El primer Argentina vs. Egipto: unas "semis" olímpicas con una histórica goleada

Hace casi 100 años, el fútbol y el mundo eran completamente distintos. Nadie podía imaginar traslados aéreos en vuelos chárter o Mundiales con sedes en tres países. De hecho, aún no se había jugado la primera Copa del Mundo.

En ese contexto, en los Juegos Olímpicos Ámsterdam 1928 se dio el debut de la Selección Argentina en esa disciplina. En semifinales, la celeste y blanca, que tenía un plantel íntegramente amateur, se enfrentó con Egipto, el mismo país con el que ahora, 98 años más tarde, se cruzará en los octavos de final del Mundial 2026.

Aquel partido, jugado el 6 de junio de 1928, terminó con una histórica goleada 6-0 que dejó varias perlitas y tuvo un rendimiento superlativo de Domingo Tarascone (muchas veces escrito como Tarasconi, incluso en libros artículos del COI), autor de tres goles en ese encuentro y goleador del torneo con una cifra que recién sería superada en 1964.

Un contexto de “otro mundo”

El fútbol olímpico de Ámsterdam 1928, al igual que el de los Juegos París 1924, estuvo enmarcado por las discusiones que llevaron a la separación del amateurismo y el profesionalismo.

A partir de aquellas disidencias, dos años más tarde se jugaría la primera Copa del Mundo y llegaría otra curiosidad, ya que Egipto no pudo participar porque perdió el barco que la trasladaría a Uruguay, la sede del torneo.

Con pocos seleccionados europeos dispuestos a cruzar el Atlántico para llegar a Montevideo, los africanos iban a compartir el viaje con la selección de Yugoslavia, que partió en soledad desde Marsella, porque el mal tiempo demoró a los africanos. Por esa razón, los Faraones se perdieron el viaje mundialista.

El largo viaje de Argentina para participar en los Juegos Olímpicos 1928

La delegación olímpica argentina, con 90 deportistas, tardó tres semanas en arribar a la cita deportiva.

“El viaje de 14.500 kilómetros por mar (entre Buenos Aires y el puerto holandés de Zaandvort) se cubrió en tres semanas, en dos vapores. Los 25 kilómetros hasta la capital neerlandesa se hicieron en tren”, escribió el recordado periodista Ernesto Rodríguez en su libro sobre los Juegos Olímpicos.

En esa obra, también desarrolló la historia detrás del debut del fútbol argentino en los Juegos Olímpicos.

“Cuatro años antes, las diferencias entre las dos entidades que regían el fútbol local (la Asociación de Fútbol Argentino y la Asociación de Fútbol Amateur) impidieron mandar un equipo a París, torneo en el que los uruguayos terminaron coronándose. Ahora era otro el panorama y el título en el Sudamericano 1927, celebrado en Lima, permitía soñar con el oro”, detalló Rodríguez.

El partido contra Egipto en Ámsterdam y el inolvidable triplete de Domingo Tarascone

En Ámsterdam, Argentina tuvo un inicio arrollador, al vencer primero a Estados Unidos (11-2) y luego a Bélgica (6-3), para sacar pasaje a las semifinales.

Los egipcios, por su parte, habían derrotado a Turquía (7-1) y Portugal (2-1).

Antes del cruce con los africanos ya se hablaba del delantero Domingo Tarascone, uno de los primeros ídolos de Boca y, como deportista amateur, empleado de los talleres de Obras Públicas, en el Riachuelo. El goleador les había anotado cuatro tantos a los norteamericanos y otros cuatro a los belgas.

Si bien el resultado en “semis” presupone que la supremacía de la celeste y blanca sobre los Faraones fue abrumadora, el desarrollo del partido marca que el 6-0 fue algo “mentiroso”.

La crónica del partido Argentina vs. Egipto en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928

A través de la investigación del periodista cordobés Gustavo Farías, ESPN.com pudo acceder a las crónicas de la época, para detallar la actuación celeste y blanca y los goles de “Tarasca” contra Egipto.

El arquero argentino Octavio Díaz fue la figura del partido en los primeros minutos, cuando los africanos llegaron con extremo peligro en varias oportunidades.

Roberto Cherro rompió el cero y Manuel “Nolo” Ferreira amplió la ventaja. En ese momento, con el marcador 2-0, Díaz volvió a transformarse en figura.

Tarascone, que parecía no estar derecho para el gol, anotó el primero de su cuenta antes del cierre de la primera mitad.

Ferreira recibió una falta y “Tarasca” se adueñó del tiro libre. Su disparo, fortísimo, pasó entre las piernas del arquero egipcio y decretó el 3-0.

A través de Riad, los africanos pudieron descontar: el travesaño, primero, y Díaz, después, se lo negaron.

En el segundo tiempo llegarían los otros tres goles argentinos, dos de ellos de Tarascone.

“Carricaberry recibe la pelota de Médici y se corre un trecho por su ala y la pasa luego a Tarascone. Este esquiva hábilmente al back Salem y envía un fuerte shot cruzado logrando llegar la pelota a la red y decretando así la cuarta caída de la valla egipcia”, describe la crónica publicada en el diario cordobés Los Principios.

El triplete de “Tarasca”, para el 5-0, fue una jugada casi calcada. “Carricaberry, que se desempeña bien, pasa la pelota a Ferreira, éste a Tarascone y el inside derecho esquiva a Abaza y luego envía un fuerte shot venciendo por quinta vez al guardavalla egipcio”.

A esa altura, “Tarasca” ya tenía su hat-trick y, más tarde, Ferreira completaría la media docena albiceleste.

Una medalla de plata, igual que en 1996 en Atlanta, sede del próximo Argentina vs. Egipto

Después de vencer 6-0 a los egipcios, Argentina se clasificó para la final de Ámsterdam 1928 y se aseguró al menos la medalla de plata. Además, Tarascone alcanzó los 11 tantos, que lo ubicarían al tope de la tabla de máximos artilleros de una edición de unos Juegos Olímpicos hasta que el húngaro Ferenc Bene lo superó en Tokio 1964 con 12 tantos.

El semanario El Gráfico, que le brindó una tapa entera al goleador olímpico, destacó sus cualidades futbolísticas y su empuje.

En un lenguaje que suena lejano para esta época, la revista señaló lo siguiente: “Domingo Tarascone, a cuya habilidad y pujanza débese en crecida proporción las victorias argentinas. Fue el jugador que mayor número de goles señaló en los Juegos Olímpicos, y uno de los que más se distinguió por su comportamiento”.

La falta de gol de “Tarasca”, una de las razones que impidieron el oro olímpico

Tarascone, el voraz goleador, no pudo anotar en las dos finales contra Uruguay. ¿Dos finales? Sí: el 10 de junio se enfrentaron por primera vez, igualaron 1-1 en el tiempo reglamentario y en los 30 minutos del suplementario.

Como en aquel tiempo no había penales, la definición se estiró al partido desempate. El 13 de junio, los charrúas se impusieron 2-1 y se quedaron con la medalla dorada.

Argentina logró la presea de plata, algo que no repetiría hasta los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, precisamente en la ciudad en la que este martes 7 de julio de 2026 enfrentará a Egipto.

Luego de aquellas preseas de plata de 1928 y 1996, la celeste y blanca conseguiría dos medallas doradas consecutivas, ya en el siglo 21, en Atenas 2004 y Beijing 2008.

La cercanía de Tarascone con Gardel y su aparición en una canción del Zorzal Criollo

La cercanía de Tarascone con Carlos Gardel, un ícono del tango mundial, es otra de las perlitas de este recuerdo que conecta con la previa entre Argentina y Egipto.

“Tenía un hobbie: la noche. No bebía, casi no fumaba, pero después de cenar con amigos en un restaurante de ‘la cortada’, se allegaba a los cafés de la entonces Corrientes angosta en los que actuaban orquestas típicas y allí quedaba las horas escuchando tangos”, contó la revista El Gráfico sobre el goleador olímpico argentino.

Entrevistado por El Gráfico, en 1982, el hombre de los 11 goles en Ámsterdam relató su vínculo con “el Zorzal Criollo”, quien además lo mencionaba en una de las canciones típicas, llamada “Patadura”, con letra de Enrique Carrera Sotelo y música de José López Ares.

“Yo vivía en Corrientes y Uruguay. Teníamos libertad, pero éramos responsables. Yo iba al bar Marzotto, de Lavalle y Suipacha, como otros jugadores, y allí nos encontrábamos, por ejemplo, con Gardel y D’Arienzo”, relató Tarascone.

Gardel, por entonces, cantaba “Patadura”, la historia de un jugador que se creía figura y le pifiaba tanto a la pelota como al amor. No era, por cierto, como “Tarasca”, que podía hacer goles de media cancha.

“Querés jugar de forward y ser como Seoane / y hacer como Tarasca de media cancha un gol / Burlar a la defensa con pases y gambetas / y ser como Ochoíta, el crack de la afición”, cantaba Gardel.

A casi un siglo de aquella goleada histórica, Argentina vuelve a encontrarse en un partido clave con Egipto, esta vez en un Mundial de chárteres, vuelos privados y vidas soñadas de futbolistas megaprofesionales.

En 2026 parecen irreales esas tres semanas necesarias para que un barco llegara a Europa con un equipo de fútbol en el que había un empleado de Obras Públicas que, además de brillar cada fin de semana en Boca, se transformaría en un histórico artillero olímpico.