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La historia de la maldición de los Pottsville Maroons y el polémico título de 1925 de los Cardinals

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Fue tan polémico el campeonato de 1925 para los Cardinals, que la franquicia no lo presumió por ocho años, hasta que llegó un nuevo propietario

Los Pottsville Maroons eran un equipo nuevo para la campaña del '25, jugando a menos de 100 millas de Philadelphia en Pennsylvania. Se trataba de una época en la que los calendarios no eran uniformes, y lejos de ser estructurados por la liga misma, solo eran aprobados, con cada franquicia creando su propio cronograma, en muchas ocasiones, sobre la marcha. Tampoco había, naturalmente, un juego de campeonato.

En aquella época los Frankford Yellow Jackets de Philadelphia jugaban los días sábado, porque las Blue Laws prohibían actividades en domingos. En Pottsville, donde las mismas leyes estaban vigentes, pero no se observaban, los Maroons, solían recibir en domingo a los rivales que un día antes habían jugado ante Frankford, con un desgaste importante, para acumular una marca de 9-2 antes de enfrentar a inicios de diciembre a los Chicago Cardinals de Chris O'Brien, con un 9-1-1. Los Cardinals eran uno de los equipos originales de la liga, y con una historia como club que se remontaba a finales del siglo XIX.

¿Lo que estaba en juego? Sí, potencialmente el mejor récord de la liga y con ello un campeonato, pero sobre todo, la posibilidad de ser nombrado el rival para un partido contra los Chicago Bears, liderados por Red Grange --una de las mayores estrellas deportivas de la época--, y con ello las enormes sumas de dinero de entradas que llegarían con ese partido.

Los Maroons vencieron a los Cardinals por 21-7, saltando a los Cards en la clasificación, momentáneamente. Sintiendo algo de preocpuación tras la derrota, O'Brien lanzó su desafío a George Halas, propietario de los Bears, para un partido a jugarse el 20 de diciembre, recibiendo, en primera instancia, una respuesta positiva. Días más tarde, los Bears confirmaron que habían recibido una propuesta, igualmente atractiva, para jugar contra Pottsville en ese día. La cuestión se convirtió en un ¿quién ofrece más?

En el inter, los equipos que estaban en la pelea por el título, agendaban partidos para tratar de inflar sus registros. Los Cardinals jugaron ante los Milwaukee Badgers, mientras que los Maroons programaron un partido en el Shibe Park de Philadelphia contra un equipo de ex estelares de Notre Dame, incluyendo a "The Four Horsemen".

Aquí ocurrió el escándalo. O, mejor dicho, los escándalos.

Se descubrió, después del juego, que Milwaukee alineó a cuatro chicos de preparatoria. Aparentemente, un equipo ya sin aspiraciones, se había separado, y no logró reunir a suficientes regulares para cuando programó el partido contra Chicago, por lo que debieron hacer uso de inelegibles.

Por el otro lado, los Yellow Jackets metieron una queja ante la liga, por ver su territorio protegido "invadido" por un partido de los Maroons, desde el momento en que se hizo público el anuncio del juego. Aparentemente, el equipo de Frankford esperaba, de inicio, aparecer en el partido de exhibición ante los estelares de Notre Dame, pero el promotor cambió de rival gracias a la mejor marca de Pottsville, lo que molestó lógicamente en Philadelphia.

Joe Carr, comisionado de la NFL, investigó ambos escándalos. Por un lado, confirmó que los Cardinals no tuvieron conocimiento de la alineación indebida hasta después del partido. O'Brien se disculpó públicamente a través del Chicago Tribune.

El escándalo de Pottsville tuvo mayores alcances. Como resultado de un punto de énfasis de proteger los derechos territoriales de cada franquicia, Carr advirtió hasta en tres ocasiones a Pottsville no disputar el juego. Los Maroons no hicieron caso, y se impusieron a los estelares de Notre Dame por 9-7 ante unos 8,000 espectadores, mucho menos de lo esperado para la taquilla. El mismo día, Frankford programó un juego en la misma ciudad, atrayendo a unos 8,000 espectadores, también, cerca de la mitad de lo que usualmente metían a su estadio.

Luego llegaron los castigos. Para Milwaukee, una multa de 500 dólares y un veto para Ambrose McGurk, gerente de los Badgers, de la liga.

Para los Cardinals, 1,000 dólares de multa para O'Brien, y un año a prueba para él y su franquicia.

Para Pottsville, el mayor castigo. Una multa para el propietario Doc Striegel de 500 dólares, y la revocación de la franquicia de los Maroons a favor de la liga, además de la suspensión de todos los derechos para el club. Los Maroons fueron readmitidos a la liga para 1926, pero de manera condicionada.

El resto de los propietarios de la liga respaldaron la decisión de Carr, a sabiendas que la protección territorial de cada franquicia estaba en juego.

Después, todavía había que nombrar a un campeón. Sin Pottsville, e incluso sin contar el partido ante Milwaukee, los Cardinals quedaron con la mejor marca en la liga. Pero, O'Brien no quiso aceptar el título. Hubo una propuesta para designar la campaña de 1925 sin campeón, pero no tuvo apoyo. Ningún otro equipo dio el paso al frente para reclamar el título, así que los dueños optaron por proclamar a los Cardinals campeones, aún a pesar de la objeción de O'Brien, quien se quedó avergonzado por el escándalo de los chicos de preparatoria de los Badgers.

Quizás lo más irónico del asunto es que Grange se lastimó el brazo, y los Bears no programaron ningún partido para el 20 de diciembre sin su jugador estelar. Al poco tiempo, los Bears programaron un tour de nueve partidos en poco más de un mes que sirvió para confirmar la naciente afición del fútbol americano profesional en ciudades que no eran parte de la NFL, pero sobre, todo, mostrar la capacidad de generación de dinero por parte de Grange.

El tema del título polémico quedó rápidamente relegado a un segundo plano, cuando la liga enfrentó un mayor reto: Grange, manipulado por su representante C.C. Pyle, exigió una franquicia de la NFL para él. La solicitud fue rechazada, y el jugador más famoso de fútbol americano de su época se fue a fundar una liga nueva, la primera AFL.

La afición de Pottsville siguió reclamando el título como suyo, pero el equipo dejó de existir en 1929, tras una campaña solitaria en Boston tras mudarse al norte.

La franquicia de los Cardinals se mantuvo sin reclamar el título hasta 1933, cuando Charles Bidwell --entonces un vicepresidente de los Bears, y abuelo de Michael Bidwell, actual propietario-- lo adquirió. Bajo Bidwell, los Cardinals agregaron el título de 1947, en esa ocasión, sí a través de un Juego de Campeonato, y también contra un equipo de Pennsylvania, los Philadelphia Eagles.

Hay quien afirma que se mantiene sobre la franquicia de los Cardinals, incluso después de todo este tiempo, una maldición de los Pottsville Maroons, que les impide ser ganadores consistentes en la NFL a pesar de ser uno de los dos equipos originales que todavía operan.

En el 2003, se sometió ante la liga la posibilidad de reabrir el caso del título de 1925. Los dueños de la NFL votaron en contra, por 30-2, de volver a reevaluar el caso, con solo los Eagles y Pittsburgh Steelers, los dos equipos de Pennsylvania, votando a favor de la revisión.