Mientras el defensor y su padre viajaban buscando visorías, la madre trabajaba para mandarles dinero para comidas, hoteles y transporte
César Montes creció en una familia que encontró en el deporte el escaparate a la energía de tres niños inquietos. Durante la semana, la madre estaba dedicada a tener listos los uniformes, la comida y llevar a sus hijos a los entrenamientos de béisbol y futbol; el padre se encargaba de los partidos los fines de semana en las canchas de Hermosillo, Sonora, mientras ambos trataban de cubrir los gastos.
“Su papá siempre lo acompañó a los viajes y pues alguien tenía que trabajar y esa era yo”.
“Como niño, la verdad, no lo ve, no sé si sabrá la verdad, pero sí se acuerda porque yo siempre los traía en mi carro y mi cajuela llena de cosas que me pedían. Les enseñaba los catálogos a las mamás, me hacían pedido y trabajaba para sacar la gasolina […] pero sí, todo fue mucho sacrificio”, dice Maribel Castro, madre de César Montes.
El sueño de llegar a ser futbolista profesional encontró un cómplice en César Montes padre. Las visorias, partidos y viajes lejos de Hermosillo, tenían siempre como acompañante al patriarca, mientras la madre del defensa mexicano trabajaba los fines de semana para cubrir los gastos para acercar a sus hijos a la meta.
“Vendía de todo en mi cajuela, pedía un labial y ahí había un labial, regalitos, tamales. Tenía mi hielera llena de tamales, terminaba el entrenamiento y las mamás: ‘Maribel, ¿trajiste tamales?, dame 10 para cenar, dame cinco’. Los niños venían corriendo, yo les daba el tamal de elote”, menciona Maribel Castro.
La creatividad financiera de la mamá del defensor que debutó en Monterrey incluía la promoción de rifas entre las madres de los compañeros de equipo de César. Todo lo que fuera posible para mandarle unos pesos a Pachuca, cuando fue reclutado por las Fuerzas Básicas de los Tuzos.
“Nunca me quejé, nunca dije no puedo, nunca dije no van a ir. Rifas, tamales, de repente armaba un paquete de trastes y se rifaba. Yo vendía mis tamales, cosméticos, trastes”, explica Maribel Castro; como aquel viaje a Colima que hicieron César y su papá que costaron dobles jornadas de trabajo de la mamá para pagar hotel, transporte y comida.
La semana de vacaciones en Monterrey que rescató a César Montes
César Montes llegó a los 11 años a Pachuca para vivir el sueño del futbol profesional. Después de tres años en Hidalgo y al no obtener registro para la Olimpiada Nacional, el defensor tuvo su primera decepción del balompié y regresó a Sonora.
“Mi hijo me habló llorando y me dijo: ‘mamá, no voy a ir a la Olimpiada, no me convocaron’. Maribel recuerda aquella escena al teléfono. César Montes apenas hilando palabras entre el llanto y una madre a cientos de kilómetros de su hijo escuchando el sollozo de su ‘cachorro’ que la contagió de tristeza y le provocó pedir al padre del jugador que se lo devolviera al hogar.
“Se lo prestaron y cuando pase la Olimpiada lo regresa, no lo regresé, me lo quedé”, responde la mamá del jugador.
Pasaron un par de años antes de que César Montes volviera a confiar en el futbol. Comenzó con pequeños pasos. Poblado Miguel Alemán, un equipo de Tercera División a 60 kilómetros de Hermosillo fue la terapía para sanar las heridas que le dejaron su paso por Pachuca y un entrenador que no confiaba en su talento.
La final ante la filial de Rayados fue el escaparate del jugador. Se lució en ambos juegos y el título que un humilde equipo de Sonora le quitó a la escuela de futbolistas profesionales de Monterrey, pero, incluso en el éxito, las dudas de César se mantenían.
“Tampoco quería venir a Rayados, César decía: ‘papá yo sé lo que va a pasar, ya viví tres años allá, es difícil’. En Rayados fueron muy inteligentes para convencerlo, le dijeron que se viniera de vacaciones a conocer solamente la ciudad”, dijo el papá del defensor.
Una semana en Monterrey fue suficiente para que César Montes recobrará el sueño por el futbol y repitiera la llamada por teléfono con su mamá en un tono completamente diferente a su renuncia a Pachuca. “’Mamá, alístame el acta, la visa, todos los documentos’, porque iba a un cuadrangular a Houston […] llegó y me dijo: ‘dame mis papeles de la escuela’, todos sus documentos personales que se iba a quedar allá (Monterrey)”, señala Maribel Castro, madre de César Montes.
César Montes, el central de la Selección Mexicana que se vendió en 150 mil pesos
Monterrey puso en la mesa de 150 mil pesos, no más, por un zaguero que terminó entre los capitanes de la Selección Mexicana y juega su segunda Copa del Mundo. Uno de los pilares de Javier Aguirre.
“Montes marcó el camino, la vereda, en la que si haces bien las cosas, viene un equipo y te saca de Hermosillo, Sonora. Lo que representó esa operación nos permitió sobrevivir, nos dio un poco de renombre y abrió el camino”, reconoce el presidente de los Cimarrones de Sonora, Juan Pablo Rojo.
El camino a la Primera División con los Rayados era el fin a una travesía que comenzó con su mamá vendiendo Tupperware, para solventar los gastos de un espigado muchacho, que primer probó en el béisbol, pero eligió el futbol. Su talento lo llevó a España y ahora juega con el Lokomotiv de Moscú.
Antes de César Montes, los futbolistas que salían de Sonora hacia la Primera División eran a cuentagotas. El muchacho, que ahora es uno de los capitanes de la Selección Mexicana.
“Vinieron dos personas, con su portafolio e hicieron una oferta por César Montes. Cedimos y aceptamos todas las condiciones, para que el chico continuara. Ofrecieron muy poquito, casi nada. No quisimos ser un obstáculo, queríamos verlo cumplir su sueño. Aceptamos todo”, revela Francisco Enrique Lopez del Castillo, ex presidente de Rayos de Poblado de Miguel Alemán.
