A 25 años del día que cambió la historia del fútbol

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BARCELONA -- El Barcelona ganó un 20 de mayo de 1992 la primera Copa de Europa de su historia. Es una fecha marcada a fuego en los libros del club azulgrana, la noche en que se alcanzó la leyenda. Muchos mantienen que fue el principio de todo… Jordi Cruyff sostiene que fue “el final”. Existe un antes y un después de Wembley. Por encima de nombres, de estrellas, entrenadores, presidentes y entornos, la Copa de Europa que ganó el Barça hace ahora 25 años cambió a un club acostumbrado a perder, cómodo en un discurso derrotista, y lo convirtió en ganador.

Único en su forma de entender el fútbol y celebrar los éxitos a través de una idea que se instaló primero en el vestuario. Y a partir del éxito en todo el club. De ahí esas dos formas de ver qué significó aquella primera Copa de Europa. Fue el final, en opinión de Jordi Cruyff, porque aquel título “acabó un camino comenzado cuatro años antes”.

Johan, su padre, llegó en el verano de 1988 a Barcelona para hacerse cargo de un equipo derrumbado en un club destruido. Le impuso su estilo, su sello, su filosofía innegociable y ese 20 de mayo de 1992 llegó a la meta soñada.

Seis años antes, un 7 de mayo de 1986, el Barça había perdido la final de Sevilla. Una final, frente al Steaua de Bucarest, que había ‘ganado’ antes de jugarse y que provocó una depresión que en los dos años siguienes arrasó todas las estructuras del club. El entonces presidente Núñez, desesperado y acorralado, lo confió todo a la figura de Cruyff en mayo de 1988. Y a partir de ahí la historia del Barcelona cambió por completo.

PERSONALIDAD

El Barça de Guardiola, liderado por Messi, es considerado, con razón evidente, como el mejor equipo de la historia azulgrana pero no se podría entender, jamás, sin la existencia de lo que se dio por llamar ‘Dream Team’, del que fue protagonista destacado el mismo Guardiola pero al que Cruyff le inyectó una personalidad que ha sobrevivido a los años y ha convertido al Barcelona en si mismo en una marca diferencial.

Wembley, aquel 20 de mayo de hace 25 años, fue el escenario en el que estalló una fiesta desconocida hasta entonces y que lo hizo después de un partido dramático, que no se decidió hasta la prórroga, a través de un obús de Koeman. “Fue el gol más importante de mi carrera” conviene el hoy entrenador del Everton, quien lanzó aquella falta cometida sobre Eusebio combinando con Bakero y Stoichkov.

“Cambiamos la realidad del Barcelona. A partir de ahí se entendió que la apuesta de Johan era la correcta, que su fórmula iba a mantenerse” recuerda Bakero, autor del milagroso gol en Kaiserslautern meses antes y que evitó, en el último minuto de aquella eliminatoria, el KO del Barça.

“El Barça perdió el miedo en Wembley y a partir de ahí se comenzó a ganar” mantiene Koeman mientras Julio Salinas, en una entrevista televisiva reconoció que fue titular “por sorpresa. Johan me lo dijo cuatro días antes de la final, sin que yo me lo pudiera esperar”, lo que demuestra la personalidad única de aquel vestuario.

La Sampdoria de Vialli, Mancini, Pagliuca, Toninho Cerezo o Lombardo, dirigida por Vujadin Boskov, llegó a la final tras imponerse en su grupo a Estrella Roja, Anderlecht y Panathinaikos. El Barça lo hizo imponiéndose a Sparta Praga, Benfica y Dinamo de Kiev.

A la final acudieron cerca de 30 mil hinchas azulgranas y otros tantos italianos, en una jornada festiva que pobló las calles de Londres y llenó el graderío del mítico estadio una hora antes del comienzo. “Cuando salimos a calentar pensé que no podíamos perder. Era nuestro día” aclaró en una entrevista a Catalunya Ràdio Pep Guardiola, quien reconoció que la famosa frase de Cruyff, “salid y disfrutar” no hizo mella personalmente en él “porque estuve todo el partido my nervioso”.

Probablemente tanto como lo estuvieron los hinchas de un club que no olvidaban la maldición que parecía perseguir a ese Barça que había perdido en 1961 por 3-2 contra el Benfica después de estrellar hasta tres remates en la madera y marcarse un gol en propia puerta y que, también, había caído en 1986 contra el Steaua en la tanda de penalties.

Muchos hinchas que habían acudido a la final de Sevilla estuvieron también en Londres. Algunos incluso sollozando en las gradas de Wembley por los nervios de una derrota temida primero y llorando después al celebrar el gol de Koeman. Ese minuto 111 eterno en la memoria que cerró el círculo y catapultó al Barça hacia el futuro.

Dos años antes, en 1990, el Barcelona había ganado en Valencia una final sin vuelta atrás. La de Copa del Rey frente al Real Madrid de la Quinta del Buitre y Hugo Sánchez que salvó a Cruyff de un despido que se contemplaba muy seguro. Había sido el momento más delicado y a partir del cual cambió el mando del fútbol español para pintarse de azulgrana.

Zubizarreta, Ferrer, Nando, Juan Carlos, Koeman, Guardiola, Bakero, Eusebio, Laudrup, Stoichkov y Julio Salinas formaron una alineación a la que se añadió en la segunda mitad Goikoetxea y Alexanko en la parte final de la prórroga, tras el gol definitivo de Koeman.

Una final en la que faltó la figura indiscutible de Guillermo Amor, sancionado con una tarjeta amarilla en el partido previo a Wembley y que le acarreó sanción. “El equipo siempre está por encima” recordó en más de una ocasión el medio alicantino, uno de los referentes de aquella plantilla en la que formaban también Begiristain, Nadal, Serna, Witschge, Cristóbal o Busquets. Desde entonces… Todo fue diferente. Fue un principio pero, también, el final de un camino.