La Selección Nacional vive horas de definición y los nombres de Celso, Johan, Kendall, Joel,Matarrita y Ureña aparecen en la mesa de discusión
La Selección de Costa Rica está contra la pared en el arranque de la eliminatoria rumbo al Mundial 2026. Tras los empates ante Nicaragua y Haití, la presión es enorme y el debate crece: ¿deben regresar los jugadores de experiencia?
El primer nombre que se coloca en el centro de la conversación es el de Celso Borges, quien pese a haber anunciado su retiro de la Tricolor en marzo de 2024, dejó la puerta abierta este martes tras la derrota del Cartaginés frente al Motagua.
“Estamos ahí, vamos a ver qué sucede”, comentó el volante a ESPN, palabras que rápidamente encendieron las redes sociales y la opinión pública.
Borges, mundialista en tres ocasiones y figura histórica de la Sele, sería una de las cartas que Miguel Piojo Herrera contempla para octubre. A sus 37 años, el mediocampista mantiene ritmo competitivo con el Cartaginés y asegura presencia en el camerino, liderazgo y temple en partidos de alta presión.
Pero no está solo. Johan Venegas, actual referente brumoso, sigue siendo un atacante con jerarquía internacional. A su vez, Kendall Waston, quien se lució con un doblete en el clásico ante Cartaginés, levanta la mano para reforzar la zaga y aportar su conocido olfato goleador en balón parado.
A la lista se suman Joel Campbell, sin minutos en su club pero con peso específico en la historia reciente de la Tricolor; Ronald Matarrita, con experiencia mundialista y recorrido en la MLS y Liga Deportiva Alajuelense; y Marco Ureña, hoy en el Cartaginés, recordado por su entrega y capacidad de aparecer en momentos clave.
Costa Rica se juega la vida en octubre: primero visitará a Honduras en San Pedro Sula (9 de octubre) y luego recibirá a Nicaragua en el Estadio Nacional (13 de octubre).
La Tricolor apenas suma dos puntos y marcha segunda en el grupo C, por detrás de los catrachos. El boleto directo al Mundial solo lo obtiene el líder del grupo, lo que convierte estos dos partidos en auténticas finales.
La gran incógnita es si Herrera apostará por mantener el proceso generacional o si abrirá la puerta a la vieja guardia para enderezar un camino que ya se complicó más de la cuenta.
