El 8 de marzo de 2005, el Barça fue eliminado por el Chelsea en los Octavos de Final de la Champions en el que se recuerda como el primer capítulo de una guerra entre Jose Mourinho y el club azulgrana que se recrudecería con el paso del tiempo.
Tras vencer al club inglés con marcador de 2-1 en el Camp Nou, el cuadro catalán fue derrotado 4-2 en Londres. Han pasado 15 años de una decepción enorme para el Barcelona, la primera que Ronaldinho reconoció haber sufrido como estrella del Camp Nou.
Un remate de John Terry, con Ricardo Carvalho bloqueando a Víctor Valdés, derrumbó al Barcelona en Stamford Bridge: 4-2 y a casa en su regreso a la Champions, en la segunda temporada de Ronaldinho como azulgrana y cuando el equipo volaba hacia su primer título de Liga tras cinco años de sequía.
Aquél 8 de marzo de 2005, el Barça conoció en primera persona cómo se las gastaba Mourinho al frente del Chelsea. Se cruzaron en los Octavos de Final en el que era primer curso del portugués al mando del equipo “blue” y tras una ajustada victoria por 2-1 en el Camp Nou el 23 de febrero, el conjunto de Frank Rijkaard, su director técnico en aquél entonces, se disparó en la Liga hasta llegar a los ocho puntos de ventaja sobre el Real Madrid en la Jornada 27, antes de viajar Londres para enfrentar a un rival aun más lanzado en la Premier.
El Chelsea dominaba con puño de hierro (11 puntos sobre el Manchester United) y empezaba a disfrutar de una auténtica luna de miel con su nuevo entrenador.
Aquella jornada del 8 de marzo descubrió la humanidad del Barça, que en apenas 20 minutos había recibido tres goles y, también, su fortaleza, orgullo y rebelión.
En sólo 19 minutos, el islandés Eidur Gudjohnsen, el inglés Frank Lampard y el irlandés Damien Duff habían puesto un 3-0 alucinante en el marcador. Le bastaron cuatro remates el Chelsea para dar la vuelta a la eliminatoria y abrumar a un rival desmontado, pero que resurgió con una magnificencia inesperada.
Ronaldinho y Ronaldinho. Todo en la primera parte, transformando un penalti cometido por el portugués Paulo Ferreira primero y luciéndose con un disparo en seco desde la frontal después.
El brasileño le devolvió la vida a un Barça que pasó de hundido a dominador y que tuvo el pase a los Cuartos de Final en la mano tras el descanso.
El equipo de Rijkaard dominó más y mejor a un Chelsea con el que Mourinho intentaba cerrar todas las vías de agua y buscar, al saberse contra las cuerdas, una contra que le diera el gol que le clasificase.
Entonces, llegó el fatídico minuto 76.
Terry remató de cabeza un balón colgado al área y de forma sorprendente, Víctor Valdés no hizo apenas nada para detener lo que parecía, de entrada, una jugada franca para él. ¿La razón? Carvalho bloqueó y agarró del brazo al meta azulgrana y le impidió ir por el balón. Ante el desespero e indignación azulgrana, Pierluigi Collina, árbitro italiano que dirigió el choque, no quiso saber nada, ni viendo la repetición, clamorosa, en las pantallas de Stamford Bridge.
El Barça ganaría la Champions al año siguiente, en París y frente al Arsenal, pero en el grupo de Rijkaard, en la plantilla de Ronalidnho, el camerunés Samuel Eto’o, el meicano Rafael Márquez (ausente en Londres por lesión), Carles Puyol, el brasileño Deco, Xavi o Valdés, siempre quedó la agria sensación de haber sufrido un atraco mayúsculo en Stamford Bridge.
Quince años se cumplen de ello, en puertas de una eliminatoria aún por decidir frente al Napoli y que, como tantas veces, enseña al Barça que los favoritismos de papel suelen ser papel mojado.
