Robert Lewandowski comenzó la tarde en el banquillo y acabó, ya de noche, regalando un gol a Ansu Fati después de marcar él personalmente otro. Al crack polaco solventó Xavi Hernández darle descanso después de cinco partidos oficiales y de haber marcado ocho goles en los últimos cuatro. Con la mirada puesta en el viaje a Múnich, el entrenador debió entender oportuno reservar a su estrella y darle apenas media hora de juego para no perder sensaciones... Y Robert, desde luego, no las perdió.
No era suplente Lewandowski en un partido de Liga desde el 27 de septiembre de 2020, cuando el Bayern Múnich fue goleado por el Hoffenheim (4-1). Aquella tarde su entonces entrenador, Hansi Flick, le dio entrada en el campo a los 57 minutos sustituyendo a Zirkzee para intentar remontar el 2-1 del marcador. No lo consiguió...
Esta vez, Xavi le dio entrada, curiosamente, en el mismo minuto 57 ante el Cádiz en lugar de Memphis Depay, con el resultado a favor y la intención de que disfrutara de una media hora tranquila en el césped. Su respuesta fue, sin embargo, mayúscula. Si el holandés tuvo un debut frío y más que discreto, el polaco se divirtió como acostumbra. Y como acostumbra no faltó a su cita con el gol. Necesitó apenas ocho minutos para entrar como un ciclón, delantero rompedor y a la vieja usanza, para anotar el tranquilizador 0-2.
Y con el partido acabando, después del parón, cabalgó como un búfalo aguantando la carrera con un defensa para, en el último momento, mostrar su personalidad menos egoísta y regalar el 0-3 a Ansu Fati. No se le debería, no se le puede, pedir más.
Fue, desde luego, el protagonista inesperado. Tan inesperado como habitual en una jornada en la que Xavi removió como nunca antes el equipo para dar minutos a jugadores hasta hoy menos trascendentes y que debieron mostrar sus merecimientos para serlo a las órdenes de un Xavi que, al final, sabe que todo pasa por los pies de su mayor estrella.
