Argentina 3-2 Egipto: el llanto de Messi, las lágrimas de un país

ATLANTA (Enviado especial) -- Sí, llorá, no tengas vergüenza. ¿Cómo no se te van a escapar las lágrimas con lo que pasó en Argentina 3-2 Egipto? ¿Cómo no te vas a contagiar de la emoción de Lionel Messi después de un partido que quedará en la historia?

De la sensación del adiós a una victoria inolvidable

Eran de esos días en los que no salía absolutamente nada. Ni un penal pateado por Lionel Messi, ni un cabezazo a quemarropa de Alexis Mac Allister. El representante de Mostafa Shoubir ya tenía el video armadodel arquero para ofrecerlo en los gigantes de Europa.

Cuando Argentina buscaba desesperadamente el empate, llegó una contra letal. Pudo ser el final. Un 0-2 con algo más de 25 minutos por delante parecía hacer añicos el sueño de bicampeonato.

La gente entendió que tenía que salir a jugar: "Ohhh, Argentina vamos. Ponga huevos, que ganamos" y "que esta tarde cueste lo que cueste..." empezaron a sonar incesamente en Atlanta.

De repente, llegó el centro de Messi y un cabezazo de Cuti Romero que encendió la ilusión. Argentina creyó que era posible. Lo tuvo Lautaro en la siguiente. Y a cuatro minutos del descuento, se desató la locura.

Tenía que ser él, el de las lágrimas y el del fútbol. El que erró un penal y volvió a levantarse. La bandera, el alma de la Selección. El 10, el mejor de todos. El dueño de la zurda que infló la red y le devolvió cierta calma a su gente.

Lo de "cierta" es literal porque hasta con el 2-2 parcial estuvo a punto de escaparse si no fuera por un Leandro Paredes que pareció extirpar una pelota como último hombre, pero con la ayuda de 46 millones detrás.

Si el gol 21 de Leo en la historia de los Mundiales provocó una locura, ¿qué decir del cabezazo de Enzo Fernández para el 3-2 sobre la hora?

Sin lugar a dudas, ahí empezaron las lágrimas. Esas sensaciones que tan solo el fútbol puede generar. Esas emociones a las que esta Selección de Scaloni tiene acostumbrada a su hinchada.

Probablemente queden pocos recuerdos de los últimos instantes. Algún que otro insulto al aire, los puños apretados en algún quite, las ganas de que se termine de una bendita vez.

Hasta que llega ese pitazo esperado y vuelven las lágrimas. El abrazo con el que tenés al lado, el recuerdo de los que ya no están. Retumba "La cumbia de los trapos" y los jugadores saltan al ritmo de la tribuna en Atlanta. Antes de irse, levantan en andas al capitán, el que los levanta a todos con sus 39 años a cuestas. Todo un símbolo.

Ya sabemos, es apenas un partido de octavos de final. Pero no te contengas, llorá tranquilo. Lo hace Messi y también un país que se vuelve a ilusionar.