Wetzel: Cowboys, de $17MM de valor, tienen en Jerry Jones a un dueño tacaño

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Cowboys sienten ya la urgencia se sumar triunfos (1:49)

El propietario de la franquicia deportiva más valiosa insiste en que no existe correlación entre los salarios de los entrenadores y las victorias.


Jerry Jones lleva más de tres décadas afirmando que a los Dallas Cowboys solo les falta una gran decisión para volver a disputar un Super Bowl.

El martes, el propietario y gerente general de los Cowboys ofreció una nueva explicación de por qué esto no ha sucedido: no considera que valga la pena invertir en contratar a quienes toman las grandes decisiones.

Durante una intervención en la emisora ​​105.3 The Fan de Dallas, se le preguntó a Jones sobre la percepción de que no desembolsa grandes sumas de dinero al contratar entrenadores en jefe. Jones respondió diciendo que él es demasiado inteligente para caer en eso.

“En la NFL —y esto tras años de observar a todos los equipos y a todos los entrenadores—, no existe ninguna correlación entre cuánto le pagas a un entrenador, o cuántos entrenadores tienes, y el hecho de ganar”, declaró a la emisora. “No hay correlación alguna. Y esto considerando una muestra aleatoria de años y a los 32 equipos de la liga. Así que, ahí tienen para reflexionar”.

Es mucho para digerir, especialmente viniendo del propietario de una franquicia que ni siquiera ha llegado a un partido por el campeonato de la NFC desde la temporada de 1995.

Resulta aún más sorprendente si consideramos que los Cowboys son la franquicia deportiva más valiosa, no solo de la NFL o de Estados Unidos, sino de todo el mundo. ¿Cómo es posible que Dallas —precisamente Dallas— esté aplicando una especie de estrategia al estilo Moneyball, propia de equipos de mercados pequeños y con recursos limitados?

El caso más inmediato es el del entrenador Brian Schottenheimer, cuyos Cowboys presentan un récord de 3-5 tras desperdiciar una ventaja de 14 puntos y terminar perdiendo el domingo ante los Arizona Cardinals en tiempo extra.

Schottenheimer registró una marca de 7-9-1 en su primera temporada y, actualmente, acumula un balance de 10-14-1 como entrenador en jefe en la NFL. Según se informa, percibe entre 5 y 8 millones de dólares anuales, lo que lo convierte en uno de los entrenadores en jefe peor pagados de la liga.

Para casi cualquier otra franquicia, esto podría ser un acuerdo interesante; para Dallas, resulta sencillamente ridículo. Forbes estima que los Cowboys tienen un valor de 17,000 millones de dólares, una cifra impresionante que supera en un 25% al valor de la segunda franquicia más valiosa de la NFL, los Angeles Rams, valorados por la publicación en 13,500 millones de dólares. En 2025, Dallas generó 677 millones de dólares en ingresos operativos, sobre un total de 1,280 millones de dólares en ingresos brutos.

No estamos ante un propietario que lucha por conseguir el dinero justo para mantener el negocio a flote. Jerry Jones puede permitirse contratar a cualquier entrenador que desee; sin embargo, al parecer, ha decidido que el precio de mercado es un gasto innecesario.

O, como comentó un agente de entrenadores a Jane Slater, de NFL Network, al ser consultado sobre qué tan decidido estuvo Jones a buscar a un entrenador veterano tras la temporada 2024: “Jerry no está dispuesto a pagar 13 millones de dólares o más, y esa es la cifra de partida”.

En su lugar, Dallas ascendió a Schottenheimer, quien ya ejercía como coordinador ofensivo y llevaba mucho tiempo en el cuerpo técnico. Los Cowboys fueron el único equipo que lo entrevistó aquel año. Puede que Schottenheimer resulte ser un buen entrenador —a pesar de su balance inicial de 10 victorias, 14 derrotas y 1 empate—, pero ¿debería el equipo más valioso del planeta estar dirigido por alguien que aún debe aprender sobre la marcha?

La NFL hace todo lo posible por equilibrar la competencia y limitar cualquier ventaja que pueda tener una franquicia histórica de un gran mercado o un propietario extremadamente adinerado. Existe un tope salarial estricto, un sistema de selección de jugadores universitarios (draft) que favorece a los equipos con peores resultados y un calendario de temporada regular diseñado para equilibrar el nivel de los rivales. El lema es: “Cualquier domingo puede pasar cualquier cosa”.

Lo que no está restringido es el gasto en otros ámbitos: desde los entrenadores principales y sus equipos técnicos —que podrían preparar y formar mejor a los jugadores— hasta los departamentos de personal, encargados de identificar y adquirir talento.

Sin embargo, teniendo la oportunidad de destinar los considerables recursos de la franquicia a estos aspectos, Jones no solo ha decidido no invertir, sino que ha descartado por completo la idea. Él mismo, además de propietario, ejerce como gerente general del equipo —un hecho muy conocido—, a pesar de los constantes tropiezos de los Cowboys y de que dicho puesto se ha vuelto cada vez más complejo.

La insistencia de Jones en que no existe correlación entre los salarios de los entrenadores y los resultados deportivos merece, cuando menos, ser recibida con escepticismo. Los entrenadores que han ganado el Super Bowl recientemente —entre ellos Andy Reid, Sean McVay y Bill Belichick— han recibido una remuneración muy elevada, incluso para los estándares de la liga.

Jones también podría fijarse en la clasificación de la NFC Este, donde los New York Giants, que ocupan el primer puesto, están obteniendo un retorno de inversión inmediato tras contratar a John Harbaugh por una suma de 20 millones de dólares anuales, según Adam Schefter, de ESPN.

Extender un cheque en blanco no garantiza, por sí solo, la obtención de un trofeo Vince Lombardi. Los jugadores son lo más importante, y la labor de entrenador es compleja.

Sin embargo, el hecho de que no haya garantías no significa que una inversión carezca de valor. Mientras tanto, el valor real de los Cowboys sigue aumentando, a pesar de que la sequía de títulos continúa.

Llega un punto en el que la cuestión no es si Jerry Jones podrá encontrar la fórmula adecuada para convertir al equipo en un ganador.

La verdadera pregunta es por qué el equipo más rico del fútbol americano considera inteligente no invertir en uno de los pocos ámbitos donde la riqueza de la franquicia podría, efectivamente, convertirse en una ventaja competitiva.