El mediocampista lideró una generación dorada de su país cuyo impacto divide la opinión.
Kevin de Bruyne ha tenido una carrera intachable a nivel de clubes. Será recordado como uno de los mejores jugadores de la historia de la Premier League, artífice de un dominio indiscutible como el líder del mediocampo del Manchester City campeón de seis títulos en 7 años. Su impacto también se extiende a sus pasos por la Bundesliga y la Serie A. Pero en la Selección de Bélgica la historia no es tan lineal.
El camino del futbolista surgido en Genk en la Copa del Mundo estuvo atravesado por ser parte de una generación inéditamente talentosa para la historia de su país, junto con Eden Hazard, Thibaut Courtois, Romelu Lukaku, Vincent Kompany, Jan Vertonghen y Toby Alderweireld, entre otros. Este grupo estaba llamado a grandes cosas en la escena internacional, y aunque sus logros ciertamente tienen mucho mérito, sus fracasos han sido igual de sonados.
De cara a su cuarto y presumiblemente último Mundial (cumplirá 35 años durante el torneo), al hoy jugador de Napoli ya no lo acompañan muchos de los laderos de aquella camada, marcada más por los escándalos extrafutbolísticos que por lo hecho en la cancha. Pero junto a un grupo más joven y sin el peso de las ambiciosas predicciones pasadas, el volante tiene una oportunidad más para demostrar que su técnica y visión de juego siguen más que vigentes en Estados Unidos, México y Canadá.
Poniendo a Bélgica de vuelta en el mapa
Cuando De Bruyne arrancó su carrera internacional, poco después del Mundial 2010, Bélgica atravesaba un período difícil en su fútbol. Tras no faltar a ninguna Copa del Mundo en los 80 y 90, no pudo superar la fase de grupos en 1998 y 2002, y luego ni siquiera consiguió clasificar a los dos siguientes. En el centro de la cuestión, además de una falta de talento, había una cuestión cultural: una falta de conexión e identificación entre los jugadores de la región flamenca y la francófona del país, que reflejaba una problemática más general en la sociedad belga.
Entonces una joven promesa, el mediocampista emergió en los Diablos Rojos junto a un nuevo grupo de futbolistas que aspiraban a mejorar el tercer puesto obtenido en México 1986. Con el liderazgo de Marc Wilmots, un referente de los años 90 que tendió puentes dentro del plantel al comunicarse en ambos idiomas, se consiguió el regreso a una cita mundialista después de 12 años en unas cómodas eliminatorias europeas. Y a medida que se fue acercando el torneo, cada vez más integrantes de esa generación fueron poblando los grandes clubes de Europa: De Bruyne, Hazard y Lukaku habían llegado a Chelsea, Vertonghen y Mousa Dembelé hicieron lo propio en Tottenham, Thomas Vermaelen y Kompany llevaban 6 años en Arsenal y Manchester City y Courtois y Alderweireld fueron campeones de España con Atlético de Madrid.
De este modo, Bélgica arribó a Brasil 2014 con una de las convocatorias más jóvenes de entre los participantes, y su impacto fue sumamente alentador. Los de Wilmots superaron cómodamente un grupo que compartieron con Argelia, Rusia y Corea del Sur, con lo cual regresaron a los octavos de final de un Mundial por primera vez en tres décadas. Tim Howard ensayó una resistencia feroz en el arco de Estados Unidos y estableció un récord de 16 atajadas, pero fue el propio De Bruyne el encargado de romper el cero en el tiempo extra, con un derechazo cruzado que el guardameta no pudo contener, en un eventual triunfo por 2-1.
El camino belga terminó en los cuartos de final, en un cerrado 1-0 a manos de Argentina, pero el mensaje había sido enviado: los Diablos Rojos habían vuelto a las primeras planas del fútbol mundial, y habían llegado para quedarse allí durante muchos años. La única pregunta restante era cuán lejos podía llegar De Bruyne y compañía para alcanzar el enorme potencial que habían demostrado.
Rusia 2018: la confirmación
Poco después de su primera experiencia mundialista, la carrera internacional del volante pareció sacudirse con un inesperado escándalo, con la revelación de que Courtois estaba saliendo con quien era entonces su novia. Cuando se desató la controversia, Wilmots le preguntó al jugador si el guardameta debía dejar de jugar en el equipo, pero eligió perdonarlo: "No creo tener el derecho para decir que no puede jugar más para la selección por haber hecho algo equivocado. Por supuesto, sigue siendo un buen arquero, así que dije que se podía quedar".
El ruido había sido momentáneamente callado, pero dentro de la cancha, a medida que el perfil de los futbolistas crecía, también lo hacían las expectativas. En la Eurocopa de 2016 llegó el primer gran golpe de esta generación, donde volvieron a alcanzar los cuartos de final en Francia, pero cayeron a manos de Gales, la gran sorpresa del torneo, por 2-0. Aquel cimbronazo le costó el trabajo a Wilmots, y en su lugar llegó el español Roberto Martínez con otra medida para garantizar la unión en el plantel: mientras él sea el seleccionador, sus jugadores se comunicarían entre sí en inglés, ni en francés ni en flamenco.
Esa determinación dio frutos de inmediato. Con gran parte de su plantel en su pico de rendimiento, y un De Bruyne que ya era una estrella de la Premier League, Bélgica clasificó sin problemas a Rusia 2018, y también superó con autoridad su grupo tras vencer a Panamá, Túnez e Inglaterra. Y tras evitar otro desliz de manera agónica contra Japón, donde levantaron un 0-2 para ganar 3-2 sobre el final, llegó la mejor hora del equipo en general y el mediocampista en particular ante Brasil en los cuartos de final. Ante quien era el máximo candidato a hacerse con el torneo, el jugador de Manchester City tuvo una actuación descomunal, que culminó con un auténtico golazo desde el borde del área en un histórico 2-1 para volver a semifinales de un Mundial tras 32 años.
Francia marcó el final del camino para los Diablos Rojos, que a pesar de dominar el encuentro no pudieron tumbar a Hugo Lloris y se fueron con una derrota por 1-0, pero en el partido por el tercer puesto volvieron a vencer a Inglaterra en otra performance de altísimo nivel para quedarse con la medalla de bronce, con la que igualaron su mejor posición histórica en Copas del Mundo. Las estrellas belgas habían dejado su huella en la historia del torneo, pero el futuro no les depararía un período de dominio, sino todo lo contrario.
Qatar 2022: Peleas internas y debacle
Rápidamente, a partir del logro del bronce, la demanda por un oro para consagrar el proceso de esta generación se volvió constante, incluso ensordecedora. Los primeros cuestionamientos severos llegaron, de hecho, en la siguiente Eurocopa, disputada en 2021, donde el equipo de Martínez volvió a alcanzar los cuartos de final antes de caer con el campeón Italia. Por tercer torneo al hilo, los Diablos Rojos se habían despedido de un torneo a manos de un eventual finalista, pero fueron la manera de aquella derrota, la insistencia con algunos nombres que ya no rendían al mismo nivel y los destellos que mostraron suplentes como Leandro Trossard y Jeremy Doku los factores que acrecentaron las críticas.
En el medio, el rol en el equipo de Kevin de Bruyne no era cuestionado, a medida que vivía su mejor período a nivel clubes en la Premier League. Pero su liderazgo, especialmente a partir del retiro internacional del capitán Vincent Kompany en 2019, comenzó a ser puesto en tela de juicio. Las tensiones llegaron a su pico cuando, en la previa del Mundial 2022, el propio jugador hizo unos comentarios desconcertantes al ser consultado por las posibilidades de consagrarse: "No hay chances, somos muy viejos. Creo que nuestra chance era en 2018. Tenemos un buen equipo, pero está envejeciendo. Perdimos algunos jugadores clave. Tenemos otros buenos jugadores que están surgiendo, pero no están al nivel de otros en 2018. Nos veo más como bestias negras".
Bélgica abrió su participación en Qatar con una victoria por 1-0 sobre Canadá, pero eso no impidió una reacción furiosa tanto hacia afuera como hacia adentro del equipo. Las declaraciones cayeron muy mal entre varios compañeros, particularmente Vertonghen, que al término de la caída por 2-0 ante Marruecos en el segundo encuentro lo hizo saber públicamente: "Supongo que atacamos mal porque también somos demasiado viejos adelante. Hay muchas cosas que se me pasan por la cabeza y que es mejor no decir, o al menos no fuera de los vestuarios. Es muy frustrante lo de hoy".
Incluso el propio Martínez, lejos de calmar las aguas, reconoció los problemas en el vestuario “Sí, hay tensiones en el grupo, pero es normal. Los jugadores vienen juntos desde hace mucho tiempo. Es como una familia. En toda familia hay tensiones, sino no hay emociones”.
La paz nunca llegó. Ante la necesidad de superar a Croacia para avanzar a los octavos de final, el equipo no pudo vulnerar el arco de Dominik Livakovic en una noche para el olvido, en especial para De Bruyne, Hazard y Lukaku. La eliminación en la fase de grupos llegó como un mazazo para una generación que se despedía sin plasmar en el plano internacional su enorme talento y trascendencia en el fútbol de clubes, aún a pesar del tercer puesto obtenido cuatro años antes. Y por si fuera poco, ocurrió en el marco de un escándalo y acusaciones cruzadas.
Poco a poco, los laderos históricos del mediocampista, como Vertonghen, Alderweireld, Hazard y Mertens fueron abandonando la selección. Pero él, aún con las lesiones que lo aquejaron en los últimos años, sigue brillando en la elite del fútbol europeo, y también sigue insistiendo en dejar a Bélgica en lo más alto. Cuatro años después de sus polémicos comentarios sobre el nivel de su propio equipo, está rodeado hoy de un grupo que no está atado a la enorme presión de sus coetáneos, pero que hoy compite con asiduidad en los grandes escenarios gracias a quienes vinieron antes. Su misión será guiarlos para mantenerse allí.
