LOS ÁNGELES (Enviado especial) -- River Plate llegó a a la Copa del Mundo de Clubes. Un día antes de su segundo partido en el campeonato, el pueblo riverplatense hizo su irrupción estelar en el Mundial, con un banderazo a la altura del acontecimiento que alteró la normalidad de las playas californianas.
Los días en Seattle fueron tranquilos y sosegados. La distancia con la ciudad del noroeste de Estados Unidos y sus costos elevados fueron grandes obstáculos para que los hinchas acompañaran al equipo con la intensidad y la masividad que requiere esta circunstancia. Esto cambió en Los Angeles, donde River armó su fiesta previa en Venice Beach, en el centro de la ciudad.
La soleada California parece un destino mucho más adecuado para las celebraciones populares que la gris Seattle. Además, esta zona del país, por su ubicación geográfica y también por su historia, es más cercana a la Argentina. Aquí viven una gran cantidad de compatriotas o al menos pueden acceder de forma más simple.
El clásico banderazo anterior a cada partido se llevó a cabo en Venice Beach, donde un gran número de hinchas de River tomó por asalto las arenas. Los turistas locales vieron interrumpido su descanso por los bombos, las bengalas y los cantos riverplatenses. Algunos se sumaban a la fiesta con alegría y otros miraban con extrañeza y tal vez temor. Todo transcurrió en paz y alegría.
La mayoría de los hinchas que estuvo en la playa y que el sábado presenciará el partido ante Monterrey en el Rose Bowl llegó para esta segunda jornada y viajará también para el choque ante Inter otra vez en Seattle. Es decir que el apoyo que tuvo River ante Urawa Red Diamonds en el debut será superado con amplitud en sus próximas presentaciones. La facilidad logística para armar la travesía de este modo es la principal razón de esto.
"Vinimos desde Madrid solo para el Mundial", afirmó Jorge, quien llegó este mismo viernes con sus dos hijos desde la capital española. También, desde luego, se vieron decenas de grupos de amigos que se organizaron desde Argentina para acompañar al equipo como lo hacen todos los domingos en el Monumental. La diversidad es habitual en este tipo de competencias: hay argentinos emigrados que aprovechan la oportunidad para saborear un poco de patria gracias al fútbol y también viajeros de ocasión.
El banderazo comenzó puntual, a las cuatro de la tarde tal como estaba programado. A las cinco ya era una multitud que celebraba el simple hecho de ser de River y al mismo tiempo enviaba su aliento a los jugadores, que se entrenaron a varios kilómetros de estas playas. Se repitió la escena con banderas como en el estadio y también hubo un telón gigante: "A donde vayas siempre con vos".
El aliento duró más de dos horas. Cuando comenzó el partido de Boca ante Bayern Munich aún continuaba la fiesta y se gritó el gol de Harry Kane con fuerza pero serenidad, como si todos supieran que lo importante vendrá el sábado. Que si River falla, la alegría por la derrota ajena será pasajera.
El estadio Rose Bowl está en Pasadena, a más de una hora del océano. Los Ángeles es una ciudad inmensa, en la que es muy difícil moverse con fluidez. El plantel trabaja y está alojado en esa zona, menos céntrica y más tranquila. La mayoría de los hinchas eligió quedarse en barrios más cercanos a las atracciones típicas de esta célebre ciudad. Solo irán el día del partido, cuando se espera una multitud muy superior a la del debut en el inmenso estadio Rose Bowl.
En este Mundial en el que los sudamericanos ponen el fútbol en la cancha y el color en las tribunas, River no podía ser menos y ya tiene a su gente firme en el corazón de los Estados Unidos. Ya su hinchada ha revolucionado la monotonía californiana. Ahora, es turno del equipo devolver la pared desde el campo de juego.
