Mundial 2026: la construcción colectiva rescata a Argentina en un partido incómodo

La Selección Argentina estaba siendo avasallada por una Austria que cubría cada centímetro del campo de juego del estadio de Dallas, en su segundo partido del grupo J del Mundial 2026. La posesión era de los de celeste y blanco, pero sus ataques terminaban demasiado frecuentemente en pases hacia atrás, tal era la intensidad de los de rojo y negro.

Pero ese largo tramo de tenencia no es anodino. Hay movimiento de los mediocampistas, sutil, pero constante. Los buscan a Enzo Fernández, a Alexis Mac Allister o a Thiago Almada. La pelota les llega. La velocidad aumenta. Se juegan paredes por adentro. El equipo rival queda desorientado. Se involucra Lionel Messi. Tac, tac, gol.

La secuencia ya se vio antes. Esta tarde, en jugadas que no terminaron en gol, y también en el partido anterior, contra Argelia. Y contra Islandia y Honduras en los amistosos previos. Y Bolivia, Venezuela y Brasil en las eliminatorias del año pasado. Así juega Argentina. Ningún otro equipo ataca así en esta Copa del Mundo, juntando tantos pases por adentro, sin amplitud, con tantos volantes de buen pie distribuidos libremente en los tres cuartos.

¿Cómo se armó la Argentina de los volantes?

Tampoco el primer cuadro que había armado Lionel Scaloni. Cuando llegó a la selección, su plan era armar un equipo dinámico, de transiciones, adaptado a las tendencias que primaban en el fútbol de élite al final de la década anterior. Messi no había sido parte de ese armado inicial, cuando el nuevo entrenador probó una gran cantidad de nuevos futbolistas tras un caótico Mundial 2018.

Ese plan duró solo un año. El pobre arranque de la campaña albiceleste en la Copa América 2019, los primeros partidos oficiales del pujatense, llevaron a que Messi, su excompañero en Alemania 2006, lo convenciera de cambiar de idea. De que mirara a su alrededor y observara los perfiles que tenía a su disposición: jugadores que no se imponían desde el físico y la velocidad, sino el toque, la técnica, la lectura del juego. Números diez que se fueron adaptando para jugar en otras posiciones.

El cambio llegó en el tercer partido de su grupo ante Qatar, donde necesitaba ganar para evitar la eliminación. En el mediocampo jugaron Leandro Paredes, Rodrigo de Paul y Giovani Lo Celso, con Messi delante de ellos. Argentina jugó a juntar pases y moverse libremente por el ataque, dominando la posesión. Ganó 2-0. Y comenzó el período más exitoso de la historia de la selección.

Soluciones únicas para un problema recurrente en el Mundial

El dominio en el continente primero y en la escena mundial después pasa, en gran medida, porque el equipo se armó alrededor de estos jugadores. Siete años después, todos y cada uno de ellos integran el plantel mundialista en Estados Unidos, México y Canadá, aunque jueguen más o menos minutos. Y siguen brillando juntos, incluso para resolver uno de los grandes problemas que afrontan la gran mayoría de las potencias en el fútbol internacional y de clubes: cómo romper defensas profundas y concentradas en su propia mitad.

La solución que dan los de Scaloni dista notablemente de lo convencional. Sus pares prefieren parar a sus atacantes con mucha amplitud, usar sus extremos para desbordar y así generar "dudas" que hagan separar a las marcas. Juntar tantas piernas por adentro debería ser contraproducente, hacer más difícil la circulación. En cambio, los intérpretes se entienden a la perfección, se tienen la confianza para destacar en espacios reducidos y las defensas rivales no los pueden encontrar.

Esta Argentina no solo es histórica por los resultados que consigue y por el hambre que sigue mostrando después de ya ganar todo. También es un equipo contracultural, un equipo que tiene soluciones para todo, y que sigue produciendo jugadores con habilidades y cualidades que no abundan. Solo queda disfrutar como testigos.