BARCELONA -- José Luis Núñez siempre persiguió, sin conseguirlo a menudo, la consolidación de un Barça de autor a través de sus entrenadores. De la escuela alemana a la argentina y de ahí a la holandesa, pretendió que el equipo azulgrana se hiciera tan indiscutible como diferente. Su obra, en este aspecto, quedó marcada por la época de Johan Cruyff, una apuesta contra su propia lógica pero que, a fin de cuentas, fue la mejor de sus decisiones.
Once entrenadores tuvo el Barcelona entre 1978 y 2000, además de otros dos (Romero y Rexach) interinos en momentos puntuales. De todos ellos solamente Menotti dejó el equipo por decisión propia, además de Van Gaal que lo hizo en solidaridad con la renuncia del presidente, en una larga etapa con muchos títulos… Y no pocas polémicas.
Lucien Muller, ex futbolista del club y cuya experiencia en los banquillos se limitaba a Castellón, Burgos y Zaragoza, fue su primera elección, en 1978. Permaneció apenas 9 meses en el cargo, despedido tras ser eliminado el Barça en la Copa del Rey por el Valencia, que le goleó por 4-0 en Mestalla.
A Muller le sucedió un hombre de la casa, Joaquim Rifé, bajo el mando de quien se conquistó aquella temporada la Recopa pero fue despedido un año después, en abril de 1980 tras ser eliminado el equipo en el mismo torneo continental por… el mismo Valencia.
Helenio Herrera, personaje legendario en la década de los 50 del pasado siglo, fue la solución de urgencia con que se acabó aquella temporada 1979-80 y al que siguió la primera gran apuesta de Núñez, el también legendario Lasdislao Kubala, que abandonaba su cargo al frente de la selección española.
Kubala apenas permaneció cuatro meses en el cargo, cesado tras un doloroso 0-4 ante el Colonia en el Camp Nou y sucedido, como emergencia otra vez, por Helenio Herrera, que cerró su segunda breve etapa ganando la Copa del Rey y viendo como la Liga se escapaba por el secuestro de Quini.
Udo Lattek, técnico de excepcional prestigio en Alemania, donde hizo campeón de Europa al Bayern y de la UEFA al Borussia Mönchengladbach fue el elegido en el verano de 1981. Su forma de trabajar chocó con el carácter de muchos jugadores y aunque ganó la Recopa, perdió una Liga que tenía en el bolsillo en un fin de curso lamentable. Comenzó la siguiente temporada ya tocado… Y en marzo de 1983, tras una derrota en el Camp Nou frente al Racing de Santander y un empate en Viena fue despedido.
César Luis Menotti le sucedió en el banquillo. Avalado por Maradona y su papel como seleccionador campeón del Mundo en 1978, el argentino acabó aquel curso y ganando la Copa del Rey al Real Madrid y completó el siguiente…
Rechazando su continuidad en primera persona por las dificultades que observaba en la dirección de la plantilla por las ingerencias del presidente.
Terry Venables, inglés semidesconocido pero apadrinado por Bobby Robson fue entonces la elección de Núñez. El presidente le dio libertad al nuevo entrenador, de lo que se arrepentiría después por no haber fichado a Hugo Sánchez, y le mantuvo en el cargo hasta septiembre de 1987, cesándole tras una derrota frente al Valencia. Un ejecutor de entrenadores implacable…
En sus poco más de tres temporadas en el cargo Venables conquistó una Liga y perdió la final de la Champions ante el Steaua de Bucarest, un drama que se tardó años en superar alrededor del Camp Nou y que nunca llegó a olvidarse.
Luis Aragonés fue el remedio de urgencia en aquel momento. Leyenda ya del Atlético de Madrid y años antes de alcanzar la eternidad como seleccionador, el técnico de Hortaleza vivió un curso muy convulso, cerrado con la conquista de la Copa del Rey pero que no tuvo continuidad al apoyar a la plantilla en el famoso Motín del Hesperia, en que los jugadores pidieron la dimisión del presidente.
CRUYFF. PUNTO Y APARTE
Puesto contra las cuerdas por la opinión pública y en su momento más bajo de popularidad, Núñez decidió apostarlo todo por Johan Cruyff, al que fichó para la temporada 1988-89 y con el que vivió una relación tan convulsa como histórica hasta su despido en mayo de 1996.
Revolucionario y osado a partes iguales, Cruyff impuso una personalidad futbolística muy marcada en el Barça, dando lugar al Dream Team, ganando cuatro títulos de Liga consecutivos y la ansiada Champions en 1992. El final del Dream Team, sin embargo, fue doloroso y duro en el Camp Nou y acabó provocando el despido del técnico holandés, que para entonces ya era personaje indiscutible en el entorno del club.
Bobby Robson, con quien mantenía relación Núñez desde muchos años antes, fue el elegido para intentar sobrevivir al cruyffismo. Lo hizo a duras penas, manteniéndose solo un año en el cargo, ganando Copa, Supercopa y Recopa en aquella temporada 1996-97 pero sabiendo pronto que su sucesión estaba lista en los despachos.
El sucesor debía retomar la filosofía de cruyffista pero sin ser Cruyff. Y fue el último personaje de la época de Núñez. Louis van Gaal, campeón de Europa con el Ajax en 1995 y enemistado de forma notoria con Johan, fue el último entrenador de José Luis Núñez.
Permaneció tres temporadas, ganando dos títulos de Liga, y solventó dimitir cuando conoció la renuncia del presidente a pesar de tener contrato en vigor. Ahí acabó todo.
