EL DÍA SIGUIENTE a la selección de Lonzo Ball por parte de los Lakers en el segundo puesto del draft de junio, el presidente de los Lakers Magic Johnson asume el podio. Es la usual conferencia de prensa en la cual se presenta a un nuevo prospecto. Sin embargo, esta refleja una sensación diferente. Esta es la primera ocasión de Johnson como el zar de la era dorada por venir para los Lakers.
El evento ocurre en la cancha de prácticas en el antiguo complejo de entrenamientos del equipo, el último vestigio de la era Kobe Bryant. Es aquí cuando Johnson le dice a Lonzo: “Te voy a imponer un poco de presión en este momento”. Magic apunta su dedo hacia la parte trasera del gimnasio, en la cual los uniformes de las leyendas de los Lakers (la del propio Magic entre ellos) cuelgan en la pared. “Esperamos tener un día una camiseta de Ball colgada allí un día, ¿entendieron?”
Con una mirada en parte de rehén, y por la otra, similar a un estudiante graduado con honores a punto de dar su discurso de graduación, Ball se sienta en medio de Johnson y el gerente general de los Lakers Rob Pelinka, quien había declarado en la noche anterior que Ball era “un talento trascendental”. Ball, quien dejó en su armario el traje tradicional y prefirió una sudadera con capucha marca Big Baller Brand, cruza sus brazos al recibir estos elogios de forma desapasionada y a la vez respetuosa, como si estuviera en una sesión del departamento de Recursos Humanos.
“Muy bien”, responde Ball con una ligera sonrisa.
Johnson se encuentra aquí a fin de presentar a Ball. Sin embargo, Magic (un hombre que nunca ha sido conocido por subestimar las cosas) más que un jugador, aprovecha la oportunidad para presentar las expectativas que tienen los Lakers: Lonzo Ball se convertirá en súper estrella, será parte del linaje de talentos de los Lakers exaltados al Salón de la Fama. Ball será el propio heredero de Kobe Bryant, lo que no fue D’Angelo Russell, según lo que se puede leer entre líneas en lo expresado por Johnson.
Alrededor de la NBA, hay una estima casi afectuosa por la manera en la cual Ball asume el baloncesto: es un chico de 20 años cuya motivación primordial en la vida es el conseguir a sus compañeros oportunidades para encestar. Sin embargo, cuando se les pregunta a los entendidos si Ball puede cumplir con las expectativas que tienen los Lakers con respecto a él, sus elogios dan paso a una serie de precauciones. Si Ball no evoluciona para convertirse en un anotador profuso,
tendría que transformarse en una especie prácticamente extinta: el All-Star que piensa de último en anotar y confía más en la visión que en la pirotecnia. Ball no es un anotador puro, y tampoco es el tipo de base explosivo en los pick-and-roll que se encuentran en ascenso en la NBA de hoy.
Tan admirable como es la generosidad de Ball, carga con ciertas deficiencias las cuales, toleradas anteriormente a los armadores, ahora se han convertido en puntos en contra.
A FIN DE ENTENDER a plenitud las destrezas de Lorenzo Ball, hay que hacer lo siguiente: Estar de pie en la cancha durante un partido de la NBA en vivo, preferiblemente debajo de la cesta, proveerse una visión de 360 grados de la acción en tiempo real, y lo ideal: evitar ser azotado por los 20 brazos y piernas que se mueven a su alrededor.
Esta fue mi experiencia en una noche de domingo en noviembre, cuando los Lakers se enfrentaron a los Grizzlies en el Staples Center, o por lo menos lo fue de manera virtual. Tengo unas gafas de realidad virtual en mi cabeza. Son intolerablemente pesadas, como si un segundo cráneo hubiese engullido el primero. Sin embargo, el efecto es profundo, aunque no me mueve más de 6 pulgadas de mi posición en el camión de NextVR, estacionado fuera de la arena.
Con las gafas puestas, estoy tan presente en el tabloncillo como Brook Lopez o Mike Conley. Muevo mi cabeza hacia la derecha y tengo a Luke Walton a un pie de distancia, reclamándole al árbitro James Capers. Giro al otro lado y Marc Gasol se dirige hacia mí, como si fuera a ingresar a su santuario dentro de la línea. En realidad, el intruso en la cancha es Lonzo Ball, cuyos ojos son como reflectores, revisando la situación, vigilando en busca de sutiles movimientos por parte de sus oponentes que podrían abrir un camino.
Todos están presentes en el campo de visión de Lonzo. Tal es el caso del ala-pívot de los Grizzlies Branan Wright. Retrocede un poco mientras Lonzo trata de buscar un pase de Julius Randle en el primer período. Igual pasa con el par de defensores de los Grizzlies, que están pendientes de Lonzo mientras intenta penetrar. De alguna forma, Lonzo parece estar mirando a los tres antes de girar en el sentido del reloj, para así elevarse y hacer un pase con ambas manos. El pase llega a manos de Randle, quien hace la clavada.
Esta es la visión de Ball con efecto aumentado, en el cual cada paso por la cancha es una maravilla óptica. Poder vivirlo por varias horas es tener una visión de primera mano por lo sorprendente que son sus destrezas, su campo de visión es distinto al de cualquier persona con visión binocular. Ball es, en una frase, un erudito de los pases. Y hay algo que entender con respecto a los pasadores: Se es tan bueno como lo son tus receptores.
ES LA PRIMERA SEMANA de prácticas en agosto de 2016 en la UCLA, y Ball está a punto de poner en peligro a sus compañeros de los Bruins. En el antiguo gimnasio masculino en el cual una vez entrenó John Wooden, y donde la élite de la NBA juega partidas improvisadas de forma furtiva durante todo el verano, los Bruins corren y practican una de sus primeras rutinas de la temporada, una acción básica de pick-and-roll, con Ball siendo objeto de una cortina del ala-pívot Thomas Welsh, de 7 metros de altura. Todos han escuchado sobre Ball (Y, ¿quién no?) y sus cualidades para crear jugadas. “Él va a hacer este juego mucho más fácil para ti”, es una frase que han escuchado hasta el cansancio. Esta rutina es la primera ocasión en la cual los compañeros de Ball constatarán si Ball El Jugador es cónsono con Ball El Mito.
Isaac Hamilton, jugador de último año en la universidad está en una esquina, viendo la situación en la cancha. Ball apenas usa el pase de Welsh y, antes que pueda tener un ángulo perfecto, dispara hacia Hamilton hacia su lado débil.
“Casi le quitan la cabeza a Isaac”, recuerda Tyus Edney, asistente en UCLA y ex base de los Kings, Celtics y Pacers. “Estaba asustado. No tenía a nadie alrededor, por lo cual la atrapó y no disparó, y no la puso en el piso. Los jugadores universitarios no están acostumbrados a ese tipo de pases”.
Si no estás acostumbrado a la precisión, te puede golpear encima de la cabeza.
Catorce meses después, durante la Noche de Brujas en el Staples Center, los Lakers están dominando a Detroit por 13 puntos en el tercer periodo cuando Kentavious Caldwell-Pope pasa el balón cerca de la mitad de la cancha hacia el lado izquierdo de Ball. Ball se dirige hacia la cesta, para soltar un pase hacia Larry Nance Jr. al último segundo mientras cae fuera de las líneas. Nance estaba bajo el cristal y apenas ve el balón mientras flota cerca de sus manos.
Los equipos exitosos en la NBA establecen un agudo sentido de la telepatía, y los Lakers confían en que Ball lo cultive. Ahora, sus compañeros tendrán que aprender a anticiparse a él.
“Existe este proceso de aprendizaje al cual te sometes: cuándo le gusta lanzar el balón, a dónde le gusta lanzarlo”, indica López, ala-pívot de los Lakers. “Conseguirá el rebote, atrapará, se volteará y disparará, todo en un solo movimiento. Muy, muy raramente uno ve esa clase de visión y anticipación. No lo puedo reiterar lo suficiente, es un talento tan sublime a esa corta edad”.
De acuerdo a Second Spectrum, Ball está en el primer puesto en la NBA en cuanto a pases que cruzan una distancia de al menos 30 pies por la cancha. Y el tiempo promedio en el cual Ball mantiene el balón más allá de la línea media de la cancha es de 2.11 segundos, cifra más veloz de la liga entre los bases titulares. Estos son números muy alentadores cuando se está tratando de construir un sistema, como
Walton aspira hacerlo, que incorpore los principios que han definido las ofensivas de los Warriors y Spurs.
“Él hace las cosas mucho más fáciles a la hora de instaurar el tipo de baloncesto que deseamos jugar aquí”, dice Walton. “Sin él, tendría que cambiar mi filosofía y debería buscar un juego más basado en el pick-and-roll. Eso está bien, pero si hay algo que hizo su selección en el draft tan agradable para nosotros es que juega de la manera en la cual deseamos jugar”.
A pesar de todo lo logrado por equipos exitosos tales como los Warriors, Spurs y ahora los Celtics gracias a un sistema equitativo que predica el movimiento del balón, hay que recalcar que estos clubes lo han conseguido con armadores capaces de anotar. Y si bien los Lakers expresan estar encantados con la forma en la cual juega Ball, están buscando algo más: que se convierta en el salvador de una franquicia que ha caído de su lugar en la cima del mundo del baloncesto.
LONZO BALL TOMA UNA PAUSA para considerar la pregunta.
¿Quieres ser una súper estrella?
Está sentado en una silla plegable al lado de la misma cancha de prácticas donde Magic lo presentó 20 semanas atrás. Es mediodía del lunes, luego de la victoria sobre Memphis en la cual Ball tuvo registro de 3-13 desde la cancha y 1-8 en la larga distancia.
La pausa no se debe al hecho que la respuesta sea obvia o porque desee ser diplomático a la hora de dar una declaración pública. Se trata de la pausa hecha por un hombre que pone a prueba su identidad para así cerciorarse que la respuesta esté conforme a sus valores. ¿Cuáles son las implicaciones de desear ser súper estrella en el mundo real? ¿Cuáles son las implicaciones de no desear serlo? Todos los demás ciertamente quieren que se convierta en un súper astro, entonces, ¿debería él también?
“Seguro”.
Al preguntársele si ser un anotador eficiente es un requisito previo para asegurar el estrellato, Ball admite que bien podría serlo. Ningún entrenador va a destinar un encestador al estilo de Kyrie Irving al banco. Sin embargo, en un juego en el cual “las sensaciones” son una nueva forma de destreza atlética, hay más oportunidad. “Hay que conseguir los rebotes, hay que defender”, dice Ball. “Si se está haciendo un pase, ese pase debe tener el fin de asegurar una cesta, no sólo hay que pasar por hacerlo. Creo que puedes afectar el curso de un partido. Sin embargo, en la NBA he entendido que hay que anotar un poco, sólo para mantener la oportunidad”.
Sin embargo, eso es algo con lo cual Ball ha tenido dificultades, tanto en cantidad como en eficiencia. Los veteranos defensores en la NBA han expuesto debilidades de Ball que no eran tan evidentes cuando jugaba en la Conferencia Pac-12. Su forma de “engaño” radica en la capacidad de hilar jugadas con sus pases, no en cambiar la velocidad, algo en lo cual no tiene habilidades extraordinarias y eso le perjudica a la hora de penetrar. Hasta el 19 de diciembre, estaba en el puesto 134 de un total de 135 en la cifra de porcentaje de encestes efectivos en la línea (Marcus Smart), de acuerdo a Second Spectrum.
Afirma un ejecutivo que evaluó a Ball de forma extensa para un equipo que lo tenía dentro del top 10 del draft el verano pasado: “Si existe un prototipo para el jugador que puede tener un efecto inmenso en un partido sin ser un anotador profuso, es él. Sin embargo, poder anotar desde la mitad de la cancha es realmente importante en la NBA, especialmente en los playoffs. ¿Puedes vencer a tu defensor driblando cuando el reloj para anotar está a punto de expirar? ¿Puedes anotar cuando te encuentras a un alero en un cambio? ¿Puedes encestar improvisadamente? La respuesta es: no lo sabemos bien”.
