De los 26 futbolistas incluidos en la lista de Cabo Verde, el rival de Argentina en 16avos de final del Mundial 2026, 14 nacieron fuera del archipiélago, especialmente en Países Bajos, Francia y Portugal, pero también en Estados Unidos e Inglaterra. El “scouting” que realizan los africanos desde hace largos años dio sus frutos: llegaron al Mundial, empataron contra dos campeones del mundo como España y Uruguay, y se metieron en las llaves eliminatorias.
Si los caboverdianos hubieran puesto en marcha ese radar hace varias décadas, se podrían haber llevado a una de las joyas históricas del fútbol argentino: José Manuel Ramos Delgado.
“El Negro” era hijo de Faustino, nacido en la isla de São Vicente, en el archipiélago de Cabo Verde y llegado a Sudamérica porque su familia le imploró a un capitán de un barco mercante que lo pusiera a salvo de las permanentes guerras que sufrían las colonias portuguesas.
José Manuel Ramos Delgado, nacido el 26 de agosto de 1935, fue un defensor que dejó una huella imborrable en el fútbol local –jugó en Lanús, River y Banfield-, viajó a los Mundiales 1958 y 1962, fue capitán de la celeste y blanca en la coronación de la Copa de las Naciones 1964 y, además, se transformó en compañero de Pelé durante largos años en el glorioso Santos de Brasil.
Claro que en aquellos años de esplendor de “el Negro” Ramos Delgado en el fútbol sudamericano, Cabo Verde aún no se había independizado de Portugal. Lo haría recién en 1975 y se afiliaría a la FIFA en 1986, el año de la coronación de la Selección Argentina en el Mundial de México.
La relevancia de Ramos Delgado en el fútbol argentino y sudamericano fue de tal magnitud que se transformó en el personaje de tapa de la revista El Gráfico en cuatro ocasiones, algo que elevaba a la consideración de estrella a cualquier deportista de la época.
Ramos Delgado, una figura consagrada en El Gráfico
En aquellas y otras apariciones en El Gráfico, se solía destacar a Ramos Delgado por su técnica y elegancia.
“El fútbol es simple, facilísimo. No comprendo por qué muchos dicen lo contrario. Para mí siempre fue sencillo. Desde chico, en los potreros o en las inferiores de Lanús, ya lo jugaba como ahora”, dijo en alguna de esas entrevistas.
“No negaré que aprendí a disciplinarme. Supe controlar las energías a medida que los años me demostraban lo innecesario de un esfuerzo superior a toda lógica. Pero no quité a mi manera de jugar los recursos que creo fueron siempre mi patrimonio. Por eso inisto en que es fácil jugar al fútbol”, completó “el Negro”.
En esos tiempos, sin televisión ni redes sociales, los elogios de El Gráfico eran la consagración absoluta. Por su desempeño y liderazgo táctico, el semanario lo calificó como “perfecto” en un triunfo 1-0 de River sobre Banfield, especialmente por su eficacia en la disputa, intercepción y entrega del balón. Un adelantado.
Dos Mundiales que pudieron ser tres
Como una de las grandes figuras de su época, Ramos Delgado integró la Selección Argentina en los Mundiales Suecia 1958 y Chile 1962. Por una lesión, pocos antes de viajar, se perdió el Mundial Inglaterra 1966, para el que también estaba convocado.
En la Copa del Mundo no ingresó en ninguno de los tres partidos de la celeste y blanca, aunque al regresar de Suecia se dio uno de los grandes hechos de su carrera: el fichaje en River. Después de ser suplente en los dos primeros juegos de 1962, su debut mundialista se dio en el empate 0-0 contra Hungría. En Rancagua, la Albiceleste formó con Domínguez; Ramos Delgado, Marzolini; Sainz, Cap, Sacchi; Facundo, Pando, Pagani, Oleniak y González.
Dante Panzeri, agudo periodista de El Gráfico, fue muy crudo con lo ofrecido por el equipo, aunque rescató, entre otros, a Ramos Delgado.
“Argentina intentó poner a salvo el prestigio de su escuela futbolística y sólo consiguió robustecer la idea de su insuficiencia de valores para el fútbol ofensivo. Jugó más colectivamente que en sus dos presentaciones anteriores, defendió mejor la pelota y buscó mucho más el gol. Pero su predominio de campo y pelota fue tan extenso como inútil”, describió.
“Pagani y Oleniak fueron los mejores agentes de destrucción del fútbol más o menos bien ideado que en el medio campo alcanzaron a construir Pando, Sacchi, Cap y Marzolini con el respaldo de Ramos Delgado. De allí para arriba. . . ‘fulbito’”, completó Panzeri.
Si bien se perdió el Mundial 1966 por una inoportuna lesión dos días antes de partir hacia Inglaterra, “el Negro” Ramos Delgado vivió uno de sus momentos consagratorios como capitán de la Selección Argentina que se adjudicó la Copa de las Naciones en Brasil, en 1964.
Compañero de Pelé en Santos y presencia en cancha el día del gol número 1.000 de O’ Rei
En 1967, Ramos Delgado se incorporó a Santos, el legendario equipo en el que brilló Pelé. Maduro y con un muy buen estado físico, el defensor argentino se convirtió en un baluarte defensivo de un plantel plagado de figuras, con “O’ Rei” como máximo estandarte.
En ese club que cautivaba al planeta entero, Ramos Delgado ganó 4 campeonatos paulistas y un torneo nacional, el actual Brasileirao, en 1968. Un año más tarde, integró el equipo de Santos en la inolvidable noche que enfrentaron a Vasco da Gama y “O’ Rei” convirtió su gol número 1.000.
Con Pelé no solo tuvieron una relación cercana que fue consolidándose con los años, sino que cruzaron elogios. Para el brasileño, Ramos Delgado era uno de los mejores defensores que lo habían marcado, mientras que “el Negro” destacaba la humildad de una estrella planetaria como el astro que fue tricampeón mundial en 1958, 1962 y 1970.
Ese fue José Manuel Ramos Delgado, el hijo de un caboverdiano que brilló en el fútbol argentino mucho antes de que el radar de los africanos saliera a buscar descendientes en todas partes del planeta para llegar por primera vez a una Copa del Mundo. El Mundial 2026 en el que ya hizo historia y en el que este viernes 3 de julio enfrentará a la celeste y blanca en Miami.
