Mohamed Salah llega a los octavos de final del Mundial 2026 como el gran símbolo de una clasificación histórica para Egipto. Aunque su torneo no ha sido explosivo en materia goleadora, el capitán de los Faraones ha vuelto a demostrar que su influencia va mucho más allá de los números. Entre molestias físicas, asistencias, liderazgo y sangre fría en los momentos decisivos, el delantero ha guiado a su selección hasta una instancia inédita.
Un Mundial de gestión física antes que de goles
Salah llegó a la fase eliminatoria rodeado de dudas. Tras sufrir una distensión muscular en el empate 1-1 frente a Irán durante la fase de grupos, su presencia ante Australia estuvo en duda hasta las horas previas al partido. El seleccionador Hossam Hassan dejó claro que no arriesgaría a su capitán si no estaba en plenitud de condiciones. Finalmente fue titular y la apuesta terminó siendo decisiva para que Egipto avanzara.
En cuanto a los números, el balance es discreto para un futbolista de su calibre: suma un gol, anotado en la victoria por 3-1 sobre Nueva Zelanda. Sin embargo, su aporte aparece en otros registros. Salah sigue metiendo pases peligrosos, deborda menos, pero sigue generando peligro. Acumula dos asistencias.
De actor secundario a protagonista en el momento justo
El duelo ante Australia resumió a la perfección el Mundial que está disputando Salah. Durante gran parte del encuentro fue bien controlado por la defensa oceánica y tuvo pocas oportunidades para desequilibrar. Egipto encontró dificultades para acercarlo al área y el capitán pasó largos tramos aislado en ataque.
Pero cuando el partido entró en su momento más crítico apareció su jerarquía. En el minuto 93 envió un centro perfecto para Ramy Rabia, cuyo cabezazo obligó a Patrick Beach a realizar una atajada extraordinaria que llevó el partido al tiempo suplementario.
En el alargue volvió a generar peligro con un remate que pasó por encima del travesaño. Y en la definición por penales volvió a asumir la responsabilidad: ejecutó con enorme tranquilidad un penal prácticamente al centro del arco para poner el 3-2 parcial, un golpe psicológico del que Australia nunca pudo recuperarse.
Un líder que trasciende las estadísticas
Más allá de su único gol, Salah ha sido el futbolista que marca el pulso de Egipto dentro y fuera del campo. Su liderazgo quedó reflejado incluso antes de la tanda de penales frente a Australia, cuando ganó el sorteo como capitán y eligió que los Socceroos ejecutaran primero, una decisión que terminó favoreciendo a los africanos.
Con 34 años, su rol ha evolucionado. Ya no necesita monopolizar los goles para ser determinante. Hoy conduce, genera juego, transmite calma en los momentos de mayor presión y aparece cuando el equipo más lo necesita.
El desafío de los octavos
Gracias a su clasificación, Egipto disputará por primera vez unos octavos de final tras superar una fase de grupos en una Copa del Mundo. Además, volverá a jugar una ronda de eliminación directa por primera vez desde el Mundial de 1934.
Ahora los Faraones enfrentarán ni más ni menos que al defensor del título, Argentina, que sufrió para eliminar a Cabo Verde en el alargue. Para seguir soñando, necesitarán la mejor versión de su capitán, un Salah que ha demostrado que, incluso lejos de su pico goleador, continúa siendo el futbolista que cambia el destino de su selección.
