El defensor dejó Navojoa para buscar su sueño junto a su hermano, pasaron carencias y tuvo que regresar a Sonora para comenzar el camino que lo llevó al Mundial 2026
El futbol fue un anhelo en la casa de Johan Vásquez. El niño que nació en Navojoa, Sonora, encontró la gasolina en la pasión que su padre Rigoberto Vásquez demostró por el balompié desde joven. El consuelo lo heredó de su madre cuando los planes no salían como pensaban, las lágrimas aparecían y los pensamientos de renunciar a su sueño.
"Tú me prometiste que ibas a ser futbolista profesional", era la frase que Johan recibía de su mamá cada vez que las cosas iban mal, cuando los rechazos de Pachuca, Cruz Azul, Tigres llegaron y el defensor se refugiaba de vuelta en su hogar, Navojoa, una población al norte de México donde el beisbol supera al futbol.
Johan no solo anhelaba ser futbolista con el pensamiento, lo sentía y recibió una señal que en un principió alarmó a la familia, aunque después justificó el carácter sereno que el defensor muestra en la cancha.
"El cardiólogo me dijo: 'tu hijo tiene un corazón de deportista'. Si a mí o a usted nos late a sesenta, a él le late cincuenta y siete, porque tiene un corazón fortalecido. Por eso no se pone nervioso", recuerda Rigoberto Vásquez, padre de Johan, en entrevista con ESPN.
Johan y Rigo, las aventuras de dos hermanos futbolistas
La gente le recriminaba a la familia de Don Rigoberto que dejara ir a su hijo a Pachuca con apenas 10 años y cuando poco tiempo antes había sucedido el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, capital del estado de Sonora, el mismo al que pertenece Navojoa.
"Cuando él vio que a su hermano lo reclutó Santos a los 16 años, dijo, yo también puedo. Y fue cuando empezó a decir ya me quiero ir", recuerda el padre de Johan Vásquez.
Los hermanos Rigo y Johan buscaban su oportunidad en el futbol, pero a menudo tenían como respuesta el rechazo, las negativas. Eso provocó que ocultaran la situación que pasaban lejos del hogar mientras buscaban materializar el sueño de ser futbolista profesional. Cada que alguno de sus padres, en llamada telefónica, preguntaba si se querían regresar a casa, los hermanos respondían que no.
"Queremos estar aquí. Mi mamá y mi papá respetaron la decisión, que es una decisión muy difícil. Como papá, siento que jamás a mi hijo lo dejaría ir en esa situación. Entonces, creo que es un sacrificio que todo niño o joven debería de saber: para llegar a ser futbolista, hay que pasar por ese proceso", comenta Rigoberto Vásquez, hermano mayor del seleccionado mexicano.
Pumas y Cruz Azul se perdieron del que sería el futbolista mexicano con más minutos, titular y capitán del Genoa de Serie A en Italia. Las negativas obligaron a los hermanos a trasladarse a la periferia de la Ciudad de México, jugaron y vivieron en Ciudad Nezahualcóyotl, un lugar donde los sueños no son color rosa y que el mismo papá de Johan define como una ciudad que solo tiene un solo color, gris.
El recuerdo oculto de Johan Vásquez en su paso por Neza
Ciudad Nezahualcóyotl es un territorio olvidado por el futbol, en otro tiempo fue sede en el Mundial México 1986 y la casa de los Toros Neza de Antonio Mohamed y Miguel Herrera. A pesar de ello, la Selección Mexicana tiene un hijo adoptivo que formó el carácter en sus calles y que ahora luce como el eje de la defensa mexicana: Johan Vásquez.
“Mi hermano era pequeño, él tenía como 13 o 14 años, yo era como el papá, porque yo me hacía cargo. Estaba angustiado de tener a un niño a mi cargo, pero el sueño era llegar a Primera División a toda costa, y si teníamos que comer una vez al día, era eso, partirnos la madre”, cuenta Rigoberto Vásquez, hermano de Johan Vásquez.
El día que los Pumas despidieron a Johan Vásquez de sus fuerzas básicas, Neza le abrió sus puertas, a más de mil 500 kilómetros de su natal Navojoa, Sonora. El chico que ahora juega entre el estilo y la moda de la Serie A, correteó al futbol en uno de los territorios más peligrosos del territorio mexicano. Lo hizo de la mano de su hermano mayor y a escondidas de sus padres.
“Me corrieron de un club y a él de otro, pero en ese momento tuvimos la suerte de que estoy con personas que me apoyaron, me prestaron una casa y ahí dormíamos. Con lo básico, la verdad, con lo indispensable. Recuerdo que mi papá mandaba 200 pesos a la semana”, dice el hermano de Johan Vásquez.
“Nos trasladábamos en camión y en metro, fue una etapa difícil, pero como hermano mayor siempre lo protegí. Así fuimos sobreviviendo, el destino puso gente muy bondadosa que siempre nos ayudó”, recuerda.
Rigoberto encontró apoyo en Neza y ahí entendió que lo mejor es no hacerse de enemigos, pero que también hay bondad y generosidad, sobre todo cuando se trata de dos adolescentes que llegaron de provincia y buscaban el sueño de ser futbolistas profesionales.
La dieta de los hermanos era menos que la canasta básica: Huevo, tortillas y leche. Muchas veces se iban a entrenar sin desayunar.
En el territorio que aún recuerda la visita de Rood Stewart y Alex Ferguson en México 86, Johan Vásquez jugaba cerca de Chalco, bajo el mando de Jesús Mosqueda, un exjugador del América, y a la espera que otro club de la Primera División le diera una oportunidad más.
“Hicieron una prueba en Cruz Azul, Rigoberto se queda, y después Johan también, pero a Johan nunca le hablan, después de los exámenes médicos. No comía, no nos decían nada, pues estaba desnutrido, no lo quisieron así, y ahí fue cuando regresa”, recuerda Rigoberto Vásquez, el papá de Johan y Rigo.
En Neza, Johan Vásquez forjó el carácter, aprendió a vivir lejos de su familia y con todas las condiciones en contra, volvió a su natal Sonora, en donde encontró el camino al futbol profesional.
El partido de Johan que vale un fichaje de dos millones de dólares
El primer entrenador que tuvo Johan fue su padre. Él les inculcó que tenían que jugar fuera de Navojoa, con otros clubes, para que algún equipo los encontrara y "que no estuvieran conmigo". La paradoja fue cuando Johan Vásquez brilló como un diamante en un partido de la Liga Expansión y convirtió al defensor en la venta más costosa de Cimarrones de Sonora.
Entonces apareció el profesor Enrique Ferreira, que de vez en cuando acudía a Zito Boys para detectar el mejor talento de Navojoa.
"Me lo voy a llevar a la tercera. Allá va a jugar. Este muchacho necesita jugar para que se desarrolle", le dijo Ferreira al papá de Johan para devolverle el ánimo tras los rechazos. "Estuvo conmigo en tercera. Jugó todos los minutos, luego fui a segunda y me lo llevé a segunda. Llegó Mario García al equipo de Ascenso y lo pasamos al Ascenso. Jugó todos los partidos y se lo llevó Monterrey", añade el formador.
En Cimarrones le dijeron que en dos años Johan iba a estar en Primera División, desde la Tercera División en la Liga Premier a convertirse titular a los 18 años en Liga Expansión.
"Recuerdo que hubo un partido de Copa MX en el que nos vino a visitar el visor de Monterrey y tomamos la decisión de que él tenía que jugar", dice Juan Pablo Rojo, presidente de Cimarrones de Sonora. El directivo reconoce que Johan no sabía que lo estaban siguiendo, entrenó como un día normal y cuando lo citaron de último momento a la concentración llegó en shorts, medio adolorido.
"Johan jugó, convenció a Monterrey y en ese momento representó la operación más grande de ascenso, que fueron dos millones de dólares", recuerda Juan Pablo Rojo sobre el día que comenzó la ruta de Johan hacia la primera división, la medalla olímpica en Tokio, el futbol europeo y la selección nacional.
