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Clásico Mundial: Pablo López habla sobre sus Tommy John

Pablo López estaba destinado a ser el líder del pitcheo venezolano, pero una lesión lo dejó fuera del Clásico Mundial


“¿Dios por qué a mí?”, una frase que Pablo López se la ha preguntado a lo largo de su vida. La primera vez fue cuando falleció su mamá en un accidente, siendo un niño. Volvió a preguntárselo cuando su padre murió en 2020 por un ataque cardíaco, también cuando le realizaron la primera cirugía Tommy John y, hasta hace unas semanas, cuando los exámenes médicos confirmaron el diagnóstico: un desgarre del ligamento colateral cubital.

Era un día como cualquier otro del Spring Training. Pablo López se reportó con Minnesota Twins, se puso su uniforme, se ejercitó y empezó la sesión de juego simulado. En ese momento sintió algo diferente, lo describe como un estirón en un sitio de máximo peligro. “Con la molestia me volteo y le digo al coach de pitcheo: ese lanzamiento se me llevó el codo”. Días más tarde, la resonancia confirmó lo peor.

No fue un dolor insoportable, tampoco sintió calor en el codo. “No fue tanto, sentí lo suficiente, sentí como si algo se hubiera alargado y si hacía otro lanzamiento sentía que algo se pudiera romper, por eso es que el desgarre fue parcial y no completo”, añade López, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío.

“Yo creo que a medida que lanzas y juegas llegas a entender cuáles son las lesiones más complicadas y feas”, comenta López desde Miami, mientras una fila de periodistas se amontonaba para solicitarle entrevistas. A Pablo no le daba agobio, sino todo lo contrario, respondía a cada entrevista con total naturalidad, educación y profundidad, como si la anterior no hubiera existido y cada una fuera la primera.

Mientras Pablo responde, su mirada se desvía de vez en cuando al terreno. Venezuela está entrenando, haciendo los ajustes finales para su enfrentamiento contra Nicaragua. Pablo mira a sus compañeros con nostalgia, él sería la estrella del pitcheo del equipo (5-4, 2.74 ERA en 2025 y 15-10, 4.08 ERA en 2024), pero ahora solo viste una camisa de su país y tiene su brazo derecho enjaulado con aparatos médicos.

No podía dormir

A Pablo le costaba conciliar el sueño en los días posteriores. “Desde que me dieron la noticia hasta que me operaron estaba con incertidumbre y lamento. Obviamente cuando me operan ya era completamente real. Ya no hay vuelta atrás. El doctor hizo su parte y ahora viene la mía”, indica.

Mientras se hacía la pregunta ¿Dios, por qué a mí? No buscaba un culpable, pero si es la condición natural del ser humano cuestionar lo inesperado. Pero más allá de eso, López encontró su respuesta. “Si el caso es una oportunidad de demostrar que tengo la fortaleza , la resiliencia mental que puedo volver de algo así, entonces yo soy el indicado para volver y demostrar que de una segunda operación se puede volver mejor que nunca”.

“La vida es muy paradójica, si no tenemos momentos malos no sabemos apreciar los momentos buenos , sino pasamos trabajo, no vemos los frutos y no llegamos a descubrir quiénes somos. Cuando uno ve esa injusticia es entender que esto me está sirviendo para crecer, evolucionar y esa es la perspectiva con la que se debe enfrentar a estas cosas”, reflexiona el lanzador venezolano de Minnesota Twins, quien en 2023 firmó una extensión de contrato por 4 años y 73.5 millones de dólares.

Pablo tardó más de una hora respondiendo preguntas, luego subió al palco especial y, cuando el partido avanzaba y Venezuela derrotaba a Nicaragua, fue enfocado en pantalla gigante con su brazo “enjaulado”, su camisa venezolana adornando su figura y, entre aplausos del público, tenía una sonrisa que parecía decirlo todo: “vendrán tiempos mejores”.