Tomás Rodríguez: lágrimas, noches sin dormir y un gol que lo pone a soñar con el Mundial

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Tomás Rodríguez: "Es una gran ilusión, soñaba con ganar un título con Saprissa" (3:44)

El canalero pasó de la crítica y la presión a marcar en una final, en medio de su lucha por meterse en el Mundial con Panamá

El fútbol no siempre se explica desde lo táctico. A veces se entiende desde lo humano. Desde lo que pasa después del pitazo final, cuando el estadio se vacía y el jugador se queda solo con su cabeza. Ahí, en ese espacio, es donde Tomás Rodríguez libró su partido más difícil en los últimos días. Y lo ganó.

El delantero de Deportivo Saprissa pasó en cuestión de días de ser el foco de la crítica por un penal fallado, a convertirse en protagonista de una final con gol y título incluido. Pero el recorrido no fue lineal.

Fue duro. “Han sido muy duros, muy duros”, reconoció el panameño al referirse a los meses recientes, marcados por la presión, la sequía y un objetivo que pesa aunque no siempre se diga en voz alta: el Mundial 2026.

Rodríguez no esquivó lo que sintió. Lo puso sobre la mesa. “Yo estaba muy decaído, muy hundido”, confesó. Y no fue solo una frase. Fue la radiografía de un momento. “A veces cuando las cosas me van mal, yo llego a la casa y no puedo dormir… mi familia lo sabe. Me meto en una cápsula y no puedo levantarme”, relató, dejando ver el impacto emocional de un rendimiento que no estaba a la altura de lo que él mismo esperaba. “Nadie quiere fallar un penal… uno a veces se llena de presión”, añadió, en una línea que conecta directamente con ese instante que marcó la semana.

En medio de ese contexto, apareció una figura clave. Mariano Torres. El capitán. El que entendió el momento. “Mariano es un gran capitán… él trató de darme el penal para que yo pudiera anotar porque sabía que venía de una sequía de goles”, explicó Rodríguez. No fue un gesto menor. Fue una lectura de vestuario. Un respaldo en el momento más frágil. Y también una señal de que el fútbol se construye en colectivo.

La respuesta llegó en la cancha. En la final. En el momento que más pesa. Rodríguez marcó.

Y lo hizo en medio de un partido que terminó dándole su primer título como profesional. “Es una gran ilusión… es mi primer título, lo soñaba cuando llegué aquí”, dijo, todavía con la emoción a flor de piel. “Le doy gracias a Dios por brindarme ese gol”, agregó. No es un detalle menor. Es un cierre simbólico a una semana que lo tuvo en el centro de todo.

Pero el propio jugador baja la euforia. Entiende cómo funciona este juego.

“El domingo pasado la gente estaba muy molesta conmigo… hoy está contenta. Es el fútbol”, explicó. Sin dramatizar. Sin esconderse. Asumiendo el entorno de una institución que, como él mismo lo dice, “es muy grande y nadie quiere estar en esa situación”.

El Mundial aparece en la conversación. Siempre aparece. Y él no lo niega. “Claro, ¿por qué no ilusionarme? Si el profe me toma en cuenta sería un sueño”, comentó. Pero también aterriza el discurso. “Voy a seguir trabajando para dar mucho más de mí”, señaló, entendiendo que su camino no se define por un partido, sino por la constancia.

Rodríguez no se presenta como un jugador perfecto. Todo lo contrario. “Cometo muchos errores… soy un ser humano”, dijo.

Pero hay algo que deja claro en cada respuesta: su intención. “Nunca quiero fallar con esta institución. Siempre quiero dar lo mejor de mí”.

La historia de Tomás en estos días no es solo la de un penal fallado o un gol en una final. Es la de un futbolista que sintió el peso de la crítica, que vivió noches largas, que dudó… y que encontró la forma de levantarse. Porque en el fútbol, como en la vida, el verdadero partido muchas veces empieza después del error.