MÉXICO -- El ambiente que se respiraba en el Estadio Azteca para el compromiso de fútbol americano distaba mucho de lo que se vive cada quince días con los compromisos del equipo local y de la Selección Mexicana, empezando por los filtros de seguridad y el movimiento en el estacionamiento.
Las carpas para cuidar cinturones, con comida y mercancía pirata "cedieron" su lugar a un sofisticado sistema de detección de metales y otros elementos que pudieran portar los aficionados.
Desde días anteriores, la NFL México había dado indicios, sin señalar otras disciplinas u eventos, que lo que se viviría en el Coloso de Santa Úrsula sería muy diferente y la realidad es, que a primera impresión, cumplieron a todas luces.
Contrario a lo que podría pensarse, la afluencia de aficionados era bastante rápida y mucho también se debía a que empezaron a ingresar desde las 16:30 horas que se abrieron las puertas, por lo que eran poco comunes las aglomeraciones en los torniquetes y la fila, dicho por los mismos asistentes, no tomaba más de cinco minutos pese a que existía la doble revisión: la de los arcos y la de los cuerpos de seguridad.
Ya dentro de la explanada no era de sorprenderse que estallaran los gritos en apoyo a los equipos que hoy se medirían, pero llegaban a un tono mayor cuando había que recalcarle a los aficionados de los Houston Texans que se atrevieron a aparecer quién era el equipo local no sólo administrativamente, sino también en la tribuna: los Oakland Raiders.
