BARCELONA -- Ernesto Valverde celebró sin aspavientos su segunda Liga el sábado por la noche y madrugó este domingo, jornada de fiesta, para acercarse al Miniestadi, donde cerca de 13 mil aficionados empujaron al equipo femenil del Barcelona hacia la primera clasificación de su historia a la final de la Champions.
Se tomó el día festivo con tranquilidad el entrenador sin atender a la catarata de elogios que disfrutó por este segundo título consecutivo ni dándole más trascendencia a una sentencia que ya es clamor alrededor del Camp Nou: el vestuario está con él pero, más importante, el ‘10’ está rendido a su gestión.
No es una cuestión menor, tratándose de Messi. Poco hablador pero claro cuando se coloca frente a un micrófono, el capitán le dio el espaldarazo a su entrenador en Sevilla, después de golear (1-4) en el Villamarín al Betis y salir ovacionado por la hinchada local.
“El míster leyó muy bien el partido; tácticamente estuvimos perfectos” proclamó aquel 18 de marzo Leo. “Sin la pelota estuvimos ordenaditos y saliendo bien al contragolpe. Hay que saber adaptarse”, cerró.
Adaptarse, algo que el Barça consigue atendiendo cualquier tipo de partido. Y que le ha llevado a ganar dos Ligas antes de tiempo y siendo líder en 67 de las 73 jornadas jugadas bajo el mando de Valverde. Al acabar el campeonato habrán sido 71 fechas de 76, un 93,4 por ciento de las jornadas. Simplemente una bestialidad.
A todo ello Valverde ni se molesta en tomar un papel protagonista. La Liga es de los suyos, de los jugadores, empezando por Messi, el mayor coleccionista de títulos en azulgrana y que probablemente vive un idilio con su entrenador que no disfrutó desde la etapa del añorado Tito Vilanova. Y gestionando el vestuario con tanta agilidad como mano izquierda, sin necesidad de levantar la voz, el técnico disfruta del favor general de una plantilla encantada con sus maneras.
No es solo el discurso de Messi. Rakitic y Busquets coincidieron el sábado en elogiar la dirección del entrenador y el vestuario está a su lado de manera inequívoca. “Los jugadores creen en él y eso es fundamental” explicó a ESPN una persona muy cercana a la plantilla, sentenciando que la relación tanto profesional como humana entre el cuerpo técnico y los jugadores “es perfecta”.
Ni los futbolistas que no disfrutan de minutos levantan la voz o se quejan. Samper se marchó en enero a Japón sin afearle al entrenador que no le diera bola, Denis se fue a Inglaterra de la misma manera y hasta Munir dejó el Camp Nou sin una mala palabra por los pocos minutos que le concedió Valverde en la primera parte del curso. Ahora, ni de Malcom ni de Murillo o de Boateng se conocen quejas en el vestuario, donde solamente se sabe el disgusto con que acogió Cillessen su suplencia en el Bernabéu, en el partido de Copa para que el aceleró su recuperación y del que quedarse fuera le sentó fatal.
LA GESTIÓN DEL CRACK
Pocas maneras más claras para explicar la buena sintonía entre Messi y Valverde que atender a los descansos del crack, que en estas dos últimas temporadas ha sido suplente casi tantas veces como en las cinco anteriores. Ante el Levante rosarino enlazó su segunda suplencia consecutiva, lo que no ocurría desde enero de 2014, y ya ha comenzado hasta 13 partidos desde el banquillo.
Con cinco partidos por delante hasta acabar el curso, que pueden ser seis si se clasifica el Barça para la final de la Champions, no es descartable que una vez sentenciada la Liga Messi pueda volver al banco o ni jugar ante Celta, Getafe o Eibar. De volver a jugar un partido entrando desde el banquillo, el argentino sumaría ocho partidos en esas condiciones, lo que no ocurría desde la temporada 2005-06, su segundo curso en el primer equipo.
Entre 2014 y 2017, durante la dirección de Luis Enrique, Messi jugó un total de 158 partidos y de ellos solamente fue suplente en cinco: uno en la temporada 2014-15 (el famoso de Anoeta) y dos tanto en la 2015-16 como en la 2016-17. En dos años con Valverde y habiendo jugado 99 partidos a sus órdenes, el argentino ha sido suplente en 13 ocasiones. De un 3,16 por ciento de suplencias con Lucho a un 13,1 con el Txingurri…
“Messi entiende la exigencia que hay, como todos, y sabe que se debe dosificar”, explicó este sábado, con total normalidad, el entrenador azulgrana, interpelado por ESPN respecto a ese aumento considerable en los descansos del capitán.
Lo hizo 25 días después de que, en la previa del partido del Barça en Villarreal, admitiera que “no hay escenario idóneo para dosificar a un jugador como Leo”, aunque también allí le sacase del plano… Para darle entrada en una enloquecida y salvadora recta final. De los siete partidos disputados en abril, el argentino fue suplente en tres (Villarreal, Alavés y Levante), un hecho desconocido en años pasados.
En los últimos trece años, hasta esta suplencia ante el Levante, Messi había enlazado dos partidos en el banquillo solamente siete veces y en cuatro de ellas fue tras recuperarse de alguna lesión. Desde que jugó 28 minutos frente al Getafe y 45 ante el Atlético saliendo desde el baquillo en enero de 2014, con Gerardo Martino como entrenador, no había vuelto a encadenar esos dos encuentros alejado del once titular.
