El destino vuelve a poner a Luis Ángel Malagón de frente a la adversidad, al perderse el Mundial 2026 por una lesión y volver a poner a prueba su fortaleza mental e historia de resiliencia
MÉXICO.- El destino vuelve a poner a Luis Ángel Malagón de frente a la adversidad. El portero de América se perderá el Mundial 2026 por una ruptura del tendón de Aquiles. El sueño de jugar una Copa del Mundo que empezó a forjarse desde que Enrique Meza lo debutó en una Copa MX de 2016 como jugador de Monarcas Morelia queda truncado.
Pero si algo tiene el zamorano es que no se rinde ni en situaciones deportivas ni en casos personales. El guardameta de 29 años ha demostrado ser resiliente y sacarle provecho a todas las etapas de su vida para seguir creciendo.
Malagón se recuperó del despido de Santos
Luis Ángel Malagón inició en las fuerzas básicas del Santos. Tenía 12 años cuando se puso la playera de Los Laguneros; pero el club lo corrió “por indisciplina” debido a su inmadurez.
Contó Malagón a ESPN en agosto de 2020 que por andar de noviero llegaba a la hora límite a la casa que el club tenía destinada para los jóvenes, sin contar con el permiso de sus padres. “Ellos tenían que enviar un correo y no lo hacían. No había internet en la casa, pues comíamos o no comíamos. La situación económica no era fácil”.
Pese al despido, no decayó y fue a jugar a su tierra, donde se le abrió la puerta del Real Zamora, de la Tercera División. Fue campeón en la categoría, pero ni aun así la directiva aceptó que volviera a Torreón.
En Michoacán ya sabían de él por el título que había conseguido; sin mucho problema, a los 16 años se integró las filas del Morelia e inició su gran historia, esa que le contó a ESPN cuando era seleccionado nacional Sub-23 y había pasado del Morelia al Necaxa con 10 partidos jugados en Primera División, en plena pandemia de Covid-19.
¿Cómo afectó a Malagón la muerte de su abuelo?
A Malagón le nació el gusto por el futbol gracias a su abuelo Gildardo Velázquez Moreno. Eran muy apegados y disfrutaban juntos los partidos, pero cuando comenzaba a ser jugador del Necaxa, don Gildardo murió de un infarto fulminante en agosto de 2020.
“Le decía a mi mamá que la noticia fue como un golpe bajo, como si me hubieran echado agua helada en la cabeza. Fue una impresión muy fuerte”, comentó. Lo bueno dentro de lo malo es que había visto a su abuelo semanas antes y aprovechó para decirle adiós casi en el lecho de muerte.
“Soy el nieto más grande y todos los fines de semana era de ir a comer con mi abuelo, ya sea al río o al barranco o a otros lugares de Zamora. Siempre será una imagen muy importante en mi vida. Por él aprendí el gusto por el futbol, por él aprendí a trabajar”, relató.
“Vivíamos en la colonia Valencia, un pueblo muy pesado de violencia, un pueblo muy 'cañón'. A todos los hermanos de mi mamá les gustaba el futbol y mi abuelo jugó. Él creó un equipo de futbol de puros niños, cuando yo tenía como seis años y uno de mis tíos nueve. Ahí es donde empecé a jugar de portero. Yo veía jugar a mis tíos; uno de ellos (Fernando Velázquez) alcanzó a jugar en Segunda División con Pachuca e Indios de Ciudad Juárez. Yo también iba a ver jugar a mi abuelo con los veteranos del barrio”, relata.
La terapia que lo ayudó contra la depresión
Otro hecho que le dolió mucho a Malagón cuando chico fue la trágica muerte de dos de sus tíos, hermanos de su mamá, hecho por el que tomó terapias con una psicóloga que le ayudó a salir adelante. Eso ocurrió cuando militaba en Morelia.
“Fue un momento muy difícil; se rompió la familia. Ellos me cuidaban de una manera diferente; eran como mis hermanos. Luego caí en depresión y ya no quería jugar al futbol. Un día el profe Meza y Eugenio Villazón me aconsejaron ir con una psicóloga; les di por su lado, pero desde el minuto uno hice clic con ella y no sabes cómo me ayudó en todos los sentidos, en la confianza, en la superación, en entender los momentos y no juzgar nada”, señaló.
Señaló Malagón que gracias a la psicóloga y a su disposición dio un gran paso en su vida personal y profesional. Fueron cuatro años de terapias por el caso de sus tíos y tiempo después también por la partida de su querido abuelo.
El sueño de Malagón que truncó una lesión
Luis Ángel Malagón reveló en agosto de 2020 que su sueño era llegar a un Mundial y en un futuro ser el presidente de México o Zamora, Michoacán, pero decía que “no se deben adelantar los tiempos”.
Esperaba que las cosas se fueran dando poco a poco, así como se dio su debut en Primera División en 2019 y su llamado a la Selección Sub-23 para participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 y los Juegos Panamericanos Lima 2019.
“Creo mucho en Dios y sé que pone y acomoda los tiempos a su medida y a su modo, de ahí la frase de ‘los tiempos de Dios son perfectos’. Uno de mis sueños es jugar un Mundial y sé que se dará en algún momento”.
“De todas maneras yo me visualizo en llámese Qatar 2022 o en el 2026 y trabajaré para estarlo, pero si no me toca que en mí no quede y ya será cuestión de los encargados… Sé que en algún momento se me va a dar la oportunidad y cuando llegue habrá que aprovecharla”, agregó Luis Ángel Malagón.
“México nunca va a sufrir por arqueros; siempre va a ser una cantera y cuna importante de grandes porteros”, agregó.
La mentalidad, la mayor cualidad de Malagón
Cuando Malagón llegó a las fuerzas básicas del Morelia, Abdón Calderón era el entrenador de porteros en el primer equipo que dirigía Enrique Meza.
“Tenía 16 años y fue integrado a la categoría Sub-17. Desde jovencito se veían sus aptitudes de buen portero. Venía de ser campeón en su ciudad natal (Zamora). Cuando llegó me llamó la atención, pues yo iba a ver a los chavos de básicas. El profe Meza una vez me dijo que quería que jugáramos la Copa con porteros jóvenes del club, pues veía que había buen talento. Entonces le comenté que había un chavito abajo con muy buenas condiciones y que sería interesante subirlo. ´Si usted me autoriza lo subimos y le damos seguimiento’ y aceptó.”.
Desde ese día Malagón se unió a los entrenamientos, al lado de otro joven, Juan Pablo Chávez, y de Felipe Rodríguez, ya que Cirilo Saucedo, quien era el titular, estaba lesionado.
Señala que aunque trabajó solo dos años con Malagón se dio cuenta de la clase de mentalidad que tiene, algo que a su juicio suele ser más importante que las mismas aptitudes técnicas.
“Ángel no era un portero del que uno pueda verlo y decir: ‘es un portero muy elegante, un portero con condiciones estratosféricas’, no. Era un portero normal, pero trabajaba espectacular, con una excelente reacción. Me parece que puede estar en el top tres de toda la gente que entrené en mis 30 años de experiencia, en cuanto a reacción. Mentalmente son fuertes; ese es el caso de Ángel Malagón”, afirma Abdón Calderón, quien hasta hace dos meses fuera entrenador de porteros en la Selecciones Menores de México.
Considera que lo mejor que tiene Malagón es su mentalidad y por eso es capaz de sobreponerse a una fuerte lesión como la que sufrió con América ante Philadelphia, dentro de la Concacaf Champions Cup en Estados Unidos. “Me acuerdo que cuando lo veía entrenar se la pasaba muy bien, como un estilo Jorge Campos en su forma. Era bromista, siempre alegre; parecía que disfrutaba mucho el juego. Nunca lo vi sufrir. Estoy convencido que cuando regrese a las canchas lo hará como siempre de bien, fuerte y mirando hacia adelante”, dijo el entrenador de porteros.
