En 22 ediciones del Mundial, repartidas a lo largo de 92 años, apenas ocho selecciones distintas pudieron consagrarse como campeonas del mundo. La número 23, con sus 16 nuevos equipos, promete una oportunidad única para un gran número de contendientes a convertirse en la novena en sumar una estrella a su escudo. Y Países Bajos, con su amplísima historia y talento, se posiciona como una de las más probables, en particular tras su gran campaña en la primera fase, en la que ganó su zona con autoridad.
A pesar de los cuestionamientos a los que estuvo sujeto el equipo dirigido por Ronald Koeman prácticamente desde el momento en que el entrenador regresó a la Oranje, que trascienden incluso su campaña semifinalista en la Eurocopa 2024, ya existían motivos para la ilusión. El talento a disposición, particularmente en defensa (de la mano de Virgil van Dijk, Jan Paul van Hecke y Denzel Dumfries entre otros) y en la mitad de la cancha (con exponentes como Frenkie de Jong y Ryan Gravenberch), llegó en un momento ideal de maduración y con mucho roce competitivo a la competencia.
Motivos para creer en un Países Bajos campeón
Incluso en la previa del torneo, el matemático y asesor de inversiones alemán Joachim Klement, que acertó los últimos tres ganadores, vaticinó que los neerlandeses podrían ser los próximos en Estados Unidos, México y Canadá. Su modelo predictivo contempla una serie de variables fundamentales como son el PIB per capita de cada país -ya que este repercute en la infraestructura deportiva- , el tamaño de la población, la posición que el fútbol tiene en la sociedad, el puesto que ocupa la selección en el ranking mundial y un remanente de azar, así que no está inmediatamente relacionado al presente futbolístico, pero todo apunta hacia el mismo lugar.
Algunas de esas impresiones se habían atenuado tras el debut de Países Bajos ante Japón, donde los valores ofensivos del equipo solo aparecieron en destellos y Koeman fue señalado por sus cambios y la pasividad demostrada en el segundo tiempo, que culminó en una igualdad por 2-2. La lección parece haber sido aprendida en su siguiente presentación, donde salieron a avasallar a los suecos con muchos futbolistas combinando en el ataque y marcaron tres goles casi idénticos en los primeros 47 minutos del partido. Los goles de Cody Gakpo y Crysencio Summerville más cerca del final también impidieron un posible resurgimiento de sus rivales, a diferencia del duelo anterior.
Luego, en el tercer encuentro del grupo, contra Túnez, Países Bajos volvió a salir con todo y a los 7 minutos de juego ya ganaba 2-0, como para asegurar rápido su clasificación en el primer lugar. El resto del partido transcurrió con tranquilidad, más pensando en los 16avos de final que en convertir más goles.
Así, la Naranja ganó el grupo con 7 puntos y 10 goles a favor, números que lo consolidaron como uno de los mejores equipos del torneo en la fase inicial.
¿Algunas flaquezas en defensa?
El margen de los resultados y la tranquilidad que transmitió en su rendimiento, elementos que invitan a pensar en la Oranje como una de las favoritas, quedan todavía cuestiones por resolver. El equipo evidenció ciertas falencias en defensa, particularmente en el retroceso, que permitieron que Suecia y Japón pudieran atacar al especio con velocidad. Marruecos será un rival duro y debe cuidarse de sus veloces atacantes.
En parte, el problema está en la estructura de los neerlandeses sin pelota. El aporte del lateral derecho Dumfries es notable, y esa ventaja numérica lo hizo casi indefendible para el conjunto escandinavo, pero su compromiso ofensivo deja baches en la defensa que tampoco pueden ser compensados por el carrilero de la otra banda, Micky van de Ven, con más oficio de central. Tampoco ayuda la pasividad de volantes como Tijjani Reijnders o Teun Koopmeiners, que puede ser aprovechada por rivales con mayor efectividad en el ataque que Suecia.
Ahora, se viene un adversario con argumentos para complicar. Marruecos demostró contra Brasil que no tiene miedo a la hora de enfrentar a selecciones históricas y será uno de los grandes partidos de 16avos de final. Para Países Bajos también es la oportunidad de volver a demostrar sus virtudes. Si mantiene el juego y el temperamento, se puede permitir soñar con dejar atrás las tres finales perdidas.
