Brasil ya no llega a los Mundiales rodeado por aquella sensación de imbatibilidad que acompañó a tantas generaciones históricas. Ya no aparecen las comparaciones con los equipos de Pelé, Zico, Romário o Ronaldo. Tampoco existe el consenso que colocaba automáticamente a la Canarinha en la cima de todos los pronósticos antes del comienzo de cada Copa del Mundo. En este Mundial 2026 el escenario es diferente.
La selección dirigida por Carlo Ancelotti aterrizó en el torneo con una mezcla de expectativa y cautela. El empate 1-1 ante Marruecos en el debut dejó algunas dudas futbolísticas, mientras que la victoria 3-0 sobre Haití devolvió tranquilidad y la goleada sobre Escocia elevó un poco la valoración del equipo, aunque todavía lejos de las expectativas históricas. Ni que hablar el triunfo 2-1 ante Japón, en 16avos, tras comenzar en desventaja.
La sensación que rodea a este Brasil tiene mucho que ver con la figura de su entrenador. Ancelotti asumió con la intención de construir un equipo competitivo, equilibrado y adaptable a distintos contextos. "El equipo perfecto no existe. Un equipo resiliente puede ganar el Mundial", explicó cuando presentó su primera convocatoria mundialista. La frase terminó convirtiéndose en una especie de declaración de principios.
Quizás allí se encuentre una de las particularidades más interesantes de esta selección. Brasil sigue teniendo futbolistas de enorme jerarquía, pero el proyecto parece apoyarse más en la organización colectiva que en el impacto de las individualidades. El respeto internacional continúa intacto. El temor reverencial que acompañó a otras generaciones luce bastante más moderado.
El Brasil de Ancelotti busca ganar de otra manera
Durante décadas, la identidad brasileña estuvo asociada al talento desbordante, la creatividad permanente y una relación casi artística con la pelota. Esa imagen forma parte de la historia del fútbol mundial y continúa siendo una referencia inevitable cuando se habla de la Canarinha.
Ancelotti entiende perfectamente ese legado, aunque sus equipos siempre construyeron el éxito desde otros principios. El italiano llegó con una idea muy clara sobre cómo debía evolucionar Brasil en el fútbol contemporáneo.
"Tengo que adaptarme a las características de los jugadores que tengo", explicó poco después de asumir. La frase parece sencilla, pero ayuda a entender buena parte de lo que se observa dentro del campo. Brasil intenta controlar mejor los espacios, reducir riesgos innecesarios y mantener una estructura colectiva más estable.
La presión ordenada, los relevos defensivos y el equilibrio entre líneas ocupan un lugar tan importante como la inspiración ofensiva. "El fútbol moderno exige equilibrio", repitió Ancelotti en varias ocasiones. El concepto aparece reflejado en cada partido de este Mundial.
Vinicius, el rostro de una nueva generación
Si Neymar representó el centro gravitacional de Brasil durante más de una década, el protagonismo actual recae principalmente sobre Vinicius Junior.
El delantero del Real Madrid llegó al Mundial atravesando uno de los mejores momentos de su carrera y rápidamente asumió la responsabilidad de liderar al equipo en ataque. Frente a Haití participó directamente en los tres goles de la victoria y volvió a demostrar por qué es considerado uno de los futbolistas más determinantes del planeta. Luego, ante Escocia marcó un doblete e irrumpió como una de las figuras del torneo, al lado de los nombres de siempre: Messi, Mbappé, Haaland, Kane.
Su influencia va mucho más allá de los números. Cada aceleración, cada cambio de ritmo y cada desequilibrio generan la sensación de que algo importante puede ocurrir.
El propio Vinicius destacó la influencia del entrenador en esta etapa de la selección: "Nos transmite mucha tranquilidad". La declaración ayuda a comprender el clima que rodea al grupo. Brasil parece convivir con menos ansiedad que en otros ciclos recientes.
A su alrededor aparecen nombres de enorme experiencia como Marquinhos, Casemiro, Alisson y Raphinha, futbolistas acostumbrados a competir en los escenarios más exigentes del fútbol mundial
El debate permanente alrededor de Neymar
Pocas figuras generan tantas discusiones como Neymar. Su convocatoria para el Mundial provocó opiniones encontradas en Brasil. Algunos observadores valoraron la experiencia y el liderazgo que puede aportar dentro del grupo. Otros cuestionaron su estado físico y las dificultades que atravesó durante los últimos años.
Ancelotti decidió respaldarlo. La presencia de Neymar ofrece alternativas que pocos futbolistas poseen. Su visión de juego, su capacidad para generar ventajas y su experiencia en grandes torneos siguen siendo recursos valiosos para cualquier entrenador.
Sin embargo, el funcionamiento de Brasil ya no depende exclusivamente de él. Esa transformación representa uno de los cambios más significativos respecto de ciclos anteriores.
El equipo parece preparado para sostener su competitividad incluso cuando las luces no apuntan directamente hacia Neymar, que hasta el momento no sumó minutos y sigue con su puesta a puntos esperando saltar al campo de juego en los próximo partidos de Brasil. ¿Tendrá su chance en el último partido del grupo ante Escocia?
La fase de grupos perfila un Brasil dominante
Los primeros partidos mundialistas dejaron una radiografía bastante precisa de este Brasil.
Marruecos presentó un desafío de máxima exigencia. La selección africana, semifinalista en Qatar 2022, impuso intensidad física, orden táctico y momentos de gran presión. El empate dejó algunas dudas ofensivas y expuso dificultades para generar situaciones claras durante varios tramos del encuentro. Ancelotti evitó dramatizar el resultado: "Cada partido deja enseñanzas".
Las victorias frente a Haití y Escocia mostraron una versión más convincente. Brasil encontró espacios, administró mejor la posesión y exhibió una mayor fluidez ofensiva. Matheus Cunha y Vinicius le dieron brillo ofensivo y al menos un poco de las virtudes de siempre.
El rendimiento todavía deja margen para crecer, pero el panorama general luce bastante más alentador después de la fase de grupos.
El partido de 16avos contra Japón fue una buena prueba de calidad. El equipo comenzó abajo en el marcador y mostró la voluntad, y la jerarquía, para remontar.
Ahora, en 8vos, el duelo ante Noruega será clave para confirmar que Brasil está de vuelta. Que el gigante a regresado a la Copa del Mundo.
Brasil: menos espectacularidad, más pragmatismo
Una parte importante de la prensa brasileña viene destacando una transformación cultural que atraviesa al seleccionado.
Durante años, cualquier resultado que no estuviera acompañado por un fútbol brillante generaba cuestionamientos inmediatos. El contexto actual parece diferente. Existe una aceptación creciente hacia una versión más pragmática y menos dependiente del espectáculo permanente.
Marquinhos sintetizó parte de esa idea al referirse al trabajo de Ancelotti: "Tiene una capacidad increíble para organizar equipos". El elogio apunta precisamente al aspecto que más valoran quienes defienden este nuevo camino. Brasil sigue contando con jugadores capaces de resolver partidos a través del talento individual, pero la estructura colectiva aparece cada vez más consolidada.
La búsqueda ya no pasa únicamente por impresionar al mundo. La prioridad consiste en construir una selección preparada para sobrevivir a los momentos difíciles que inevitablemente aparecen en cualquier Mundial.
Brasil y un perfil que puede resultar peligroso
Brasil ganó su grupo con 7 puntos y observa con optimismo el futuro inmediato. Más por haber ido de menor a mayor que por el simple hecho de vencer a dos rivales inferiores.
Las verdaderas respuestas llegarán cuando comiencen los cruces eliminatorios. Allí aparecerán los rivales de máxima exigencia y cada detalle adquirirá una importancia decisiva. Japón representa eso.
Ancelotti mantiene intacta la ambición: "No tengo miedo de decir que queremos ganar el Mundial". La frase refleja una confianza serena, alejada de la grandilocuencia y muy alineada con la personalidad del entrenador.
Brasil ya no genera la sensación de invencibilidad que acompañó a otras generaciones. Tampoco necesita hacerlo. El equipo avanza por un camino diferente, apoyado en la experiencia de su técnico, en el crecimiento de Vinicius y en una estructura cada vez más sólida. En un torneo donde las certezas suelen durar poco, esa combinación puede convertirse en una de las fortalezas más valiosas de la Canarinha.
