Argentina jugó su peor partido en el Mundial 2026 y estuvo a centímetros de definir el pase a octavos en la tanda de penales ante Cabo Verde, la selección peor rankeada de esta instancia según el ranking FIFA. Ganó 3-2 en el alargue, pero las imágenes dejaron más preguntas que certezas.
Una Albiceleste lenta, sin desborde y sin pegada
El equipo de Scaloni se vio impreciso en el manejo del partido, con poco desequilibrio por las bandas y escasa claridad de cara al arco. Solo Messi fue la excepción: además de marcar el primer gol, generó gambetas, asistencias y las pocas luces ofensivas cuando el equipo se apagaba. Ni Lautaro Martínez, que apenas tocó pelota, ni Julián Álvarez, que atraviesa un Mundial gris en comparación con lo mostrado en Qatar, lograron acompañarlo.
A diferencia de la fase de grupos, tampoco brilló el mediocampo de Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Rodrigo De Paul, y los laterales fueron superados en varios tramos, en especial por la derecha, con Nahuel Molina primero y Gonzalo Montiel después.
Terminado el partido, el propio Scaloni lo resumió sin vueltas: "Cuando uno dice que no hay rival fácil, hoy han demostrado que son un gran equipo", sostuvo, y agregó: "Partido durísimo. Siempre hay que sacar lo positivo, este equipo nunca se rinde".
Pese a las falencias, la Albiceleste resolvió y ya tiene la cabeza puesta en el cruce de octavos ante Egipto. Como siempre recuerda el propio plantel, ganar una Copa del Mundo rara vez es un camino sin sobresaltos.
Los compañeros de Messi, en deuda
Scaloni reconoció que hay mucho para corregir de cara a lo que viene. Enzo Fernández tuvo uno de sus partidos más erráticos con la camiseta argentina y De Paul tampoco estuvo fino. Leandro Paredes ganó terreno para pelear un lugar en el once, y hay variantes más ofensivas como Nico Paz o Giuliano Simeone, además de una opción de mayor ida y vuelta como Valentín Barco. Ninguno de los tres sumó minutos ante Cabo Verde, pero podrían aparecer frente a Egipto, sobre todo teniendo en cuenta el desgaste físico que dejó en los titulares un partido de 120 minutos.
Lautaro Martínez y Julián Álvarez también están en deuda: el primero apenas participó del juego, el segundo se mostró errático. La buena noticia para ambos es que el Mundial recién empieza. Thiago Almada, por su parte, necesita subir de nivel o Scaloni podría probar otras variantes, como Nicolás González o el propio Simeone. Giovani Lo Celso, viejo socio de Messi, es otra alternativa que hasta ahora rindió bien pese a jugar pocos minutos.
Si alguno de estos nombres empieza a aparecer a partir de octavos, Argentina seguirá en pie de lucha con una llave que, sobre el papel, luce accesible: de vencer a los Faraones, en unos hipotéticos cuartos de final esperaría el ganador entre Suiza y el cruce de Colombia-Ghana.
La experiencia del campeón
Argentina ya sabe lo que es sufrir para ser campeona del mundo. En Qatar cayó en el debut ante Arabia Saudita, remontó una serie durísima ante Países Bajos que se definió en los penales, e incluso pasó apuros para superar 2-1 a Australia en octavos. Este plantel llega con esa experiencia acumulada, y Scaloni volvió a apostar por prácticamente los mismos nombres que definieron el complicado partido ante Cabo Verde. Esa madurez competitiva puede jugarle a favor ante Egipto, o en un eventual cruce futuro con Suiza, Colombia o Ghana.
Pero la gran esperanza de Argentina sigue siendo la misma de siempre: Lionel Messi. El capitán está cada vez mejor, como el vino, y es el goleador del Mundial con siete tantos, una cifra que en ediciones anteriores alcanzaba para llevarse la Bota de Oro. Ante Cabo Verde no solo convirtió: también desbordó, asistió y fue la única luz cuando el equipo se apagaba. Sus rivales ya lo saben: tienen enfrente al mejor, que quiere despedirse de los Mundiales como bicampeón.
