Barcelona y Real Madrid enfrentarán este sábado en Miami su primer Clásico fuera de España por primera vez en 35 años. Pero si en aquella ocasión, en 1982, el duelo que se disputó en Barquisimeto fue prácticamente invisible, el que se juegue ahora en el Hard Rock Stadium será un evento de alcance planetario y de un impacto mediático fuera de lo común.
Stephen Ross, dueño de los Miami Dolphins y creador de la ICC en 2013, es el principal artífice de este enfrentamiento al que empezó a dar vueltas en el verano de 2016 y que en octubre era una quimera. “No es un partido simple” le contestó Josep María Bartomeu desde Barcelona, en una respuesta similar, de entrada, a la de Florentino Pérez desde Madrid. Pero la tenacidad de este hombre de negocios convirtió las dudas en convencimiento.
De la incomodidad de la derrota en un Clásico fuera de competición se pasó a la visibilidad mediática del partido. Cuatro años después de comenzar el torneo se entendía poco menos que obligado darle el empaque definitivo con un choque entre los dos colosos a disputar en un estadio especial y ofreciendo todas las comodidades posibles a los dos clubs.
Así comenzó a fraguarse “un sueño” en palabras de Ross, quien en diciembre, sin que lo supiera apenas nadie, viajó a España para concretar la idea. Matt Higgins, su socio, explicó cómo lo consiguieron. “Veníamos trabajando desde hacía mucho tiempo y para atar cabos sueltos aterrizamos en avión privado el uno de diciembre en Madrid y nos entrevistamos con Florentino Pérez. Al día siguiente estábamos en Barcelona reunidos con Bartomeu. Les explicamos y detallamos lo que queríamos hacer. Y recibimos el sí” detalló Higgins en una entrevista al Nuevo Herald, ya en marzo, cuando se presentó el encuentro.
Al día siguiente se disputó en el Camp Nou el Clásico liguero que terminó con 1-1 y que impactó absolutamente, por la pasión que descubrieron, a Ross y sus acompañantes en el estadio azulgrana. “Allí, entonces, ya nos convencimos de que no iba a ser un solo partido más, sino que sería el partido más importante jugado en la historia del torneo” sentenció Higgins.
IMPACTO ECONÓMICO
Cuando, antes de conocerse cualquier calendario, el Barcelona confirmó en el otoño de 2016 su disposición a volver a los Estados Unidos durante la pretemporada, los departamentos de marketing y financiero valoraron dicha gira en un beneficio aproximado de 10 millones de euros, algo más de lo que había ingresado en 2015, cuando jugó en Pasadena, Santa Clara y Washington.
Pero la disputa del Clásico disparó todas las expectativas, tanto en el Camp Nou como en el Bernabéu. “Será el partido de fútbol con mayor impacto en Estados Unidos desde el Mundial de 2014” aseguró Charlie Stillitano directivo de la organización de la ICC, mientras que el vicepresidente del Barça, Manuel Arroyo, consideró el partido “una oportunidad única”.
“Es muy fácil aceptar una oferta así en Miami porque hay una gran base de aficionados” solventó el dirigente azulgrana, convencido del éxito al recordar que en 2011 acudieron 70 mil personas al mismo estadio en un partido que el Barça disputó frente a las Chivas de Guadalajara.
De esos 10 millones de euros en 2015 se pasó a los 14 millones de ingreso total en esta gira de 2017, por el peso mediático que suponía la disputa de este Clásico y que ha acabado superando todas las expectativas.
Miami acoge un partido soberbio, un duelo que, lo avisó Kempes, “nunca es amistoso”. Pocos días antes de la disputa de la Supercopa de España entre ambos equipos, la casa de los Dolphins será sede de un choque de colosos llamado a ser recordado.
