El mediocampista francés Aurélien Tchouaméni sugirió que se trataba de un pequeño juego psicológico; el exdelantero inglés y ahora comentarista Gary Lineker dijo que quizá había aprendido algo de su entrenador en el Manchester City, Pep Guardiola. De una forma u otra, el delantero noruego Erling Haaland generó polémica con su comentario de que “no le importaba” el último partido de la fase de grupos del Mundial 2026 entre Noruega y la Francia de Kylian Mbappé, con ambos equipos ya clasificados para la fase eliminatoria.
Pero quienes están más cerca de Haaland insisten en que no tuvo la intención de faltar el respeto. Más bien, fue una muestra de su mentalidad en este Mundial. Básicamente: nada que perder, nada que temer.
Haaland se encuentra en una situación diferente a la de algunas de las otras estrellas de este torneo. Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior, Harry Kane y Lamine Yamal llegaron aquí para ganar. Haaland no está aquí para perder —ni mucho menos—, pero las expectativas sobre Noruega no son las mismas que existen sobre Argentina, Portugal, Francia, Brasil, Inglaterra y España.
En una entrevista con ESPN antes del torneo, el futbolista de 25 años admitió que apenas había observado el grupo de Noruega. ¿La razón? La presión por clasificarse por primera vez desde 1998 era tan grande que cualquier cosa que viniera después era “un premio extra”.
“Clasificarse era lo más importante”, le dijo a ESPN Gunnar Halle, integrante de la última selección noruega que logró clasificarse en 1998. “No nos clasificamos desde 1998, así que volver a hacerlo era algo que la nación deseaba. Quería otro Mundial. Es enorme”.
A los ojos de Haaland, devolver a su país al escenario mundial por primera vez en casi tres décadas era el objetivo principal. Ahora que está aquí, puede jugar con una libertad que quizás Messi, Mbappé y el resto no comparten. Esos jugadores necesitan levantar el trofeo en Nueva Jersey el 19 de julio para que este verano sea considerado un éxito; Haaland argumentaría que ya consiguió lo que se había propuesto.
Eso es lo que hace que Haaland y Noruega sean tan peligrosos mientras se preparan para la fase eliminatoria y un duelo de dieciseisavos de final contra Costa de Marfil en Dallas el 30 de junio.
En otra parte de la polémica entrevista que concedió tras la victoria por 3-2 sobre Senegal en el segundo partido de la fase de grupos, Haaland dijo que Noruega “probablemente perdería” contra Francia. Es el tipo de declaración que jamás podría hacer si estuviera atendiendo a los medios antes de un partido del City, mientras que el capitán Martin Ødegaard sería duramente criticado si se atreviera a decir algo parecido jugando para el Arsenal.
En sus clubes —dos de los más grandes del mundo— existe una presión constante sobre Haaland y Ødegaard para ganar cada vez que pisan el campo. En ese sentido, esta campaña mundialista representa un cambio de ritmo. Y Haaland, en particular, parece estar disfrutándolo.
Publicó un video en redes sociales en el que caminaba de forma anónima por las calles de Manhattan y consiguió convencer a una desprevenida mujer estadounidense de que era el “encargado de redes sociales” de Noruega, en lugar de uno de los mejores delanteros del mundo. También participó en un segmento con formato de concurso para un programa de televisión junto a James Corden, donde le pidieron que buscara objetos dentro de una piscina de pelotas. Y lo hizo con una sonrisa.
En Manchester City, Haaland a veces puede parecer frustrado, especialmente cuando no se alcanzan estándares excepcionalmente altos. Pero desde su llegada a Estados Unidos se lo ha visto relajado y feliz. Eso son buenas noticias para Noruega y malas noticias para los defensores rivales.
La historia sugiere que jugar sin presión puede ayudar en un Mundial. En 2002, Turquía regresó después de una ausencia de 48 años y alcanzó las semifinales; en 1998, Croacia hizo lo mismo tras clasificarse por primera vez como nación independiente.
Después de terminar segunda en el Grupo I, Noruega quedó del mismo lado del cuadro que Brasil y Argentina, pero incluso esos equipos no se tomarán a la ligera a Haaland, Ødegaard y compañía. Un posible enfrentamiento con Messi en los cuartos de final pondría a Haaland cara a cara con el hombre que le ganó el Balón de Oro en 2023.
“El equipo que tenemos ahora cuenta con algunos jugadores que están rindiendo muy bien en los grandes clubes”, dijo Halle. “Los noruegos siempre somos optimistas. Creo que definitivamente podemos llegar a cuartos de final; una semifinal sería increíble. Depende de a quién te enfrentes y de evitar lesiones, pero podemos sorprender a todo el mundo”.
Las dudas previas al torneo sobre la defensa de Noruega no han desaparecido, especialmente después de que el equipo recibiera dos goles relativamente evitables ante Senegal en un partido que debería haber ganado con comodidad. Sin embargo, no hay mucho que interpretar de la derrota por 4-1 ante Francia, ya que el seleccionador Stale Solbakken dejó a Haaland y Ødegaard en el banco como parte de una rotación que incluyó 10 cambios en el equipo titular.
Mientras Ousmane Dembélé causaba estragos para Francia en Boston con un triplete en el primer tiempo, Solbakken tenía la mirada puesta firmemente en el próximo partido de la fase eliminatoria.
A pesar de que Haaland marcó cuatro goles en dos partidos y de que Ødegaard volvió a mostrar su mejor versión en el mediocampo, Noruega figura apenas en el décimo lugar entre los posibles campeones según las casas de apuestas. Pero eso es precisamente como les gusta.
Haaland se propuso darle a una generación de aficionados noruegos la experiencia de un Mundial que él nunca tuvo de niño. Los miles de hinchas que viajaron a Norteamérica disfrutaron celebrando con su característico “Viking Row” en lugares que van desde el Christopher Columbus Park de Boston hasta Times Square en Nueva York.
Los recuerdos ya fueron creados; las expectativas sobre Haaland y su equipo ya fueron cumplidas. Llegan a los dieciseisavos de final sin el peso de la presión sobre sus hombros. Y eso debería preocupar a todos los demás.
