica) y permitió que Antonee Robinson, en la banda opuesta, pudiera proyectarse al ataque.
La táctica de Pochettino se topó con ciertas limitaciones frente a una selección belga con más talento, pero, en líneas generales, la lógica que sustentaba su decisión era sólida.
Ejecución táctica: C+
A primera vista, el planteamiento de EE. UU. funcionó a las mil maravillas. La selección estadounidense marcó 11 goles, superando con creces el récord anterior de siete tantos en una misma Copa del Mundo. Las tres victorias del equipo establecieron otro récord. El enfoque de la selección parecía típicamente estadounidense: agresivo, ofensivo y lleno de confianza.
En defensa, EE. UU. registró una media de 10,15 pases por acción defensiva (PPDA), la sexta mejor marca del torneo hasta los octavos de final. Esto demostraba que el equipo recuperaba el balón con rapidez y que la presión funcionaba tal como se esperaba. Los cuatro primeros partidos dejaron actuaciones impresionantes.
"Empezar el Mundial con una actitud ofensiva, con energía para generar ocasiones y marcar goles, es algo muy importante. Eso genera impulso", declaró a ESPN Bob Bradley, exseleccionador de EE. UU. "Eso despertó un enorme entusiasmo en el país, al tratarse de un Mundial en el que se ejercía de anfitrión".
Sin embargo, en otros aspectos, aquello servía para ocultar ciertas carencias. EE. UU. se benefició de dos goles en propia puerta, aunque, para ser justos, estos fueron fruto de un juego agresivo. La selección marcó cinco goles a balón parado. Tras el partido contra Paraguay, EE. UU. solo logró un gol en jugada elaborada: el tanto de Folarin Balogun contra Bosnia.
"A pesar de nuestro buen juego, seguía preocupándome nuestra capacidad para generar ocasiones en juego abierto y contar con distintas formas de llegar al área y crear oportunidades", señaló Bradley. "Y luego... hubo momentos [en los amistosos] contra Alemania y Senegal en los que la coordinación defensiva falló, y hubo instantes en los que los jugadores se desconectaban o se quedaban mirando el balón. Algunas de las situaciones que se dieron en esos partidos seguían planteando dudas sobre qué ocurriría al enfrentarse a equipos de mayor nivel más adelante".
Esos temores se materializaron y se ven reflejados en algunas de las estadísticas. El promedio de goles esperados (xG) por partido de los estadounidenses en el torneo fue de 1,2, lo que los situó en el puesto 23 de entre 48 equipos. Contra Bélgica, cierta falta de intensidad defensiva en el último tercio del campo permitió a los "Diablos Rojos" marcar dos goles en la primera mitad.
Dado que Bélgica solía saltarse el mediocampo estadounidense y jugar en largo para ganar las segundas jugadas, la presión de la selección de EE. UU. perdió eficacia. Además, el equipo estadounidense perdía más duelos, ganando solo el 44.4 % en la primera parte. Ante un conjunto belga tan atlético, ya no hubo forma de remontar para los estadounidenses.
Esto demuestra que, si bien la táctica es importante, tiene sus límites.
Preparación psicológica: C
Este es un aspecto que podría dividirse en dos fases: la previa al partido contra Bélgica y todo lo que sucedió después.
En primer lugar, cabe reconocer el mérito de Pochettino por fomentar un espíritu de equipo increíble, logrando que todos los jugadores remaran en la misma dirección. Esto se hacía evidente en los entrenamientos, donde se veían muchas sonrisas, así como en la forma en que cerraron el partido contra Bosnia, jugando los últimos 35 minutos con diez hombres para asegurar la victoria por 2-0.
El capitán de Estados Unidos, Tim Ream, elogió la forma en que Pochettino logró unir a los jugadores. "Le importa muchísimo", dijo Ream sobre su entrenador. "Se preocupa enormemente por los jugadores. Se preocupa enormemente por el grupo y por todo el cuerpo técnico. Su interés va más allá de lo que cualquiera pueda imaginar".
Ream añadió: "[Pochettino] entiende la situación y ha creado una conexión con cada jugador mediante conversaciones y observando su lenguaje corporal. Se asegura de que todos estemos en un buen momento —mental, física y emocionalmente—; él y todo su equipo técnico han logrado crear ese ambiente".
Y entonces llegó el partido contra Bélgica.
Es cierto que los "Diablos Rojos" jugaron de manera magnífica aquel día y que la táctica del entrenador Rudi Garcia fue impecable. También se ha especulado mucho sobre cómo la polémica en torno al aplazamiento de la suspensión de Balogun —tras su tarjeta roja— sirvió de motivación para Bélgica y supuso una pesada carga para los estadounidenses.
En cuanto a esta última afirmación, los seis integrantes de la delegación estadounidense —entre jugadores, miembros del cuerpo técnico y directivos— con los que habló ESPN para este reportaje negaron que ese factor hubiera influido en la derrota. Sin embargo, lo que se vio en el campo contaba una historia distinta.
"Te preparas para jugar con [Ricardo] Pepi y, literalmente en el último segundo, cambias para jugar con Balogun. Es un cambio enorme para todos", comentó un exentrenador de la MLS que pidió mantener el anonimato. "Si a eso le sumas toda la polémica que lo rodeaba, es imposible que los jugadores no se vieran afectados".
Lo que no admite discusión es que el lenguaje corporal de la selección estadounidense fue totalmente inadecuado; incluso se mostró pasiva, como si esperara a que algo sucediera en lugar de provocarlo. Estados Unidos ya no tenía ese instinto de buscar el juego hacia adelante.
"Fue el peor calentamiento que he visto en mi vida. Todo parecía estar fuera de lugar", señaló otra fuente presente en el partido. "Sin energía, sin chispa".
Esto apunta a una cuestión de mentalidad y a cierto peso psicológico que afectó al equipo. El hecho de que el conjunto se desmoronara tan rápidamente no deja en buen lugar a la selección estadounidense y dejará huella en quienes participaron en el torneo.
Calificación global final: C+
Durante la etapa previa al Mundial, a menudo se planteaba la pregunta: ¿qué supondría el éxito para la selección de EE. UU.? El rendimiento del equipo no ofrece una respuesta tajante ni definitiva.
Durante un tiempo, la selección masculina de EE. UU. (USMNT) cautivó al país. No cabe duda de que el deporte se beneficiará de haber ofrecido al público un auténtico festín futbolístico durante seis semanas; la USMNT avivó esa pasión. Tampoco hay nada de malo en caer en octavos de final. En pocas palabras, el equipo estadounidense cumplió con las expectativas. Simplemente, Bélgica fue mejor.
Sin embargo, la forma en que se produjo la eliminación deja una profunda huella.
Basta comparar su despedida con la de los otros coanfitriones del Mundial, México y Canadá. «El Tri» cayó como un equipo de guerreros, dejándose hasta la última gota de sudor en la derrota ante Inglaterra. Canadá lo dio todo contra Marruecos, aunque el marcador final de 3-0 resultó algo engañoso a favor de los ganadores. El recuerdo que perdurará en el caso de EE. UU. es el del último partido, con los jugadores reunidos en círculo en el centro del campo tras el encuentro, preguntándose qué fue lo que salió mal.
Ahora, la USMNT debe empezar de nuevo y buscar la manera de escalar posiciones en el panorama internacional.
