Tigres ofreció un partido casi perfecto y Chivas agotó sus recursos y al final los récords que pretendían igualar o superar enriquecen el anecdotario de los “Ya Meritos”.
LOS ÁNGELES -- Chivas se deshizo en errores y Tigres se rehízo en esos errores. El 4-1 felino es una contundente recriminación para desaciertos defensivos del Guadalajara, correctamente firmados por Juan Brunetta (2), Ángel Correa y el Búfalo Aguirre.
Chivas mantuvo su estilo. Desde el agobio del 1-0, hasta el impío 4-1. Buscó siempre, intentó siempre, propuso siempre, pero la solidez defensiva de Tigres, con un impecable y rocoso Joaquim, que no sólo secó físicamente a la Hormiga González sino colaboró con cierres y relevos, que lo erigen como el mejor jugador en la cancha.
Sin vestigios del eventual reclamo físico por el partido a media semana contra Seattle Sounders, Tigres manejó el marcador y sus intereses con las pausas oportunas de intensidad y calma, intensidad y calma, para de esa manera propiciar errores en el fondo de Chivas, como el desacierto de Luis Romo en el primer gol, cuando se le cruzan los cables entre el cerebro y los pies, y lo madruga Ángel Correa.
Tigres ofreció un partido casi perfecto, similar tal vez a aquel paseo que le dio a Monterrey en la Fecha 10, aunque entonces con un discretísimo 1-0 con gol de fanfarria y rencor de Gignac al 91. Jugadores que estaban en deuda, tuvieron su resurrección. Brunetta, Aguirre y Correa ratificaron sus escarceos con el gol, y Gorriarán hasta se parecía a aquél que jugaba con Santos.
Chivas agotó sus recursos ofensivos. Cuatro de sus cinco cambios fueron con hombres en ataque. El restante, fue de Micky Tapias por lesión de Daniel Aguirre, pero precisamente su falta de ritmo, de casta y de astucia, propiciaron el terreno abierto para el segundo gol de Brunetta y el cuarto en el epitafio rojiblanco.
Dicen los entrenadores que siempre hay partidos de desperdicio, indeseables, pero inevitables. ¿Sería este el del Guadalajara? Sería injusto para la forma en que Tigres apostó a la intensidad durante 100 minutos. Pero, también, las equivocaciones en la marca o al perder balones en salida, como el “lapsus mentepcatus” de Romo en el 1-0, al evidenciar su incapacidad de reacción ante el asedio.
Po otra parte, ya Pumas había entregado públicamente la semana pasada un tutorial de los principios básicos para jugarle a Chivas: intensidad y roce. Incluso, apenas al minuto 8, El Bufalo Aguirre hizo los méritos para una tarjeta roja, tras asaltar al Oso González, con una despiadada plancha sobre la pierna derecha. Pero, en el Volcán, arrugaron el árbitro Maximiliano Quintero y el VAR. Cobardía premiada con otra cobardía.
Chivas sólo escatimó un recurso, pero, sin duda, la doble barrera felina incurrió para impedirlo: el disparo de media distancia. Y quien más se atrevió, Brian Gutiérrez, encontró en el fondo, las reminiscencias de serenidad y colocación de Nahuel Guzmán.
A la ofensiva, poco pues que recriminarle a Chivas, en cuanto intentos, generación y constancia, pero los errores en el fondo, en la salida, o en el manejo individual, terminaron siendo su Némesis, y además fulminantemente aprovechados por la estatura futbolística de los atacantes felinos.
Y claro, los Rojiblancos pueden ampararse en su lista de explicaciones, en esa roja que el cuerpo arbitral le perdonó a Aguirre, al masacrarle la pierna al Oso González. Pero, así como le privaron de esta, le obsequiaron un penalti ante Pumas. La Ley del Talión en manos del decadente arbitraje mexicano.
Y al final, la serie de récords que pretendían igualar o superar, tanto Chivas como la Hormiga González, terminaron por enriquecer el anecdotario rojiblanco de los “Ya Meritos”.
La victoria permite a Tigres mantenerse en zona de Liguilla para seguir defendiendo el boleto bajo sus propios términos, mientras que Chivas se mantiene como líder general a pesar de la derrota.
Para cerrar el torneo, Guadalajara jugará de local sus tres partidos; Puebla, Tijuana y Necaxa, porque, ya se sabe, Aguascalientes es tierra del Rebaño. Tigres en tanto, viaja a Seattle en la Concachampions, y recibe a la fauna menor del torneo: Necaxa, Atlas y Mazatlán.
